Hacete cargo: ¡Arsenal salió campeón!

Sí, sí, no te hagás la zonza, para vos también va dirigido el título de la nota, lectora del sexo opuesto, preocupada por temas banales y menos relevantes que el fútbol, como tus hijos, el laburo y la casa. Y vos tampoco safás, lector afrancesado y poco varonil, gustador de sitcoms de Sony y Warner y, por sobre todo, futbolfóbico. Porque esta situación es de interés y preocupación nacional, acá son todos responsables.

Acá no hay excusa que valga, ni posición que te exima, esto se veía venir y nadie hizo nada. El ganador fue el caballo del comisario, el hijo del productor, Máximo Kirchner (?); y ninguno se preocupó en actuar para que no suceda.

Porque si bien la mayoría exigía un cambio, nadie puede afirmar que no festejaba cuando su equipucho salía campeón en seis meses y le sumaba una estrella a su escudo, pillines. Inconformes o no, todos se comían igual el pan podrido que les tiraban “los nobles”. Algunos hasta le agregaron mayonesa y una feta de mortadela, como Gimnasia deLa Plata(?).

Pero así son las cosas hoy en el fútbol local: Arsenal, ese club fundado hace unas décadas por nuestro señor presidente de AFA, Juli* Humbert* Grondon*, es el monarca nacional.

Ese que no tiene hinchas, sino vecinos que no tienen nada que hacer un domingo. Que nació en Sarandí, al sur de Avellaneda, donde de chico sólo tenés dos opciones: O elegís el casco de obrero y el pantalón que no tape del todo tu orificio anal, para ponerte a laburar y ayudar a terminar el estadio y ser hincha de Independiente; ó decidís vestirte de saco y camisa, para ser un empleado más de una empresa, como lo es Racing. Pero de Arsenal, nunca.

Debo sincerarme, en realidad como club, el Arse nunca me cayó mal. Es ordenado, no intenta aparentar más de lo que es, está al día con sus empleados, siempre lo hacen jugar de local en otras canchas y deben aceptar, etc. Como equipo, mucho menos, explota al máximo sus pocas virtudes y disimula muy bien sus muchos defectos, se defiende a la perfección, adora el “puntito inteligente” de visitante, te caga campeonatos, con jugadores de poco nombre realiza campañas dignas; en fin, una belleza de rival.

Pero de ahí a ser campeón, hay una gira de León Gieco de distancia. Si tomamos en cuenta su corta existencia, lo logrado es digno de una de esas películas yanquees que tanto nos emocionaron de niños: Un club humilde, que arrancó desde el sótano (La “D”) y de a poco fue subiendo escalones, hasta llegar a codearse con los más poderosos, para, tras ser humillados en varias oportunidades, tomar venganza y vencerlos en su propio hábitat. Hermoso, divino, lloremos y démosle el Oscar a ese señor. Pero acá hay algo raro, y no es Mel Gibson (?).

Y sí, lo oscuro y siniestro es el origen de la cuestión, el padre de la criatura, ni más ni menos que “El Padrino” Don Julio, tipo que no es de fiar, al que todos temen y antisemita, que no es Mel Gibson.

Él fue el precursor de los injustificables torneos cortos. Una especie de campeonato fugaz, que declara como el mejor al que sumó más puntos en sólo 19 fechas, enfrentandosé una sola vez a cada rival. Es decir, que quizás podés ser campeón sin enfrentar a Boca en “La Bombonera”, a River en el Monumental (bue, para el que juegue a partir de la temporada que viene), a algún equipo del interior en su provincia, etc.; lo que ha provocado a muchos campeones mediocres. Se me vienen a la mente el Newell’s de Gallego, el Racing de Mostaza Merlo, el Boca de Tabárez, el Argentinos de Borghi, el Huracán de Capp… ahhh perdón, en ese caso el sistema sí anduvo bien y dio como justo campeón a Vélez, pero creo haber expresado mi punto.

Para que lo entiendan mejor las mujeres: Es como si vos, acostumbrada a coger conmigo, que no te banco más de 7 minutos y no te hago llegar al orgasmo ni por asomo, una noche me encontrás papeado (para la fuerza), marihuaneado (para la duración) y con un viagra encima (para la otra “duración”); acabás seis veces al hilo. No por eso me vas a considerar como el as del sexo (?).

Más allá de que es aburrido ver siempre festejar a los mismos, creo que el título de “Campeón Argentino” debe de gozar de cierto prestigio y no cualquier gil que tenga seis meses buenos, pueda llevar ese rótulo y mucho menos que lo tilden de “legítimo”, como se escucha por ahí, en los pasillos del periodismo deportivo.

Pero el innombrable lo sabía, lo tenía calculado desde hace tiempo, estaba dentro de sus posibilidades. Él quiso que el “Cachi” (sobrenombre que lo pinta de cuerpo entero) Zelaya, delantero del montón, gritase “Daleeee campeóoo” con su camiseta celeste y roja. Él decidió que ese media punta, medio pelo, como Luciano Leguizamón (famoso, además, por su inexplicable pedido de cambio de camiseta al referente máximo de Estudiantes, “la Bruja” Verón, luego de comerse 7 goles, cuando defendía los colores de su archirrival, el lobo platense. Hecho por el cual debería haber dejado la actividad, en un acto de buen gusto y dignidad), diera la vuelta olímpica. Él lo planeó desde siempre y le salió redondo. Y, como sucedió a lo largo de su carrera en este deporte, salió impune.

Pero el culpable no es el chancho, sino quien le da de comer. Y ese sos vos, ciudadano y ciudadana argentina, que aceptaste las reglas como te las impusieron. Yo tengo esta nota como excusa, pero vos no. Así que a vos te digo: Hacete cargo: ¡Arsenal salió campeón!

Fuente de la nota: Si bien la misma es una creación 100 % del Chori Peña, debo darle crédito a @Ernestou, quien publicó esta nota el 14 de Mayo de este año, cuando pocos imaginaban este desenlace.

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