EMMA – Capítulo 7: “El poema y una cita a ciegas”

Un mes después y sin noticias de Benjamín. Había pasado por todas las etapas típicas del amor platónico: la espera, la desesperanza, la segunda espera, el enojo hacia el otro, el enojo hacia ella misma y ahora ya iba por “el intento de olvido”. Ninguna de las etapas había sido agradable; todas le dejaron un sabor amargo al llegar y al irse.

Sol le sugirió una tarde de mates que si tantas ganas tenía de saber algo de él ella misma debía llamarlo, pero Emma tenía muy en claro que entre hombres y mujeres habían roles que jamás iban a intercambiarse. Uno de ellos era el tema de las llamadas: el hombre siempre llamaba primero. Quizás tardara o nunca lo hiciera pero de no hacerlo no había muchas opciones que investigar: simplemente no estaba interesado. Emma se había propuesto como meta personal de 2012 no malgastar tiempo sufriendo por amoríos; no más lágrimas desperdiciadas.

A pesar de saber todo esto, no dejaba de sentirse desconcertada cada vez que pensaba en todas las posibles maneras en que podría haber ocurrido el post-encuentro de ellos dos. Las mujeres tiene el sueño fácil, y no precisamente el de dormir. Apenas una mujer conoce a un hombre se ve a sí misma acostada en su departamento de decó, subidas en su auto 0km, tiradas en la playa matándose a besos, casadas, con hijos y compartiendo mates con las canas como maquillaje de la edad. Y para no ser menos a Emma también le había ocurrido con Benjamín; por más corta que fuera la soga de cariño que su adorado tormento le tiró aquella noche, ella se había aferrado a tan poco de tan intensa manera… como un niño al brazo de su madre el primer día de jardín, como borracho a la baranda de una escalera… 

Al menos sí había noticias de Lucía. Otra vez había soñado con ella aunque esta vez la había encontrado sentada en un muelle mientras caminaba en un puerto de una ciudad desconocida para ella, por lo menos en esta vida.

-Lucía, creo estar aprendiendo…pero duele.

-Lo sé, pero te lo advertí, el sufrimiento es necesario.

-Sí, me di cuenta que a pesar de que me dolió todo lo que pasé con Jorge, necesitaba pasar por eso.

Su ruptura con Jorge fue traumática. Juró no volver a hablar de él y le prohibió volver. Deseó que la vida le devolviera el golpe y dio media vuelta. A menudo, mientras caminaba o iba en el colectivo, soñaba despierta con encontrarse con él y clavarle un rodillazo en los testículos. Crudo y simple; así ahorraría una generación de mujeres sufridas y hombres infieles. Luego de conocer a Benjamín esos pensamientos se habían disipado y al acordarse de Jorge también recordaba las palabras de Lucía: “personas te enseñarán a amar”. Al menos lo de Jorge no había sido amor, de eso ya había tomado nota mental.

-Acordate de que tenés que tener paciencia.

-Sí, voy a tratar. Lucía, ¿por qué desapareció Benjamín de mi vida tan rápido?

Se giró y en el lugar en que Lucía había estado sentada hacía 5 minutos ahora había una nota. Esa nota con la que su mensajera jugaba en cada encuentro. La tomó antes de que el viento se la llevara y en su interior leyó un poema:

El sentimiento más profundo
Que pude brindarte la vida
Cuando sientas que se cae tu mundo
Y no encuentres la esperada huida
Es que una persona aparezca
Te ayude a entender tu vida

Luego desaparezca, porque su misión quedó cumplida…

Despertó con una sensación reconfortante en su corazón. Se sintió relajada y encaró el día con un humor diferente al usual. El poema le daba esperanzas, algo le decía que estaba lista para todo lo que se le presentara…

Sol la había llamado para presentarle a un tal David esa misma noche. No era una chica que acostumbrara a tener citas a ciegas y ciertamente este chico David podía a no llegar a ser un amor importante, pero con probar y salir de casa no perdía nada. Eso de hundirse por un chico de una aventura de una sola noche iba a extinguir lo que le quedaba de cabeza, se quería demasiado como para seguir sufriendo…

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