Memorias de un patovica: “Manso discriminador”

La noche venía tranquila.

El boliche abría sus puertas a la misma hora de siempre y como de costumbre los primeros en llegar son aquellos con pareja que primero se van, y no a jugar a la play justamente.

Siguiendo con las directivas de mis superiores, el objetivo era no dejar pasar a ningún “cabeza”.

Comienzan a llegar los madrugadores bolicheros y nada raro pasaba. Hasta que…

Comenzamos a divisar un grupito de unos 6 pendejos, no más de 26 años que con mucha confianza venían derechito para la entrada. En eso, codeo a mi compañero y viéndolos esboza un “Huuuu….!”. Como si nada, esperamos que lleguen y decir las mágicas palabras “No chicos, ustedes no pasan”.

Cabeza 1 -¡He! ¡Manzana guacho! ¿Nos estás discriminando vó?

Cabeza 2 -¡He amigo! Si nosotros venimo bien  y no hacemo bardo.

A  los pibes, los delataba la gorrita y las “mansas llantas con suspensión”. A las pibas, el vestidito ajustado a los rollos tipo “animal print” (que dicho sea de paso deben haber matado a 500 leopardos)

-No señor, no los estoy discriminando, eso es un delito o en su defecto una contravención a nuestras leyes. Simplemente le digo que a este local, se ingresa previa invitación o reserva.

-¡Pero yo vi que no le pediste invitación a esos que van allá! – Dijo una de las muñecas señalando con el índice a una pareja que recién ingresaba.

-Sucede que son clientes. Los conocemos y por lo tanto no nos hace falta pedirles invitación.

Cabeza 1 – ¡Weeeeeenaaaaaaa vó conocé a todo! – Acá mi paciencia ya estaba siendo puesta a prueba.

Cabeza 2 -¡He amigo, haga el aguante! ¡Si nosotros no venimo a pajarear! Si mirá, venimo con las “ladies”

– A ver si nos entendemos… – Dije con mi mejor cara de orto – 1º no soy tu “amigo” – Poniéndole el dedo en el pecho – 2º ¿Qué te aguante? Ya los estoy aguantando hace 30 minutos – haciendo un  el gesto del “montoncito” con mi mano izquierda – 3º No comprendo tu argot, por lo tanto, tratá de hablar en castellano – todo con una voz firme y clara.

Cabeza 1 -Alto wacho… Nosotro somo del Santa loco, ¡no sabé nada vó!

-Si me estás amenazando, te recomiendo lo pienses.

Cabeza Woman 1 -Vámo Kevinv – decía la morocha de ojos azules plásticos. ¡Que se meta el boliche en el orto este culiao!

-¡Linda la nena! ¿Con esa boquita decís mamá? – en realidad la frase fue: ¿Con esa boquita chupás la poronga?

Cabeza 1 -¡Heeee no le falté el rispeto! ¡Loco, se pudre todo, se pudre todo!

-Flaco, calmate un poco, dejá de gritar…

Cabeza 1 -¡Vó me discriminá y yo no te hi faltado el rispeto gato!

A estas alturas, la puerta del boliche era un quilombo, la gente pasaba a cuenta gotas, como podía entre los revoltosos y yo.

Convengamos algo, todos,  cuando salimos a bailar o a tomar algo, vamos a lugares acordes más o menos a nosotros. Dificulto conocer a alguien que me diga que va a bailar al club Ingeniero Giagnoni o que va de ”dancing” a Estación Miró. Cómo así tampoco, conozco a nadie que me diga que le encanta ir a comer al carrito del Santiago (ese que está en la 2º entrada al Barrio San Martín) y si lo hacen, es todo sotto vocce. Todos tenemos un muerto (o dos) en el placard, justamente por eso, no lo ventilamos a los cuatro vientos.

Retomando el hilo de la anécdota… Algunos clientes, pasaban sin dar importancia a lo que sucedía, otros pasaban y con carita de aprobación hacían un gestito, pero ninguno, hizo causa común con los guachines.

-Chicos, les voy a pedir encarecidamente que se retiren. Están obstruyendo la pasada.

Cabeza 2 -¡Heeee a ese tampoco le pedistes invitación! ¿Vé que nos está discriminando?

Realmente ya habían pasado cerca de 40 minutos de idas y vueltas, estaba cansado de escucharlos y decidí dar por terminado el asunto.

-Está bien, ¿quieren pasar?  ¿Tienen documentos?

-Si – responden los guachines que en realidad de guachines no tenían una mierda. Los pibes ostentaban más de 26 inviernos y las pibas rozaban la treintena)

Revisamos documentos y los hago pasar ante la mirada reprobatoria del público en general. Mis compañeros, atónitos me miran con una mezcla de extrañeza y desconfianza… -Tranquilos gordos, estos ya salen. Les digo autosuficiente. Y efectivamente, no pasaron 5 minutos y veo por el rabillo del ojo, las mansas llantas con suspensión.

-¡He amigo! (le digo remedando su manera de hablar) ¿Qué pasó? ¿Tanto jodiste y ahora te vas?

Cabeza 1-¡Heeeeee wacho! ¡Altos precios manejan acá!  Con esa guita me pongo re-loco en Picasso…

Siempre lo dije, no hay mejor tamiz que la guita… un llamado de atención para la gente del INADI.

Escrito por Facs para la sección:

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