La chica de los ojos de caleidoscopio

Hoy ha sido un día que no deja del todo claro que fue lo que paso. Matices grises por donde quiera que mire han aparecido esta noche. Y tratar de escapar a las letras es (creo yo) el peor error que puedo haber cometido esta noche.

Pero acá estoy. Entregando lo que el lápiz mancha en lo blanco.

Girar las palabras en torno a las cosas que escribí, entregué y no releí es algo que puede aplicarse a todos ustedes. Solo síganme detenidamente y les voy a explicar cómo.

¿Cuántas veces actuaste y después pensaste?….bueno ahí está. Escribiste, entregaste y nunca releíste lo que entregaste ¿Cuántas veces te quedaste duro frente a una persona a la hora de decirle las cosas de frente? ….bueno ahí está. Escribiste, entregaste y nunca releíste lo que entregaste ¿Cuántas veces miraste el piso con vergüenza después de hacer eso que no querías hacer, pero que por alguna razón extraña de la acción “vivir”, hiciste? ….bueno ahí está. Escribiste, entregaste y nunca releíste lo que entregaste. Maltrataste a alguien, sin siquiera saber por qué….bueno ahí está. Escribiste, entregaste y nunca releíste lo que entregaste.

Déjenme decirles que millones de veces escribí; que pocas veces entregue y que nunca, pero nunca; releí.

La chica con los ojos de caleidoscopio escapo esta noche de todo lo que podía escapar. Mis palabras en papel no eran más que estúpidas letras escritas al azar, entregadas…pero sin revisar.

Ella si revisaba. Ella era un pequeño reloj acomodando las cosas en tiempo y forma. Para armar las maletas a ningún lugar y dejar la marca en mi cuaderno al marcharse. Un cuaderno que no voy a poder abrir nunca más. Y es una pena, porque quedan tantas hojas en blanco para escribir sin releer. Necesito que ella me diga como abrirlo después de su marca.

Es la ley de la acción “vivir” conjugada en todos nosotros. “Lo que es Todo para unos, es Nada para otros”.

La chica de los ojos de caleidoscopio escapo esta noche con todo lo que podía escapar. Dejo en mí un domingo triste. Un sobre de papel madera acorralado en una estantería de libros añejos es su perfume preferido y sus últimas palabras son esas que no se pronuncian sin antes experimentar.

Su tren la estaba esperando hace ya tiempo y creo que yo solo era el alojamiento de sus necesidades.

Un pasaje de abordaje que se corta dando acceso a los vagones del olvido. Y yo corriendo detrás con los cuadernos que ella selló en silencio para que yo no pueda usarlos jamás. Tal vez ella después de todo quería que la recuerde de alguna forma, o tal vez lo hizo sin darse cuenta. Les repito, mis amigos, “lo que es Todo para unos, es Nada para otros”.

Si tan solo me hubiera entendido un poco como para darse cuenta que una hoja en blanco puede ser tanto para mí.

Salgo corriendo entre agujas de reloj que aprietan y estruendosos sonidos de soledad; con los cuadernos que ella cerró y todas mis hojas escritas sin releer que tengo para entregarle.

Ella está por partir…yo no lo alcanzo y grito desesperado: ¡Por favor necesito la forma de abrir estos cuadernos!, pero me tropiezo y caigo al suelo. Una patética postal del corazón….patética….muy patética…

Vapor de olvido, cuadernos y hojas que vuelan por los aires. El tren ya está en viaje.

La chica de los ojos de caleidoscopio escapo esta noche con todo lo que podía escapar. Y yo estoy de rodillas en el piso recogiendo mis hojas luctuosamente escritas que no voy a releer y esos cuadernos que no voy a poder abrir jamás.


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