Cuentos de fútbol: sobre la vida y otras perdices

En la verdulería cantábamos pocos un frío día de junio. Ernesto el propietario del comercio, que todas las mañanas levantaba la dignidad y su peronismo para traer la mejor fruta del barrio. Además, con ojeras de marcada relevancia, Miguel esperaba su momento para expresar ideas al ritmo de los escritos de su mujer, quien se cuenta, tiene una vida de lo más enterada con masculinos desconocidos en la localidad. No vale aclarar mi presencia. La data de importante provenía de un sujeto que no era de mi entendimiento: contaba en su biografía ser hijo de bolivianos, trabajador como lo conocían y mucho más nunca supe. Lo llamaremos Ubaldo, porque su nombre no ha sido registrado en mi memoria

Un diálogo entre hombres, se descomprime con futbol. Y de eso hablamos. Ernesto es de Boca, de toda la vida, apoyó en nuestra provincia a Huracán Las Heras. Sigue la campaña de ambos e insiste en que un tal Juan Pablo Suraci es el goleador indiscutible del universo. Le refuto tan hiperbólica teoría y me contesta para calmar las aguas “pibe, no seas tan sacado y haceme caso que ese la rompe”. Aun hoy pienso que es una exageración y no dudo de las cualidades de tan temible goleador. Ubaldo movía su cabeza indicando un si ante cada palabra xeneise de Ernesto.

La gresca comenzó cuando Miguel, hincha confeso de River y fanático hasta la médula de Ignacio Copani, increpó a Ernesto con estadísticas como  “somos los que más torneos locales tenemos” y muchas más patrañas. Ubaldo le cruzaba los ojos a Miguel y largó “y si, la banda se carga una cantidad de títulos difícil de alcanzar”.

El silencio reinó en el lugar. La situación se había tornado confusa ante la dualidad del boliviano, que no mostró dubitaciones en ningún momento cuando dijo “soy de Boca y de River”. Busqué los gestos de Ernesto y Miguel pero claro, se veían inmóviles ante tal cuadro: “mi viejo era de Boca pero mi abuelo sostuvo que River y Blooming eran sus equipos. A mí me gustan los dos; son grandes, tienen lindas camisetas, suelen jugar bien y además, en el match más caliente del año no sufro, solo disfruto”.

Encogí los hombros, pagué y me retiré sin hacer comentarios.