“Enfrentando a la vida”, un título, grande, generalizador, puede tomarse como sin sentido también, porque es algo cotidiano el enfrentar la vida, algo que hacemos normalmente y la manera en que lo hacemos nos configura como personas, aunque no lo notemos, esto abarca muchos aspectos simples del día a día. Para achicar un poco el tema de la nota, hoy quiero hablar de “elecciones”, elecciones que hacemos en ciertos momentos de nuestro día que nos pueden determinar como pasamos el resto de la jornada, de la semana y de periodos más largos por supuesto.

Todas las personas nos vemos expuestas a situaciones donde tenemos que elegir. Elegir como enfrentamos las diferentes pruebas que nos van apareciendo al caminar la vida, siempre, por más de que lo hagamos como algo automático estamos frente a una elección. Esto es lo quele  llamamos el campo de elección, que todos tenemos, por supuesto que no siempre se puede optar por lo que quisiéramos que pase, y nos vemos con el campo de elección reducido, muchas veces casi nulo y es en esos casos cuando sucede lo que quiero tratar.

Cuando parece que ya no hay nada que hacer, que ya no tengo nada para escoger y ya esta todo hecho, siempre hay algo que puedo elegir, y es como vivo eso que me esta pasando, como lo enfrento, de que manera, como reacciono ante eso que me toco y no puedo elegir, a esta decisión es lo que le llamamos “actitud”

Los diccionarios definen a la actitud como la manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar, ósea la manera de reaccionar ante los sucesos.

La actitud puede determinar como voy a atravesar el momento de dolor que me toca vivir, por ejemplo ante una situación extrema como una perdida, sea de lo que sea, de una persona, de un objeto, de un trabajo, es indiferente, que ya sabemos que no hay forma de recuperar, reconstruir o que todo vuelva a ser como antes, yo ya se que nada puedo hacer para que tener de nuevo lo perdido y ante eso no tengo elección, pero si puedo elegir como vivo ese momento, lo vivo llorando, sufriendo por la perdida, martirizando mi mente, o elijo hacerlo recordando lo bueno que viví con eso que ya no tengo, lo que aprendí de ello, lo que queda en mi de esta situación.

La actitud que tomemos en estos casos será lo que determine nuestro estado anímico, o veo lo bueno de las cosas, lo luminoso, lo bueno que queda en mi de esto que me toca vivir y no puedo cambiar o me aferro a lo oscuro, a lo malo y doloroso. Cierta vez leí que la actitud es la máxima expresión de la libertad humana, uno es libre a diario de que actitud toma en lo que le sucede, y me refiero a las cosas simples, si uno esta demorado por el tráfico en la autopista yo elijo si me enojo con el auto de adelante por no ir más rápido o veo que voy en mi auto con calefacción y no necesite levantarme tres horas antes para ir a trabajar, cuando llego a mi trabajo me quejo porque falta mucho para irme a casa o disfruto del tiempo que paso ahí siendo agradecido de tener un trabajo, que no es algo menor.

Cada uno es libre de escoger, por supuesto que no es una decisión fácil y será el camino corto el de victimizarse, en general lo que hacemos es adoptar la posición de que las cosas me pasan a mí, me tiene cansado el trabajo, mis hijos me tienen cansado, me ponen de mal humor, y eso hace que no tengamos ningún control sobre las cosas que vivimos, entre los beneficios de una buena actitud esta que yo si elijo si quiero enojarme o no y como voy a comportarme ante las situaciones que no me gustan, siempre está a disposición nuestra el campo de elección, cada uno decide hacia dónde va.

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