El eterno debate en la pareja: los cambios de roles

Leyendo la nota de Bomur acerca de la igualdad entre hombres y mujeres y dejando de lado cualquier feminismo, intenté analizar desde un punto de vista totalmente objetivo tan visionaria teoría. La verdad, querido Doctor, sería un golazo de media cancha lo que Usted propone.  Imagínense lectores, a la mujer cumpliendo el rol sacrificado del hombre y él quedándose en la cómoda posición de la fémina.

Cada día te despertarías al quinto llamado de tu marido, que se tuvo que levantar a las cuatro de la mañana a atender al pendejo más chico porque le dolía la panza y tiene la consideración de no  despertarte a vos que te tenés que levantar en breves instantes a ir a trabajar. Asique mientras vos aprovechas a full las seis o siete horitas de sueño profundo, él tendría q velar por la salud del crío y hasta sabría qué remedio tiene que darle y en qué proporción ¡Qué maravilla! Mientras vos te bañás para ir a trabajar disfrutando del agua calentita, tu marido estaría preparándote el café y te haría las tostaditas así como te gustan a vos que, lo único que harías (después de dejar religiosamente la toalla mojada arriba de la cama) seria sentarte en la mesa a engullir. Luego del desayuno, dejarías todo tirado,  tu señor esposo levantaría la taza y limpiaría la mesa.

Después de que te vas, el machote empezaría la limpieza de la casa: tender las camas (porque los nenes están desde las siete haciendo enchastre en el living viendo Disney Channel), pasar el lampazo por toda la casa, lavar los platos de anoche (ya que los dejó para ver si te nacía lavarlos pero no te diste por aludida), limpiar la caca de Bobby del patio, barrer la vereda, pensar qué va a hacer de comer, bancarse a los guachos haciendo estropicio, poner orden a los gritos, poner ropa a lavar (separándola por color), sacarla del lavarropas, pasarla por el secarropa, tenderla y, una vez seca, plancharla. Mientras realiza todas estas actividades, trataría de meter 15 minutos libres para bañarse, rapidito y salir con la toalla a medio poner porque los nenes están cascando al pobre perro que chilla como loco.

Mientras tanto, vos como mujer trabajadora, llegaste a laburar, te sentaste, chequeaste los mail, te diste una vueltita por el Mendo para ver si justo hoy subían la nota de Betty Boop, tu secretaria te trajo un cafecito y en el momento que tenés libre, te escapas a admirarle el cuerpo a cualquier compañero que esté más o menos entrable. Mientras estás ahí, llamás a las chicas para organizar un junte a jugar a la play en la noche ya sabés que tenés al pelotudo de tu marido que se queda con los chicos, ya que es su deber. Y que ni se le ocurra reclamarte, vos te deslomás todo el día en ese trabajo espantoso, y si te hace una escena, lo dejás hablando solo y te vas a la mierda. Total,  ya se le va a pasar, y a tal fin, lo sorprendés con unas flores o unos bombones berretas que compras el quiosco de la esquina. No tendrías obligación de acordarte de ningún aniversario, cumpleaños, ni ninguna pelotudez de ese tipo, ¿Para qué lo tenés a tu marido? El pobre boludo sigue con los críos, pero bueno, vos le pediste la igualdad y el, inocentemente, aceptó.

Llegás a tu casa, medio cansada pero sabiendo que tu merecida siesta te está esperando, la comida está calentita en la mesa y que no te vengan al almuerzo con un bife tirado en la sartén. Ah no, eso puede ser en la cena, al mediodía exigís un almuerzo como la gente. Mientras comés, te tirás todos los eructos que podés y, obvio, te levantás y dejás todo tirado en la mesa, ese no es tu problema. Tu marido se queda refregando la olla (sabe que la grasa sale con agua caliente), mientras vos te echás en la rica camita cual Homero Simpson. Como el nene más chico todavía no va a la escuela, tu señor se queda viendo Backyardigans, Barny y los dibujos del orto que pasan durante toda la siesta.

Te levantás fresquita, y a los gritos le reclamás a tu cónyuge el planchado de la camisa que te querés poner, que justamente, es la única que no está planchada. Y no te cuento si no está lavada, pedazo de pelotudo: Sabe que es la camisa que uso siempre y no la ha lavado, ¡Esto es el colmo!

Te vas en el autito al que le echaste medio sueldo, tuneándolo, y que nadie te diga nada, menos tu señor, vos laburás y te lo ganás, te lo podés gastar en lo que quieras. Y cada vez que tu maridito osa pedirte algo de plata, se las das porque no te queda otra, pero con tu mejor cara de ojete y de mala gana. Pensás en qué puta se la gasta si “nada más” tiene que comprar la comida para todos los días, ropa, zapatillas para los niños, productos de limpieza, impuestos, meriendas, danoninos y remedios. Inclusive has amenazado varias veces con administrar vos la guita. Total, ¿A cuánto puede estar el kilo de papa? ¿0, 30 centavos? ¿Y el de carne? ¿18 pe?

Justo ese día que refrescó pegaste tremendo resfrío, pedís cinco días en el laburo, te internás en la cama: te estás muriendo literalmente, por eso tu esposo debe atenderte todo el dia, tomarte la fiebre, ponerte la bolsa de agua caliente, el Vic Vaporub en el pechito, bancarte tus quejas cuando te duele la garganta, se te caen los mocos, se te parte la cabeza, etc. Cuando no podés dormirte a causa del inmenso sufrimiento, se lo hacés saber exagerando la tos, emitiendo sonidos guturales o despertándolo para decirle que te duele. Obvio que a la vez tiene que calmar a los pendejos rompe huevos esos, que empeoran tu agonía. Inclusive analizás llamar a un cura, porque en cualquier momento partís con San Pedro.

A la noche, vos mujer, llegás reventada, te recibe tu marido con la cena lista, los niños bañados y el perro alimentado. A pesar que tuvo que ir al mercado con los niñitos colgando de los brazos, corriendo a los gritos, pidiéndole que les comprara cuanta porquería se les cruzó. Encima, tuvo que atender a toda la niñez del barrio que cayó a tomar la leche a tu casa. Sin embargo, entre todo el quilombo, tuvo tiempo de depilarse con pincita la cara y con cera caliente el cavado y las piernas. Una vez que parten todos los pendejos, queda la casa para que la limpie el divino de tu marido, que tiene que despegar comida pegada de sitios inimaginables, entre otras cosas.

Luego de la cena, te sentás en el sillón más cómodo a ver tu programa favorito, sin consultarle a tu marido si le gusta o no, si la que llegó rota del laburo fuiste vos. ¡La única que trabajas por el bien familiar sos vos!

Luego de que tu maridito se cerciora que los niños están dormidos, parte a la cama donde vos ya estás con la baba media caída desde hace media hora que te acostaste. Lo peor de todo es que cuando le sugerís tener sexo salvaje, el muy ingrato te dice que le duele la cabeza o que no tiene ganas. ¡Pero si no hizo nada en todo el día! ¿Qué caradura, no?

Fuente imagen:
www.terra.es 

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