Crónicas de un chotofóbico

Tengo que contarles algo que realmente ya no me aguanto. Sufro de un grave trastorno que llevo intentando superar toda mi corta vida, que según mi psicóloga se hace llamar chotofobia, el cual sus síntomas principales se relacionan con lo que los hombres tenemos ahí, ¿Qué es lo que tenemos ahí?, bueno les cuento. Es eso que empieza con: P, Ch, con V, con S, con G. Mejor conocida como C- H-O-T-A.

A este síndrome de chotofobia como le gusta decirle la doctora Moreno lo padezco desde chico. Podría remontarme a esa época donde lo descubrí, recién cumplidos los cuatro años, (Yo, un chicuelo recién conciente de la vida) iba como boludo a mi vieja y le dije -vieja me estoy cagando- ella sin dejar de pelar arbejas, me revoleó la pélela.

Cuando terminé de realizar el asunto, miré para abajo y ahí estaba “el amigo”. Lo vi, lo procesé y convulsioné. Fue ahí cuando mi vieja que me vio temblando entre medio de tanta mierda me agarró así todo lleno de bosta y me encajó una psicóloga. Ustedes dirán “¿por que lo mandó a una psicóloga?” y yo les respondería: que mi mamá siempre tuvo un problema que provoca ver a la caca, como un manjar…bueno lo que pasa después ni les cuento. Un montón de papelones he pasado en casa de otras personas. Ella solamente quería que yo no fuera así. Pero al fin y al cabo, estoy acá contándoles estos sucesos en mi vida.

 Tengo que admitir que hasta el día de hoy me cuesta contárselos por que fue un hecho que desencadenó en mí un gran trauma. 

Pónganse en esta situación, Vas en el 112 camino a la UNC (no hay otro micro que se ponga mas hasta la mierda) yo, sentado en la fila doble de asientos, se pone hasta el carajo. Imagínense que yo ya estaba medio nervioso, viendo tanta aglomeración de embutidos en tan poco espacio que empecé a mirar las diferentes vías de escapatorias. No había ninguna de la cual no me zafara de un buen roce con alguna rama. Me puse pálido y olfatee venir a esa figura oscura que delataba su presencia con su incienso a hombre oscuro a ubicarse a mi izquierda. Si, me puso el ganso en la oreja que concluyó en una reacción de salpullido la cual invadía mi epidermis seguido por un vomito inminente hacia el señor con peluquín que me acompañaba en el asiento contiguo. 

Como se darán cuenta, no es fácil vivir como yo. Podría pasar días contándoles cada una de mis vivencias, sobre todo las que tienen que ver con bultos y esas cosas. En el baño tengo un embudo gigante especial, por que no me la puedo agarrar, y si me la agarro me desmayo. Ustedes dirán:

-¿Por qué no mea sentado sr. Vampichoco?- así como con entusiasmo de niño comemocos.

-Por que mi mamá se queja de que no bajo la tapa- respondería yo con un acento severo.

Con los alimentos si soy jodido. Banana, berenjena, chorizos, la barritas de bon o bon, helado, todo eso que tiene forma de falo me lo deben cortar en pedacitos y ser arrojados solo por una mujer, (porque uno nunca sabe que te pueden poner en la boca) y con los ojos vendados lo tengo que atrapar en el aire, y si se caen al piso los dejo ahí, porque, wacale que voy a andar comiendo del piso, ¿quien sabe si ahí cayó un pelo de poronga?

Puedo seguir nombrando acontecimientos, como en mi cumpleaños de 15 y el incendio que provocó el famoso “dale Vampi, soplá la velita” O mi fracaso para la realización de mi sueño de tocar la trompeta. 

En fin. ¿Por qué les cuento esto? Porque hoy me siento realizado. Hoy superé una etapa a la cual yo no creía que podría llegar a superar. Verán a las mujeres nunca me pude acercar por el echo de que hay una gran probabilidad de que puede llegar a venir con sorpresa, pero mas allá de eso es por que una cosa que tienen ahí…clítoris le dicen, es como un pene atrofiado (eso lo leí en el encarta una vez). Ustedes dirán

-¿Qué bosta le pasó a este boludo?

Les respondo brevemente, esta mañana me pude tocarme por primera vez y nunca en la vida me había sentido tan bien.

De ahora en más voy a convulsionar mas seguido.

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