Iris

Dos dedos contra una ventana.

Apenas sintiendo la humedad de ese día de invierno que parecía no terminar jamás.

Con solo dos dedos soy capaz de captar todas las sensaciones que necesitaba para sentirme de la forma que quería sentirme.

No intento nada del otro mundo. Hoy solo soy un espíritu dormido contra un vidrio, palpitando la lluvia alrededor.

Las luces apagadas y el silencio que ensordece. A veces desearía estar acompañado por la inestabilidad de alguna empática alma desolada.

Mientras miro de reojo a mis musas rondando los instrumentos, no despego los dos dedos de la ventana…no quiero romper el vínculo con el exterior. Ese exterior donde el agua alza memorias enterradas. Donde gota a gota la revolución de recuerdos comienza a crearse.

Una vibración de una cuerda. Las musas quieren empezar. Piensan que voy a caducar tarde o temprano. Pero no. No esta noche. Tengo demasiada reciprocidad con esta ventana. Tengo demasiados momentos reviviéndose en mis pupilas a la luz de la luna ¡Están ahí! Tan tangibles que mis dedos los rodean. Solo una ventana me separa de ellos. Juro que si hubiera aprendido a caminar en la tormenta estaría corriendo a abrazar ciertos momentos.

Es tan difícil vivir el presente cuando el pasado brilla entre gotas y rayos de luna. Es tan difícil proyectar el futuro sabiendo que hay cosas que el pasado enterró en recuerdos.

Creé un círculo preciso de conocidos y amigos. Trate de ganar sus necesidades y cambiarlas por palabras. Trate de que sus hombros no se encogieran, pero a veces dos dedos en una ventana no son suficientes.

Ni siquiera una palma absorbiendo humedad.

Mis musas entendieron que esta noche, no es una noche para dedicársela a la música. Los recuerdos son ahora bailarines de agua en el exterior. Pero yo sigo acá adentro donde el silencio ensordece, donde las luces están apagadas y donde desearía estar con alguna empática alma desolada que me acompañe con su inestabilidad.

No. Dos dedos en una ventana no sos suficientes.


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