Sest Beller, el mendocino que quedó afuera de los Juegos de Atenas 2004

¡¡¡Iuuuupiiiii!!! Faltan horas para el comienzo de las Olimpíadas 2012, que traducidas a la vida del Choripán Peña se resumen como 30 días en los cuales desisto de asistir a cualquier evento social; rechazo posibles citas con alguna mujer u hombre (en la vida no hay que privarse de nada); me ausento del trabajo; evito las salidas nocturnas; elimino el almuerzo y la cena de mi dieta personal; apago mi Nokia 1100 con linterna; me autoimpongo un celibato masturbatorio; le aviso a “la Choly” (la prostituta robusta y tetona de la calle Rioja) que no requeriré de sus servicios por un mes; y me dedico a escoltar al ex robusto y tetón, Gonzalo Bonadeo, en las transmisiones de T.V. día y noche; acompañado sólo de mi sillón, la Bombona (mi gata), los snacks y bebidas previamente adquiridos en el mayorista Makro, el despertador (programado para que suene cada 7 horas, para no olvidarme de ir al baño) y mi tamagotchi (para que no se me muera el dinosaurito).

Es que las Olimpíadas despiertan en mí esa felicidad sólo comparable con la alegría que puede sentir un ebrio cuando, una vez acabado todo el escabio y sin haber saciado todavía la graduación alcohólica necesaria para evitar violentarse en su sangre, recuerda que había guardado una botellita de vino blanco en el congelador.

Porque los JJOO poseen todas las cualidades por las cuales adoro el deporte, donde los mejores serán premiados y los perdedores reconocidos. Donde en el mismo predio se entrecruzan atletas que ganan millones, distinguidos mundialmente, con gente que tiene su trabajo para sobrevivir y se hace un tiempo para practicar eso que ama. Donde cada deportista carga en su espalda una historia de logros y frustraciones (mayormente esto último) digna de contar, así como Sest Beller, el mendocino que, por una jugarreta del destino, quedó afuera de los Juegos de Atenas 2004.

Beller nació en el extravagante departamento de Las Heras, cuna de astutos políticos e ilustres delincuentes; y, especialmente, de astutos e ilustres políticos delincuentes.

Su existencia se debe al fruto del encuentro sexual entre su madre, “la Peruana”, y el “gringo” Beller, un ruso que arribó al país en el año ’85, para reforzar al plantel de Huracán Las Heras que se preparaba para afrontar el Nacional de ese año. Lamentablemente para él, su debut en el Globo nunca pudo concretarse. Mucho tuvieron que ver las malas juntas del europeo. Las advertencias de parte de los dirigentes de Huracán de que se alejara del “Aserrín” Hidalgo, el “Tuca” Amstutz y el gordo Miranda, fueron vanas. Un mundo de marihuana de mala calidad, cocaína que lastima la nariz y mala pronunciación de la letra “r” se presentaba en el camino de su andar. Murió intoxicado por consumir tierra en exceso, o por lo menos es lo que dictaminaron los doctores, luego de haber sido hallado enterrado en el Borbollón, tras encontrarse desaparecido por 15 días.

Su primogénito, Sest, heredó de su padre el amor que alguna vez tuvo por el deporte, además de su extraña obsesión por desear las pertenencias de otro individuo, detalle que le ayudó en su preparación física.

Ya de infante desarrolló una destacada destreza para esquivar obstáculos y una llamativa velocidad a la hora de correr, una vez que había concretado alguna inocente travesura caratulada como “destrozo de la propiedad privada”, “robo armado” u “homicidio agravado por el vínculo”. Cosas de niños, nada grave.

Fue en una de esas ocasiones que el señor Dior Viola, presidente del club de bochas y atletismo “Pedo y Filos”, descubrió en un adolescente Beller sus habilidades deportivas, cuando el joven intentó adueñarse de su Ford Falcon y de obligar a su hija a que le practique sexo oral a punta de pistola, hecho tras el cual el mismo Viola se encargó de perseguir al descuidado chico durante 5 cuadras, ejecutando disparos a través de su rifle de caza, al grito de “¡Vení acá hijo de puta, te voy a hacer mierda!”. Luego del episodio, de una “charla” en el despacho del hombre y de un fémur fisurado, lograron entablar una hermosa amistad.

