Ves querés ves querés ves querés ves querés…

Hay mucha gente confundida (o consumida por el paco), que cuando tiene un día de perros no tiene idea más inocente que pensar que puso el pie equivocado en el suelo al despertar. Y es que muchos no notan que la jornada empieza recién después de estar completo el ritual mañanero de levantarse, regar la plantita y lavarse la cara. Si sos de esos que acompañan el cafecito con diez minutitos de tele vas a entender de lo que te hablo.

Hiciste una regla de tres entre abrigo y grados centígrados, encontraste esa pasta de dientes de frutitas que tanto te gusta, le ganaste a tu hermana/o la última magdalena rellena de dulce de leche que quedaba, te miraste al espejo y estuviste conforme. ¿Viene todo fenómeno verdad? ¡No! Por supuesto que no, sos mendocino y aprendiste a los palazos que si algo pinta demasiado bien es porque es más trucho que el mapa del delito. Todavía no escuchaste el veredicto de la caja boba, ese hachazo a tus fresquitas e inocentes ideas mañaneras con el poder de cambiarle el color a ese día tan rosado que te disponías a empezar. No te confundas que no sólo te tenés que cuidar de ciertos “periodistas de dudosa procedencia” protagonistas de miles de notas de este periodicucho; aunque es verdad que su afán por los aforismos de mala muerte y sus ideas de dominación mundial son preocupantes no son lo peor que podes encontrar en la pantalla chica un lunes a las siete de la matina.

Si cometiste el error garrafal de bañarte no va a faltar propaganda de acondicionador de otro planeta o jabón con extracto de placenta de pescado  que no te haga sentir sucio. Ni hablar si te lavaste la cara y pasaste de la crema… uno no se da cuenta de cuanto se parece a una pasita de uva hasta que ve un comercial de un vejete de setenta y pico con cara de jarrón de la dinastía Ming.

Llegamos a un punto crítico si decidiste descorchar el alba haciéndole tributo al trono de porcelana, ahí cagamos (y si…). No sólo puede pasar que mientras despedís un amigo del interior descubras sarro en cada ranura donde tu esponja no llega; sino que también puede ser que esa pastilla de inodoro que pusiste la semana pasada no sea la “Powerpotus extramax” que anuncian en la tele…. Y olvídate que cuando tires la cadena quede una montañita de burbujas azules. ¡Desgracia!  Igual si estás pensando “¡porqué todo me tiene que pasar a mí!“ ni te gastes, que de cualquier manera y sin saber porque, el baño de Carlitos siempre va a ser mejor.

Lo bueno es que tanto el pueblo con sus dos canales, los mediocres con sus ochenta ( menos diez entre el cincuenta y el sesenta que son de extraterrestres) y los tocados por el dedo de Dios con antenitas redondas en sus techos pueden comprender de lo que hablo; porque incluso si uno es inmune al bombardeo psicológico de la limpieza (o mugriento) es imposible que evada el monopolio matinal de TY Compras y su incasable tarea de hacerlo sentir a uno gordo, cansado, fofo, inútil, feo y demás por no poseer ese milagroso calzado que hace hasta divisiones de tres cifras y te ralla el queso en los fideos.

Sería imposible describir con detalles la agonía del zapping mañanero; lo único que queda es no dejarse deprimir por carecer de ese desodorante que te consigue minuzas, de esas toallitas que te protegen hasta de las caries y de las zapas con rollers (el deseo reprimido de todos) y entender que como seres humanos que dormimos, comemos y… compramos  ¡la mugre garpa!

Escrito para la secciónMendoza Escribe” por Nena Sucia

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