EMMA- Capítulo 5: “Amores de Luna”

-Emma me llamo. Y no estoy accidentada, solo fui víctima de tu torpeza.

-¡Oh cierto…!- la miró a los ojos durante un momento como intentando buscar algo de piedad en ella- ¿Sería muy difícil para vos olvidar lo ocurrido e intentar conocerme aunque sea un poco? Mis intenciones son buenas.

Conocerlo. Uno de los pocos especímenes de este universo bolichero al que le interesaba “conocer”. Lo miró con los ojos entrecerrados, con recelo. Podría haber pensado que eso de “mis intenciones son buenas” era uno de los versos más viejos de la historia del flirteo, pero optó por dejar los prejuicios de lado. Además era lindo, tenía un…”no sé qué” que le atraía. 

-Perdoname, no fue mi intención ser tan desagradable. Me había olvidado de cómo se conocía a la gente.

-Yo creo que no existe una receta para conocer gente, hay que dejarse fluir nomás. La noche fue creada para relajarse y disfrutar… Aprovechemos juntos esta noche y olvidemos lo demás.

-Tenés razón. Dejame empezar de nuevo. Me llamo Emma, ¿cómo es tu nombre?

-Benjamín ¿Crees en el destino Emma?-Mientras hablaba con ella, no paraba de mirar al cielo.

-Creo a veces. Sólo cuando el destino me favorece.

-Siempre nos favorece. Esta noche antes de salir de casa me dije a mi mismo que necesitaba enamorarme, no necesitaba bailar ni conocer chicas temporales; es lo que sentí que quería. Mis amigos me trajeron de prepo a este lugar al que siempre odié venir y estuve a punto de irme cuando algo me detuvo.

-¿El destino?

Quitó por momentos la vista del cielo y depositó su mirada en los ojos de Emma, que lo miraban  con ojos diferentes a lo que había sido hacía 5 minutos. La veía hermosa, se había fijado en ella desde el momento en que ingresó al boliche. La había visto bailar con los ojos cerrados y le había encantado su sonrisa. Debía hacerse el interesante, no tenía que decir el típico chamullo. El acercamiento tendría que ser sutil para evitar que ella pensara que él era como todos los demás buitres del lugar. Aun asi había tropezado realmente sin querer…como obra del destino.

-Vos.

Un montón de mariposas se agolparon en el estómago de Emma. Lo miró intentando fijar miradas, pero él estaba de perfil, pendiente de la luna. No sabía si confiar en aquel extraño hombre, no sabía si era puro chamullo pero una cosa es saber y otra sentir. Esa noche no era para saber. Sintió un calor extraño aumentando en su pecho, un presentimiento… una necesidad de besar a Benjamín allí, ahora…ya. Pero ella no era de hacer esas cosas, es más, gastaba fuerzas y lengua en criticar a aquellas mujeres que lo hacían. Pero él la atraía tanto, su olor provocaba en Emma unas ganas locas de tirársele encima. Eso hizo. Lo besó y él le respondió y se besaron olvidando el reloj y las formalidades. 

La noche se extinguía y sus bocas no lograban separarse. Tuvo que aparecer Sol para finalizar tremendo descarrilamiento; y era lógico…Sol terminando la noche. Su amiga se había encontrado con un ex en el trayecto sillón-baño y un ataque de histeria y celos se habían apoderado de su salida nocturna. Ahora no paraba de llorar y el alcohol no facilitaba las cosas. Que oportuna, que mala jugada del destino.

Los “amores de luna” se miraron y sonrieron con los cachetes colorados por una mezcla de vergüenza y calor. Esa timidez que le da a uno después de lo físico, cuando lo real aparece frente a nuestros ojos. Quizás nunca volvería a verlo.Tenía que por lo menos acordarse de sus ojos, esos hermosos ojos color gris. Intercambiaron números de teléfono y ella salió por la puerta de salida del local…mirando su teléfono y deseando escucharlo sonar. 

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