Los años transcurrieron y la vida de Beller dio un giro de 180 grados. Bueno, digamos de 157, aproximadamente. Ya habían quedado atrás las drogas, el alcohol, la profanación de tumbas, el canibalismo, la violencia de género, el exhibicionismo en colegios primarios, la necrofilia, el desmembramiento de cadáveres para venta de órganos y, quizás su problema más grave, su adicción para con los juguitos congelados sabor ananá. De pedo que si de vez en cuando robaba una billetera en el micro o mutilaba con su navaja a alguna mujer en un callejón oscuro, como para despuntar el vicio.

Dedicó la mayor parte de su tiempo a su demandante preparación física, la cual realizaba con el mayor de los profesionalismos, siempre con la vista atenta de su mentor, Dior Viola. El entrenamiento constaba en que Sest corriera los 200 metros con vallas, donde los obstáculos eran figuras que emulaban a policías apuntándolo con una 9 mm, mientras el señor Viola lo perseguía con el ya mítico rifle, efectuando disparos en sus tobillos, siempre que él creyera que Beller estaba marcando un mal tiempo. Si bien la práctica era cruel para con su físico, el cual terminaba erosionado y con heridas difíciles de sanar, los resultados eran asombrosos.

Fue así que no se vieron sorprendidos cuando el mendocino ganó el Nacional del 2002 y luego consiguió la tan ansiada clasificación a Atenas, en los Panamericanos de 2003, logrando dos marcas históricas: récord panamericano en los 200 m con vallas y récord Guiness (con certificación oficial y todo) en ser el individuo que más utilizó la palabra “manso” en un discurso deportivo.

El año previo a la disputa de los Juegos de Atenas fue arduo y exigente en cuanto a preparación física. El viejo Viola había empezado a beber con más frecuencia que antes para matar la ansiedad, y solía llegar en pedo a la pista de atletismo. Su puntería se veía afectada por el alcohol y varias veces debió suspender la práctica para llevar a Sest al hospital, luego de haber disparado en la espalda, glúteos o cabeza del joven. Pero el cuerpo de Beller parecía de granito, y siempre se reponía de los distintos ataques de su entrenador.

A un mes de la cita olímpica, el viejo decidió regalarle a su pupilo, quien a su vez le había comentado al hombre de la llegada de su séptimo nieto, una cena especial, escapando un poco de la dieta equilibrada que le había impuesto. Lo invitó a comer lomos al prestigioso Restaurant lasherino, “Papito Barloa”. El chico aceptó gustoso, así como aceptó cuando la moza del lugar le preguntó “¿El lomo lo querés con mayonesa casera?”. Ahí radicó su error.

Días después de ingerir ese paradisíaco aderezo, llegó un doloroso aviso al club del viejo Viola. El antidoping de Sest Beller había dado positivo y no podía competir en Atenas.

El siguiente, fue el texto que llegó a manos del señor Viola, luego asesinado por su su ex entrenado y yerno, Sest Beller, quien ahora se encuentra cumpliendo una condena con posibilidad de ser el primer caso de pena de muerte en el país, tras cometer numerosos y crueles delitos:

El análisis detectó los siguientes componentes en el organismo del señor Sest Beller:

  • Efedrina
  • Cocaína
  • Heroína
  • Granadina
  • Manzanilla
  • Mansas tillas
  • Multi-O
  • Ántrax
  • HIV
  • Semen
  • Rúcula
  • El ingrediente secreto de las cangre-burguers
  • Jugo Zuko (varios sabores)
  • WD40
  • Reduce Fat Fast
  • Grog
  • Café veloz

Dados los resultados arrojados en el estudio del orín del atleta en cuestión, se procede a informar al señor Beller que será suspendido de participar en cualquier evento deportivo por el resto de su vida; y se le recomienda (esto como cosa nuestra) un transplante urgente de hígado y sistema digestivo a la brevedad. De no ser posible esto último, sugerimos al deportista tomar el primer avión que se dirija a Ibiza, y gastar sus ahorros en alcohol, putas y drogas varias, ya que le espera un futuro no muy prometedor, físicamente hablando.

Ernest Faloperum.

Oficina de antidopaje y recreación nocturna de los Juegos Olímpicos.

Ciudad del Cabo, 20 de Julio de 2004.

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