Quiero salir con la Elisa

– Quiero salir con la Elisa – me dijo Acuña cuando nos formamos frente a los mijitorios.

– ¡La Elisa está más buena que dulce de leche casero! ¿Cuándo salís? –le pregunté.

– No, no…, “quiero” salir, pero no me animo –y agregó enseguida-, ¡no le digas a nadie que te dije eso!

– No, no, no te preocupes. Pero ¿por qué no te animás?

– No te hagás el macho de América, pelotudo, o ¿vos te le animás?

– Bueno, no, no me le animo, pero si quisiera salir con ella… sí, es verdad, no me animaría.

– ¿Ves…?

– Es más –le dije–, yo también quiero salir con la Elisa.

– ¿Y…? ¿Por qué no salís con ella?

– ¡Porque no me animo, forro, te lo acabo de decir!

– ¿Por qué será que no nos animamos a salir con esta mina? Tiene tetas y habla todo el tiempo, como cualquier mujer del mundo… Algo pasa con la Elisa… – dijo Acuña por lo bajo.

En la mesa el silencio de Acuña y mío llamó la atención, y ante la pregunta de si nos pasaba algo, yo, que siempre fui menos pudoroso para quedar como un pelotudo, dije que quería salir con la Elisa, pero que no me animaba. Todos se entraron a cagar de risa, todos ¡¡¡incluyéndolo a Acuña!!! Lo miré como para empezar a “hablar un poquito más”, pero el mismo Acuña largó un “che, no lo jodan”, y todos volvieron a sentarse y a bajar los tonos de las burlas.

– Y ¿por qué no te animás a salir con la Elisa? –preguntó el Bocina eligiendo atentamente los maníes que picaba.

– Porque me da miedo, no sé…

– ¡Yo sé por qué te da miedo, Marcos! –dijo Traviata como si estuviese denunciando a Priebke en La Haya -. A vos te da miedo salir con la Elisa porque la Elisa es muy sofisticada. Tiene gustos puntuales, muy exquisitos…

Traviata sabe una bocha de minas. Era muy probable que tuviera razón. ¡La Elisa sabe del vino hasta los milímetros de agua que recibió en el surco! Claro, eso asusta.

– Sí, Traviata, puede ser que tengas razón.

– Marcos, no tengas miedo. Yo te voy a tirar la justa –dijo el Traviata, y noté que Acuña se acercaba más a la mesa mirando compenetrado. Le pegué una patada por debajo de la mesa y le dije moviendo los labios: “¡cagón!”, y reculó un poco.

– Primero, Marcos, tenés que aprender a cocinar seis platos posta.

– ¿Seis platos…?

– ¡Seis! Una entrada, dos salados y tres postres. Para poder barajar los platos según venga la Elisa.

– Pensé que le ibas a recomendar un 2-2-2… –dijo la Morsa hablando desde el vaso.

– No sirve, porque existe la probabilidad certera de que la mina tenga antojo de dulce… ¿o no?

Todos asintieron y murmuraron la obviedad.

– Y yo no conocí una puta mujer que quiera repetir la entrada – continuó .

Esta vez los murmuros fueron de absoluta aprobación.

– Pero, Traviata, ¿qué te parece si hace un 2-3-1 poniéndo en el 3 un plato agridulce…?

– ¿Y si el agridulce del 3 compite con el postre? ¿Si le metés mostaza con miel para un pollo, por ejemplo, y de postre un quesillo de cabra con miel…? –preguntó Traviata.

– Traviata, ¿quesillo de cabra con miel para la Elisa???? –preguntó el Bocina tentado.

– Si en el 3 le pusiste algo picantón, el 1 puede ser exquisitamente un quesillo con miel, y además vas a necesitar de un bajativo… guarda acá que esto me lo olvidaba.

– Traviata –le dije -, volvamos al 1-2-3 y olvidémonos del bajativo.

– ¡Esperá, Marcos –bufó la Morsa – ¡ Supongamos un 3-1-2…

Antes de que pueda continuar, los rumores y hasta algún abucheo intentaron callarlo.

