Fui inmortal el 18 de Setiembre del 2005

Mendoza, 19 de Setiembre de 2005.

Hace un par de años, el día que el Nicolás, mi sobrino, jugó su primer partido al rugby, junto con el Ignacio, el hijo del gordo, me junté a la noche con ex compañeros míos de rugby, y en ese asado, brindé por el rugby, por la amistad, por la vida y fui inmortal.

Ayer a la noche viví una experiencia, que me hizo ser, nuevamente inmortal.

Desde que nació mi hija mayor en el 2000, todas las noches que estoy en casa a la hora de acostarse, cuento un cuento; Malena y Aída van a la cama y reclaman el cuento. Ellas los han clasificado en dos clases; “con dibujitos” o “con la boca”, ya sea que se trate de la lectura de un cuentito infantil de esos ilustrados o de una narración de alguna historia inventada (habitualmente hay una princesa Mariana que toca la guitarra y canta, un príncipe Hugo que anda en una moto blanca, etc.).

Hace un tiempo Aída me preguntó: “Papi ¿Por qué los cuentos que vos lees no tienen dibujitos?” Le expliqué que las letras dicen cosas, a veces lindas, a veces tristes, que te podes reír leyendo o emocionar mucho mucho. Desde ese momento está empeñada en leer y de a poquito algo va aprendiendo.

La pregunta de Aída sobre cuentos con ausencia de dibujitos, me llevó a bajar de internet cuentos para niños, texto puro, sin dibujos, imprimirlos en la oficina y llevarlos a casa para leerlos al anochecer. Aparentemente esto despertó algo oculto en mi hijita, o comprendió la literatura, o la vida misma, o no se que, pero algo pasó que hizo que me dijera: “Papi, quiero escribir un cuento, pero como no se escribir, te lo digo y vos lo escribís, ¿querés?”.

Cómo tenía un día complicado, le propuse dejarlo para el Domingo a la noche, que ella lo fuera pensando y que el Domingo saliéramos los dos solitos de noche a un bar, “porque se escribe mejor en los bares, hijita”.

Al otro día, Aída esperó con ansiedad que se hiciera la noche y a eso de las 20:30 partimos los dos, munidos de papel y lápiz, a un bar de la calle Colón. Pedimos una picadita, un Gancia con Campari y una Coca y empezamos.

Se llama “El oso Poly” es amigo de un caballo, un conejo y unas mariposas, son algo ecologistas, limpian el bosque y festejan en un bar comiendo una picada y brindando con gaseosas porque son chiquitos.

Cuando termine de garrapatear en la cuarta hoja, – según me dictaban – , “y zapatos con porotos, otro día te cuento otro”, tuve que mirar para otro lado y hacerme el resfriado, para no tener que explicar, que a los papás a veces se nos llenan los ojos de lágrimas cuando estamos contentos. Ella con su manita escribió AIDA con caligrafía de cuatro añitos, al final del cuento y yo le propuse un brindis sin saber que daría comienzo al siguiente diálogo.

– Hijita: Por la literatura y los escritores.

– ¿Qué es eso?

– Es la gente que escribe cuentos

– Bueno papi, por nosotros

Y chocó el vaso de Gancia con el vaso de Coca y fui inmortal.

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