Carta abierta al FAP

¿Por qué al Frente Amplio Progresista? Porque es necesario especificar, ya que tanto progresistas como socialistas se pueden definir varios partidos.

¿Por qué una carta abierta? Porque pretendo llegar, como la mayoría de las cosas que uno escribe, a diferentes personas, con sus respectivas opiniones e impresiones.

No se pretende llegar a todos ni a ningún otro partido, sino a éste en especial, ya que, a diferencia de otros partidos que ya son perfectos, sin errores y con las cosas claras, al FAP lo considero, según mi forma de ver las cosas, un partido con un interesante camino a recorrer.

Doy por descontado las críticas que se le pueden hacer a dicho partido e inclusive a mi nota, ya que como leí hace poco en un comentario muy inteligente, se le perdonan a otros partidos y personas haber tenido un pasado oscuro, alianzas y cercanías sospechosas, maniobras poco claras, intereses ocultos totalmente diferentes a lo pactado con el pueblo, pero se pretende que los integrantes del FAP sean de oro.

Mi desconfianza en la política, los partidos y sus estructuras es total, entendiéndose lo mismo hacia quienes lo conforman. En mis 27 años, nunca he visto nada concreto, nada real, nada claro dentro de la política, solo lo he visto en estructuras y personas totalmente fuera de ella.

¿Qué me lleva a escribir esta nota? Las oportunidades y la muy relativa confianza no se pierden. Sin tener una tendencia más que la propia, veo varias cosas interesantes en esta fuerza medianamente nueva, algunas aplicables a la fuerza en sí y otras aplicables a cualquier fuerza nueva o en formación.

Algunas de estas cosas se refieren a las actitudes diversas de los que conforman la estructura del FAP, y lo que veo, lo relaciono con el mismo modo de vida que he tenido y tengo hoy en día, y que me ha funcionado al día de hoy, ya que podría perfectamente comparar a la conformación de una persona con la conformación de un partido, a partir de lo que éste demuestra y genera. Parece complicado, pero ejemplificándolo, deja de serlo.

Lo que veo es lo mismo que he visto tanto en mis padres, como en las parejas que he tenido, y hasta cualquier otro tipo de relación cercana. Una “personalidad” tranquila y centrada (que tanto se dice que con eso no se puede gobernar), pero fuerte (para poder gobernar sin que lo den vuelta). Una canalización de fuerzas hacia lo productivo y no hacia lo combativo. Una simplicidad que permite estar de acuerdo con lo coherente y/o bueno y no estar de acuerdo con lo incoherente y/o malo, sin que dependa de que quien lo haga sea cercano o lejano, simpatizante o “contrario”.

Por otro lado veo que todavía es un partido limpio con buena proyección de futuro, y quiero remarcar bien el todavía, porque no todos los inteligentes son oportunistas, pero sí todos los oportunistas son inteligentes, y alguien inteligente y a la vez oportunista sabe captar buenas oportunidades para poder “consagrarse” de cualquier forma en la política, tratando de meterse en cualquier espacio con perspectivas de crecer, y ahí es cuando se empiezan a ensuciar las cosas, cuando se empiezan a torcer y a transgiversar, y cuando eso pasa ya no hay vuelta atrás, lo que se ensucia ya no se puede limpiar ni con el paso de las décadas, como así también no hay herramienta que enderece lo torcido.

¿Qué quiero decir con esto? Que intuyo objetivos claros, interesantes y rectos, y que es tarea del partido el seguir con esto, reforzarlo, hacerlo crecer, pero no de cualquier forma y a cualquier costo, hablando tanto de las maneras como así también de las personas que lo componen y lo irán componiendo a futuro, tanto interna como externamente.

También detecto una tercera forma de hacer política. Las dos conocidas son: O te ensucias porque sos sucio, o te ensucias porque no te queda otra. La tercera es, como dicen muchos, más idealista, más irreal, más imposible, que es la de directamente no ensuciarse. Los que se meten en negociaciones oscuras, maniobras poco deseables, compromisos no convenientes dicen que es porque no queda otra, porque hay poderes más poderosos que el mismo poder, porque hay intereses que derrocan y mil cosas más, pero esto no lo dejo de considerar una excusa, porque sé que hay otra forma de hacer las cosas, porque así como siempre comparamos con situaciones peores de otras regiones por conveniencia, también lo podemos hacer frente a cosas que son mejores y que funcionan. En resumen, además de las dos recetas de la vieja política argentina (el ensuciarse porque uno es sucio y el ensuciarse porque soy limpio pero no me queda otra –que en síntesis es lo mismo y lo realizan personas del mismo tipo-), tengo cierta esperanza y confianza en que se pueda empezar con una nueva política, limpia, desde algo básico y nuevo, como el no ensuciarse.

El párrafo anterior refleja algo implícito, pero que es bueno hacerlo notar. Los problemas no son externos como siempre se dice (los otros países, las políticas monetarias de otras regiones, la geopolítica imperante, etc.), siendo éstos fantasmas externos, sino que son internos en el país, como la fuerza de poderes en sus diversas formas, políticos, económicos, sociales… Y cuando tengamos ganas de reconocerlo y empezar a dejarlos de lado, podemos llegar a empezar a cambiar ciertas cosas de raíz, o dejar que mueran mientras hacemos el esfuerzo de probar algo diferente.

¿Me decepcionaré otra vez, si es que alguna vez le di la oportunidad a algo en la política? No lo sé, pero es como las parejas, no porque las anteriores hayan ido mal, voy a dejar de intentarlo…

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