Te cambio un reggeton por un tango

Si hay algo que me libera, eso es bailar. No porque sea bailarina, ni porque en algún momento  pueda llegar a serlo, sino al contrario. Encuentro que así, solamente con mi cuerpo y música, es que puedo expresar libremente quien soy y que siento sin tener el mas mínimo prejuicio de cómo debería hacerlo según el tecnicismo. Es una actividad que no discrimina, que no señala con el dedo y ha servido a civilizaciones en el mundo entero a lo largo de toda la historia para expresarse y no hay forma que pueda dejar de fascinarme. Y mucho menos hoy, que encontré en la danza la manera de explicar muchas cosas que vengo pensando hace muchísimo tiempo.

Por una estúpida manía que tengo, suelo enroscarme con diversos temas y darle vuelta y vuelta en mi cabeza hasta poder elaborar una teoría que me convenza, y solo asi, me quedo tranquila. Y hace tiempo que el tema de turno es el rol del hombre y la mujer en una relación. Claro, después de terminar una historia con alguien que creía que era el amor de mi vida, es bastante lógico y mucho más, si en todo ese tiempo de soledad no logré encontrar a alguien que más o menos  se acercara a mis expectativas y mucho menos que cupiese en mis standards.

Seguramente hay miles y miles de teorías acerca del cambio de roles de los sexos perfectamente estudiados por psicólogos y sociólogos explicando el  porqué se ha generado esta transformación, y no tiene sentido filosofar al respecto.Lo que si no se puede negar es que ninguno de los géneros  tiene claro ni se banca del todo el papel que le toca jugar.

Por un lado, parece que hasta es moda que la palabra mas usada para referirse a las mujeres sea HISTERICA y para hacerlo sobre ellos, sea INMADUROS.

Nosotras los atacamos(o nos defendemos) tildándolos de  eternos adolescentes, de cagones, de egoístas. Ellos nos atacan (o se defienden) con el discurso de que estamos locas, que somos rompe pelotas y que no sabemos lo que queremos, y lo único que se genera es una batalla infernal por posicionar al otro en un lugar inferior y así sentirnos superiores.

Quizás sí, algunos tipos no quieran hacerse cargo de las cosas y probablemente muchas minas realmente “no saben lo que quieren”, pero esta disputa moderna del tire y afloje, esta autentica guerra de los sexos, solo termina perdiendo el respeto y la admiración que deberíamos sentir uno por el otro.

¡Que haríamos nosotras sin esos hombres capaces de hacernos vibrar hasta la ultima célula de nuestro cuerpo!¿como sería si no pudiéramos admirarlos en las calles, amarlos, odiarlos y volverlos a amar?¡que hacemos tratando de auto convencernos de que son todos iguales, si sabemos que cada hombre jamás dejara de sorprendernos!¿que sentido tiene? No se que pensaran ustedes, mujeres, pero al menos yo quiero un hombre, pero un hombre que se haga cargo de su titulo y sea capaz de mantener una relación que sea lo mas parecida posible a un TANGO, y he aquí donde formulo mi teoría.

Leí por ahí que el tango es “un monstruo de dos cabezas…una bestia de cuatro patas lánguida o vivaz”, y al igual que en una relación necesita de dos personas para darle vida a ese “animal” . Un hombre solo no puede bailar tango, una mujer tampoco y mucho menos sin música. Tres elementos: una mujer, un hombre y tango; una mujer, un hombre, y amor. No se sueltan en ningún momento, abrazados, casi maniatados, bailando con un mismo fin: una danza sensual y exótica.

Para apreciar el tango tiene que haber un acuerdo profundo entre ambos: aceptar una regla básica que establece que el hombre conduce y propone, y la mujer sigue o se deja llevar, y exactamente así como creo que debería ser una relación. Es redundante aclarar que no debe serlo desde el machismo, ni desde una perspectiva de sumisión sobre la mujer ni de poder en el hombre, sino viendo a cada uno con un rol claro, bien definido. La mujer seduce, el hombre avanza. El hombre decide, la mujer se deja proteger. Roles, técnicas y posiciones que puedan acoplarse, sincronizarse perfectamente, sin competencia, pero con cooperación. No se trata de subordinarse, sino de ganar la seguridad suficiente para dejarse sorprender.

No quiero un baile individual lleno de obviedades, no quiero rutina, quiero seducción mutua, acercamientos sutiles e improvisación. Quiero un hombre apasionado que acompañe mis pasos, que sea capaz de guiarme y que haga de mi una mejor bailarina.

No se vos pibe que pensaras, pero yo te cambio un reggeton por un tango.

Escrito por Mi Mamá para la sección:

También podés leer:
Cómo ser mujer, encajar en Mendoza y morir en el intento

Hace un año escribíamos:
Caty Perri y un cuento para reflexionar