¿Qué pasaría si el capitalismo cayera esta vez?

Y otra vez la humanidad frente a una crisis del capitalismo global. Marx relató cual inspirado profeta el momento en que el sistema capitalista se desvanecería. Los ricos-burgueses- serían cada vez más ricos y cada vez más pocos frente a la mayoría de los obreros explotados –proletarios- que se organizarían y se rebelarían desencadenando la lucha de clases que culminaría con la victoria del proletariado y la consecución de la sociedad sin clases sociales y sin propiedad privada: el comunismo.  Pero a Carlitos se le escapó algo fundamental: el capitalismo se regeneró, salió airoso  de sus crisis, una y otra vez.  Se reinventó. Renació de las cenizas. Hoy nos encontramos otra vez frente a una crisis económica mundial, pero esta vez con indignados más globalizados. La indignación recorre el mundo, como hace tiempo un fantasma recorría Europa… ¿En qué terminará todo esto? ¿Volverán a beneficiarse nuevamente los que siempre se han beneficiado imponiendo el terror, el miedo y la especulación financiera? Nuestro amo juega al esclavo… decía una letra de los Redondos. Tengamos cuidado.

Soy  joven e idealista y sigo creyendo que algún día puede suceder: el capitalismo algún día tiene  que  caer. Algún día seremos libres de la opresión asfixiante que ejerce sobre nosotros el mercado, el dinero y el consumo. Algún día seremos todos iguales. ¿Nunca se pusieron a imaginar cómo será nuestra queridísima Mendoza cuando caiga el capitalismo?

Antes de seguir, aclaro que para entender todo esto tenemos que partir de una base hipotética: imaginemos que la humanidad ya generó todas las fuerzas productivas de que era capaz. Le vamos a poner un límite imaginario al desarrollo tecnológico. Ya murió el genio Steve Jobs, ya nadie más va a inventar cosas nuevas. No más chatarra contaminante. Hasta acá llegamos. La humanidad ha desarrollado bienes y servicios en abundancia. Lo que hay alcanza para todos vivamos felices y cómodos.

Sobre esta base, empecemos a imaginar cómo sería:

La moda: ya no existiría más el concepto de moda. Esa gilada  de que la remera de manchitas de leopardo que te compraste el año pasado ya no sirve porque este año se usan las rositas naif desaparecería. Ya no habría ningún empresario capitalista nefasto intentando extraer ganancias mientras nos hacen creer que este año el animal print es de vieja chota. Si te pinta, te dedicás a ser un Doug Narinas  que se viste siempre igual y a nadie le calienta. Si te pinta te tapás el culo con hojas de parra y todo bien. Porque desapareció la moda: la Galería Caracol dejará de ser ese antro monótono de consumo estandarizado y se convertiría  en un centro comunitario dedicado al arte y la creación colectiva. El Átomo ya no vendería más esa ropa a dos mangos fabricada por sólo Dios sabé qué esclavos escondidos en algún rincón del mundo.

El trabajo: se acabó la esclavitud. El secreto es producir lo justo y necesario. Si ya no hay moda, ya no hace falta producir tanta ropa, por ejemplo. Trabajás cuando te pinta, hasta que te cansás: unas cuatro horitas por día. Como un hobby. Si toda la humanidad trabajara  cuatro horitas por día nada más, estoy segura que lo que produciríamos alcanzaría. El resto lo dedicás a estudiar, leer, crear, filosofar, reflexionar, amar, etc.

La televisión: en esta nueva era, se ha acabado el amor por el dinero. Por lo tanto programas berreta como el de Marley o el de Gisella ya no tienen razón de ser, porque ya nadie necesita ganar dinero para ser feliz.

Las salidas: ya no hay empresarios que ganan fortunas vendiéndote tragos de mala calidad doscientas veces más caros que el costo. Se socializa todo. Y como hay gustos para todo y cada uno se raja con lo que le pinta, nadie pelea con nadie: al que le pinta Arizu con Talca, lo toma. Al que le pinta el champán y el mojito, también. Los telos también se socializarían, serían accesibles para todos y todas. Ya no habría billeteras que maten galanes.  Ir a la Arístides, a Al Sur o al Seven (ahora Esperanto) daría lo mismo. Porque seríamos todos hermanos –como lo fuimos siempre- en la necesidad de embriagarnos y divertirnos.

La belleza: la forma de concebirla cambiaría. La Reina de la Vendimia de verdad sería elegida por el pueblo y no por empresarios y políticos burgueses. En la banda diría “hasta la victoria siempre” y aparecería en las fotos de la Revista Primera Fila fumando habanos, formando la “v” con los dedos  y citando a Lenin. Se dejaría “apoyar” literalmente hablando por su pueblo y no llenaría espacios de televisión hablando ñoña e hipócritamente de que su sueño es recibirse y formar una familia.

Como todos tienen lo que necesitan y ya no existe la propiedad privada, tampoco existe la inseguridad: ya nadie necesita robarle a nadie y todos tenemos plenas posibilidades de desarrollarnos y ser felices. Reitero por si no entendieron : todos las mismas posibilidades. Los jueces no existen. Tampoco los psicólogos porque nadie está presionado ni estresado.  A esta altura ya eliminamos todo tipo de gobierno y no existen las clases sociales de ningún modo. Ya no habría personas más importantes que otras, por lo que Cacho Bouza se vería obligado a invitarnos por sorteo a morfar todos los lunes. Al que le toca le toca. ¡Esas sí que serían conversaciones interesantes!

Pero claro… en determinado momento se arma el descajete. Con el pasar del tiempo y de tanto practicar el amor libre, ya no sabríamos quién es hijo de quién y terminaríamos todos hechos una manga de hippies mangines  conviviendo como hermanos hacinados y apretujados en la Plaza Independencia. Retornados al estadio salvaje, otra vez comenzaría la lucha de todos contra todos: otra vez el hombre lobo del hombre. Otra vez a alguno se le ocurrió decir: ¡Esto es mío! ¡Esto me corresponde y a vos no vago de mierda! Y se armó la gorda. Otra vez la necesidad de un gobierno que organice y modere conflictos e intereses.

Por eso compañeros, es así: nada de capitalismo salvaje y opresor… pero tampoco la volá…  Ya lo dijo la presidenta ante los capos del G-20 (no confundir con el GH 2011): hay que terminar con el anarco capitalismo financiero total y volver al capitalismo en serio. Hay que regular la especulación financiera, hay que tocar intereses poderosos. Hay que construir  un  capitalismo con rostro humano.  Hay que conjugar inteligente y valientemente utopía y realidad.

Hasta que llegado un día, y quizá ya no estemos vivos los que leemos y escribimos este pasquín que hace historia, se caiga… Sí, por fin se caiga… y haga PLOP, como el Condorito.

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