Todos los vendedores somos víctimas del consumo

Necesitaba experimentar de alguna manera el consumo, es decir ver desde fondo como nos convertimos en unos rompe cachas a la hora de comprar, fue entonces cuando decidí  insertarme por un día en la piel de un vendedor. Porque a la hora de quejarnos de los que nos atienden estamos todos pero… ¿quién piensa que se siente ser un esclavo del consumo?

Mi investigación se llevo a cabo en un lugar exclusivamente destinado a la venta  de calzados, ropita de diseño y accesorios para mujeres,  ubicado en una zona “concheta” (por así llamarla) de nuestra querida ciudad de Mendoza.

Me desperté pensando que esto no iba a ser sencillo y mientras me tomaba un café con leche y me atragantaba con un pedazo de budín que me había quedado de navidad intentaba mentalizarme para lo que venía. No es fácil trabajar para mujeres y esto lo sabemos, y para el que piense que tengo un problema personal con ellas  le digo que está en lo cierto. En las siguientes líneas plasmare mis ocho horas de agonía la laboral.

¡La pucha que no entienden!

Un cartel gigantesco que dice “horarios de atención: de 9:30 a 13:30 y de 17:00 a 21:00” y otro que informaba (en dos idiomas y con una flecha roja) que en un costadito de la puerta hay un timbre, cosa que para ellas resulta ser poco elocuente ya que desde tempranito y viendo que las rejas están  bajas empujan  la puerta como descerebradas. Mamita dos cosas,  no sabes leer y definitivamente  tenés una falla  motriz que te impide alzar la mano hasta ese botón blanco y tocarlo.

Me cago en vos porque sos vendedora

Me pregunto, ¿qué harías si  estas lavando el piso del comedor de tu casa y de repente entran  cincuenta  y cuatro jugadores de rugby? Ya sé, se la querés cortar y macerar los pequeños pedazos en ron para luego hacerles tomar el repugnante brebaje no? Lo mismo quiero hacer con vos cuando te digo amablemente “hola buen día, el piso está mojado” y vos con cara de “me chupa un grano” te paseas con tus patitas enlodadas por todo el salón de ventas. Pero que lo re pan con queso me olvidaba que soy vendedora y tengo que estar acostumbrada al picaneo constante, a tus putos arrebatos de compradora compulsiva que quedan demostrados en el mismo momento  en que  agarras con rabia la ropa doblada prolija y pulcramente sin antes preguntar si eso esta exhibido y a que la cabeza simplemente no te da para entender que lo que sacaste de un LUGAR se deja en el mismo LUGAR.

Aferrada a la publicidad del banco francés

Te lo voy a explicar con un ejemplo claro como para que lo entiendas de una vez. Que haces cuando vas a una verdulería y el Señor del delantal sucio, salpicado con veteraba te dice  “hola buen día” vos le contestas “hola quiero un 1kg de tomates por favor “, es simple ¿no? creo que se entiende que cuando entras a cualquier lugar sea una verdulería, una tienda de repuestos para el automotor o un negocio de artículos para astronautas es lo mismo, si te dicen HOLA vos respondes HOLA. ¿Por qué carancho respondes con un “estoy mirando”?. Que me calienta si estás mirando, sacándote la bombacha incrustada del poto o comiéndote un alfajor Jorgito.  ¿Será acaso que necesitas un cachetón en la nuca como cuando tenías cinco años y tus padres te obligaban a saludar en las reuniones familiares para que entiendas que cuando te saludan vos debes saludar?.

No sabía que trabajaba en una farmacia

Que quieras estrenarte algo para salir esa noche de bolichito y ganarte a cuanto mamerto se te cruce con un nuevo atuendo no es mi problema, y menos cuando son las nueve de la noche  (pasadas) y pretendes entrar a un local donde ya está CERRADO implorando y suplicando que te venda un par de aros (si leyeron bien, un par de aros). ¿Esto es una joda no?, ¿en qué cabeza cabe transfórmame a mí en un farmacéutico o en un doctor?, ¿en qué momento comprar cualquier estupidez para satisfacer el ego personal se convirtió en una necesidad básica? Ubicate histérica compulsiva  del orto, el mundo no se derrumba si no tenés uno par de aros del mismo color de los zapatos para ponerte esa noche.

A lo que en mi barrio llamamos insegura y sometida

Una hora me la pase buscando un zapato que a la señorita le quedara bien, hasta que lo encontramos. Según ella era un sueño jamás había visto algo tan perfecto, le encantaba, la volvía loca estaba enamorada de ese par numero 37, se miraba al espejo con ellos y se sonreía a ella misma. Se fue chocha feliz de la vida deslumbrada con sus nuevos autitos de pies. Dos horas más tarde llega al local pero esta vez acompañada de un hombre la miro con  mis mejores expresiones de poker , ella la enferma sometida y abatida me mira a la cara diciendo “los vengo a cambiar ….a él no le gustan”. Esto me pone un tanto nerviosa y no por el puto represor que la acompaña sino por ella que no entiende que ya pasamos la década del cuarenta donde el tipo te decía que ponerte, que hacer y como pensar. Muchacha no necesitas un par de zapato, lo que te hace falta es  cambiar el chongo por uno menos cuadrado. Si te sobra  dinero unos 550g de personalidad y unos 2kg de seguridad te vendían bien.

Sabías que…

  • Llaman a una amiga para que venga a socorrerlas cuando no pueden decidirse.
  • Se prueban un par de zapatos y bailan en el salón de ventas para ver si son cómodos.
  • Le mienten a sus maridos cuando ellos le preguntan “¿y eso cuándo lo compraste?” a lo que ellas responden “hay gordito en una liquidación de hace dos años”. Además de esconder las compras en una bolsa de consorcio en el baúl del auto y sacarlos cuando el hombre está entretenido armando la tabla de jugadores  para el Gran DT.
  • Se prueban más de veinte remeras para luego decirte con cara de ardilla repugnante “cuando tenga plata vuelvo”
  • Utilizan el dinero de la manutención que el ex le da para sus hijos en ropa y accesorios.
  • Sueñan con calzar 35 y se transforman en la hermanastra de la cenicienta cuando le pasas ese número.
  • Quieren todo lo que la vendedora tiene puesto y lo que tiene la de al lado también.

Y si después de estas palabras cargadas de furia no logro captar ni un mínimo de piedad hacia las vendedoras definitivamente sos igual a todas esas pobres minas que destinan su dinero en cosas materiales en vez de invertir en buenos tratos, amabilidad, comprensión respeto y tantas otras cosas que les faltan a las mujeres a la hora de comprar.

¡¡¡Comprate una personalidad, un calibre 38 o un litro de cianuro y se feliz!!!

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