Mendocino en Mundial de Cachipún

_ ¡Último! ¡Canté y gané!

_ ¡Penúltimo!

_ Ahhh!!! Nooo. No sean tramposos, loco. Saquemos Cachipún para ver quién entra al arco…

¿Les suena familiar? ¿Y qué tal ésta?

_ Uhhh! ¡Nos olvidamos los limones!

_ ¡Que pelotudas! El Gancia sin limón es como un petiso que no es trabado, no tiene gracia. Pero yo a lo de la Pocha no vuelvo. Estoy re cansada.

_ ¡Yo menos!

_ Bueno chicas, hagamos Cachipún para ver quién va a comprarlos…

¿Quién no ha decidido algún dilema, problema momentáneo, situación crítica, o simplemente se ha divertido, a través del Cachipún?

Muy bien, ahora resulta que un buen día a una mente creativa y transgresora se le ocurrió formalizar las reglas y fundar el Mundial de “Piedra, papel o tijeras”. Motivo por el cual nos movilizamos al lejano país de Chipre, lugar donde se llevó a cabo la competencia, a acompañar y relatar todo lo sucedido al representante argentino y campeón nacional de la disciplina, el mendocino Julio “Bombita” Roca.

Camino al Campeonato

Este crack del famoso juego, tuvo que sortear infinidad de certámenes en los puntos más recónditos del país para lograr su cetro. Así fue como, poco a poco, fue eliminando a competidores históricos como Marta “la peluquera” López (famosa por su inclinación a sacar siempre tijeras y por su atracción física hacia las personas de su mismo sexo), el sanjuanino Mateo Dio Porhacermetanbalín, o el siempre complicado Pablo Ock de Rivadavia, quien tiene una obsesión con sacar papel. La mayoría de ellos, gente vírgenes de sexo y amantes de los juegos de rol y de los cómics de los setenta, más conocidos como “freaks” o simplemente como “pelotudos sin vida social que nunca la pusieron ni la pondrán en su triste, y exagerada en masturbaciones, existencia”.

La final del Nacional tuvo un desenlace polémico, con un emocionante 3 a 2 sobre la hora, determinando como ganador a Julio; quien, haciendo honor a su apodo, acudió a la controversial jugada “Bombita mata todo”. Esta decisión provocó la reacción violenta de los allí presentes y la confusión de los jueces, los cuales mostraron un total desconocimiento del reglamento oficial, dictaminando como vencedor al Bombita. La gresca dejó como saldo 36 heridos de “armas blancas” (en mayor parte víctimas de cortes con tijeras y tajos con el filo de un papel) y 21 muertos a piedrazos.

El viaje

Con el último llamado a “abordar el avión”, se esfumaban nuestras esperanzas de que arribara a último momento el preparador técnico árabe de Bombita, Mustafá Yuto, por lo que me ofrecí a ayudarlo a seguir su rutina de entrenamiento durante el desarrollo del mundial.

Como para empezar a calentar, decidimos jugar unas partidas, una vez hubiera despegado el avión. No es que yo sea un experto del Cachipún, pero gracias a este juego he obtenido diferentes beneficios durante mi vida, tales como tirarme primero del tobogán, elegir el Barcelona jugando a la Play, o comerme el último alfajor de maicena en una tarde de gula; lo que me daba el mote de “rival digno”.

Si bien el motivo de mi presencia en ese lugar era el de retratar los hechos y el de mantener motivado a Roca, no voy a negar que tenía unas ganas tremendas de derrotarlo y humillarlo en su propia “salsa”. Dato que Bombita notó al instante y que provocó un ambiente de tensión y nerviosismo en nuestros asientos. En esta situación nos dispusimos a enfrentarnos y dimos comienzo gritando al unísono:

_ CAAAA, CHIIIII, ¡¡¡PÚM!!!

No alcanzamos a sacar las manos de la espalda, cuando sentimos que se abalanzaban sobre nosotros dos monigotes de 2 metros (de largo y ancho) cada uno, inmovilizándonos por completo.

_ ¡¡¡Tienen una bomba!!! ¡¡¡Son terroristas!!! ¡¡¡Hijos de putaaa!!!

Luego de aterrizar de emergencia y de exponernos a una revisión “completa” de nuestros cuerpos para verificar que no éramos “explosivos”, debimos justificar el motivo de nuestro viaje y del comportamiento anti-natural y subversivo dentro del aeroplano. Nos explicaron que, tal como se ve en las películas, se prohíbe utilizar la palabra PUM dentro de un avión, y se disculparon gentilmente por el dolor de ano que tendríamos en los siguientes 25 días.

El Torneo

Fue impactante observar la cantidad de etnias y personas provenientes de diferentes países de la esfera entera. Julio Roca compartía grupo con un ugandés, una polaca y un mexicano. Fue éste último el rival más duro de la primera fase. De nombre Casimiro Tujugada, derrotó a nuestro compatriota con un contundente 3 – 0, que dejaba a Bombita instantáneamente eliminado. Pero el azteca fue descalificado, al notar la mesa reguladora que Casimiro “disparaba” su jugada unas milésimas después que sus rivales, obteniendo así una mínima ventaja. Actitud típica de la gente de su país…

De manera paulatina, el mendocino fue ganando en confianza y desplegando un juego vistoso, sorteando así los diferentes contendientes que se iban presentando, arribando a la tan deseada final, que se disputaría al día siguiente, dejando un espacio para practicar durante la noche.

Ya en el dormitorio del hotel, Bombita se revelaba nervioso, razón por la cual le ofrecí compartir el porro de medidas generosas que le había mangueado al representante de Etiopía, Élpun Térö, para que se relaje. Fue tal el efecto alucinógeno de la “ganjah” consumida, que pasados 7 minutos nos encontrábamos corriendo en pelotas por las frías calles chipriotas, entonando la improvisada (y sensacional) canción: ¡Cachipún, Cachipún! ¡¡¡Me cojo a Richard Mur!!! (con el ritmo de Bariló, Bariló, nos vamó a Bariló).

Poco demoró la policía local en aprehendernos, llenar de moretones nuestros cuerpos con sus macanas, y encerrarnos en una prisión estatal.

Una vez enterados de que permaneceríamos en el lugar una semana y que nos sería imposible llegar a la final, nos dispusimos a finalizar la partida de Cachipún que quedara pendiente del viaje en avión.

Fue gratificante ver la cara de sorpresa y decepción del Bombita cuando su mano se desplegaba entera, demostrando que se había decidido por papel; y que la mía formaba una “V” horizontal, señalando “tijeras”. Pero mucho más importante aún, fue el beneficio obtenido por mi victoria: Bombita sería el encargado de “levantar” los jabones de los reos de la prisión durante nuestra corta estadía, y yo quedaba exento de realizar tan vergonzosa acción.

Una vez más, el Cachipún se encargaba de determinar el destino de mi vida. Aunque nunca dejo de pensar qué hubiera sido de mí, si hubiese elegido piedra. Eso sí, desde ese episodio, cuando me toca solucionar algún dilema, prefiero jugar “Pari-Noni”.

También podés leer:
A Yemina le gusta ir a la cancha