Los cuentos del Testigo: Manifiesto existencial

¿Qué es la existencia más que una amena sucesión de atardeceres? Me pregunto lo mismo en cada ocaso y me surgen dudas en el amanecer. Nos marca el ritmo el sol, al cual le dimos nombre como estrella y en base al movimiento del planeta alrededor creamos un sistema para medir eso que llamamos tiempo, que nos complica la vida, que nos roba las alternativas de placer que disputamos con la responsabilidad de “ser alguien”.

Una gran canción guarda una poesía verdadera; una de ellas me sorprendió y me dijo “la muerte te puede encontrar en un bello lugar”. No pienso en tal evento, no me gusta, como a todo aquel que lea estas letras, no quiere pensar en eso.

Y cada vez que alguien me deja puedo sortear los caminos con frases hechas y comunes, evitar enfrentar la realidad con la simpleza de decir que “la vida sigue”, “hay que ir para adelante”. Pero ir en busca del futuro no es aceptar lo que se dio como tal y punto. Si fuera así de fácil, no lloraríamos cuando de los escombros rescatamos el cuerpo de algo que llevó un alma y fue, sin soberbias definiciones, una persona.

Ni el ateo puede sostener lo contrario: todos creen en algo superior, con distinto nombre, diversas capacidades mágicas o no, y que maneja a gusto el tiempo. No paso un día sin sentir que viviremos para siempre.

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