“El Chongo” o pequeña introducción sobre el más hijo de puta de los hombres

Aclaro que voy a hablar y describir al chongo propiamente dicho. No hay que definirlo como a cualquier otra especie. Sólo aquella que lo ha tenido entiende de lo que hablo. El “Chongo Original” posee las características q pasaré a mencionar durante el relato.

Se trata de un masculino demasiado mujeriego que no conoce la discriminación. Para él todas las minas son entrables y si tu abuela no tuviera la cadera postiza le entraría como agua al Titanic.

Es de trabajo fino, jamás se le va a escapar una guarangada apenas te conoce. Es paciente, porque sabe que vas a terminar cayendo en sus redes, por esto mismo se toma su tiempo para embaucarte. Vive de noche. Son incontables sus aventuras, inclusive varios hombres de los alrededores se la tienen jurada por las veces que lo agarraron garchándose a alguna mina ajena. Tiene varios celulares, ya que la capacidad de almacenar contactos en uno solo es escasa y jamás te vas a enterar de nada, porque tienen más contraseñas que el Pentágono.

Te lo cruzas cuando seguramente tu pareja de años te re contra re cagó y tu autoestima anda por la fosa de las Marianas, a tal punto que te parece buena idea enredarte con un tipo así. Luego de los primeros encuentros ni con cirugía estética te sacan la sonrisa de los múltiples orgasmos que “Don Generoso” te brindó. Vos, tranquila (y sumamente inocente), lo catalogas como un tipo “para pasarla bien” y nada más. Lo bautizas “tu chongo” y como ya todo el mundo conoce la fama del donjuán, tus amigotas te advierten. “Pero no te vayas a enamorar ¿eh?”. Hijas de puta, saben que eso es lo primero que vas a hacer.

Su esencia es engañar, por eso necesita siempre de alguna “pseudo novia” pelotuda que no le entrega hasta “enamorarlo”. Pero mientras vos vivís en la clandestinidad, la novia de turno se pasea orgullosa con esa sonrisa idiota como diciendo “Es mío”. Sí nena, tuyo y de todo el padrón electoral femenino.

Los tipos se preguntan qué es lo que le ven las minas, ya que no es precisamente el rey del baile de graduación yanqui. Y vos misma te encontraste varias veces haciéndote esa pregunta en primera persona, sin respuesta lógica.

A veces desaparece por bastante tiempo durante el cual esperas frenéticamente un puto mensaje suyo exclusivamente para ir a coger. Pero ese texto no llega y justo cuando decidiste salir sin pensar en encontrarlo, más diosa que nunca y totalmente abierta a entrarle a cualquiera, aparece el muy cabrón. Una mirada del otro lado de la pista basta. La palabra “fácil” nunca se aplicó a nadie mejor que a vos en ese momento. Y el tipo sabe. Sabe q venderías tu alma por irte con él, sabe que darle placer te encanta. Lo huele. Si no te cojiera tan bien el muy desgraciado… Lo peor de todo es que tenés tipos que te la quieren poner. Pero vos querés a ese, así de masoquista sos.

A esta altura el cuento del chongo y nada más andá a contárselo a Magoya: Te encontrás al borde del enamoramiento de lo empijada q estás.

Lo lindo de todo es que le gusta la variedad y, después de un tiempo, se esfumará solito. El lapso de huida depende de lo bien que te lo garchás, de ese placer que le das al compañero de telos baratos. A pesar de que pensaste que no podías vivir sin él, lo despedís mentalmente sin pena ni gloria, teniéndolo como una anécdota más en tu prontuario.

Como la trola, el chongo también es indómito. Se casará, ya entrado en años, con una mina que lo mantenga, oriunda de Alaska, donde seguramente no saben la clase de daño que hizo y que puede seguir haciendo en el pago.

Me animaría a tirar un consejo para las chicas, que seguramente no seguirán ya que el poder de enganche del “chongo” es muy fuerte, imposible de resistir. Apenas lo identifiquen, huyan como si se viniera un tsunami, huyan como elefantes al ver el ratón. Te podés creer muy Samantha Jones de “Sex and the City”, pero este tipo es como una adicción, una tentación como al chocolate que le entrás después de la dieta. Te lo puedo asegurar. Ahora, si ya es muy tarde para evitarlo, disfrutalo mientras dure, con la plena consciencia de que sos un nombre más en su agenda que en el corto plazo se irá bajo el “eliminar contacto” que pulsará sin recordar quién sos.

Como vivirá y morirá como chongo, la vida te da la satisfacción, al cruzártelo después de un tiempo, de saber que aquello que te repetiste durante tanto tiempo terminó siendo la verdad: “Ese tipo no es para vos”.

Fuente imagen:
http://tdagora.wordpress.com

 

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