– Esperen, un 3-1-2, donde en el 3 ponemos empanadas de carne picante, zapallitos rellenos con morrones y ajíes, y alguna entrada más liviana para que si el juego se presenta más ligero corra sin detención… en el 1 vemos un plato que sea contundente, uno común pero bueno, y en el 2, volcán de chocolate e isla flotante…

– Pero, escuchame, pelotudo… – dije un poco nervioso -, yo quiero salir con la Elisa, no cojerme a la Narda Lepes, tarado!

Me levanté agarrando una botella vacía del pico, pero Traviata me calmó.

– Esperá, Marcos, que no está tan errado el Morsa. Con una estrategia de 3-1-2, tenés dos postres que es más que uno, y tenés una entrada que puede avanzar al medio y ser salado, convirtiendo el esquema en un 2-2-2 en la mitad de la contienda. No es tan mala la idea.

– ¿Quién puede avanzar al medio –preguntó Acuña–?

– Las empanadas –concluyó Traviata.

– Lo que sí es importante –continuó el Morsa ya más agrandado—es definir el 1. Ese plato salado tiene que ser infalible.

– ¿Milanesa napolitana…? –sugirió el Toni en el único momento en que le sacó los ojos de encima al culo de Teresita, la moza.

– Mila… – Traviata se puso colorado y medio se le fue encima al Toni, que no se daba cuenta porque ya había vuelto sus ojos al celeste del pantalón de Teresita.

– Calmate, Traviata –lo atajó Acuña -. Sigamos que esto me está dando un hambre para campeonato.

– Sí, che, yo no doy más –agregó el Morsa, y le pidieron a Teresita unas hamburguesas con mucho queso, con mucha cebolla, y con mucha hamburguesa, más seis cervezas de litro.

– Marcos –continuó Traviata -, me quedo con el juego del Morsa, 3-1-2. Después definimos bien los platos. Otra cosa, necesitás aprenderte seis o siete frases en francés.

– Traviata, después del afgano, el francés es el idioma que más me aburre de todos… – le dije ya con cierto desencanto.

– No seas tan pelotudo, Marconi, hacé un esfuerzo… – dijo Traviata con un tono entre piadoso y burlón -. Haceme caso, anotá. ¿Tenés una birome?

– No.

– Teresita… ¿nos traes papel y lápiz? –y entonces Traviata empezó a anotar y a pronunciar en un francés que nos sorprendió a todos.

– Vous avez fait une pouliche…

– ¿Qué significa eso, Traviata?

– “Estás hecha una potra”. Va otra: Je vais partir du milieu comme le jambon de montagne…

– ¿Que significa eso?

– “Te voy a partir al medio como jamón serrano”. Va otra, anotá, Marcocho: Quelle jolie robe, mais sa va durer aussi longtemps que un pet dans un panier…

– ¿Y esa…?

– Significa: “Qué lindo vestido, pero te va a durar lo que un pedo en una canasta”. Va otra…

– Pará, Traviata… ¿No tenés alguna frase un poco más elegante, boludo? ¡Si llega a saber francés me tira el 3-1-2 por la cabeza! –le dije abrumado.

– Sos un mariquita, Marcos. Mirá, aprendete esas y vas a ver que no te da tiempo a poner las empanadas en el microondas. ¿Cuándo pensás salir?

– Pero si hace un rato nomás que dije que tenía miedo de salir con…

– Sí, Marcos –agregó el Bocina -, pero ya tiraste la ficha. Si ahora no salís con ella, te llevás la cocarda de cagón. Ya no tenés opción, viejito…

Se me congelaron los pies. Tenía razón el Bocina. Yo solito me había cavado la propia tumba. Hacía horas que estábamos con las boludeces de Traviata y ya no me podía echar atrás.

– Una cosa más, Marquitos… – agregó Traviata recostando su torso sobre la silla.

– ¿Qué cosa, Traviata?

– Llevá forros…, llevá de los colorados…

(Continuará…)

También podes leer:

Un camión en el colectivo

El año pasado escribíamos:

Lo dejaron solo por pollerudo