Ser Padres Hoy

Decidiste tener un hijo o fuiste tan nabo que te la echaste. El tema es que se viene el crío. Yo te voy a cantar la justa, pichón. No hagas caso a las viejas que te dicen: Es lo mejor que te va a pasar en la vida, todo va a ser felicidad. Lo más probable es que sí sea lo mejor que te pase en la vida, pero lo que es seguro es que te va a costar un huevo. Olvidate de la vida que tenías. Ya no la tenés. Así como Rogue le absorbe la vida a Wolverine con sólo tocarlo, exactamente igual te va a hacer el niño a vos. Vas a dejar de ser padre cuando te mueras, cuando es bebé no dormís y cuando se vaya de putas a los 20 años, tampoco lo vas a hacer.

Acá dejo una comparación de la situación en un antes y un después, que calculo que servirá para control de la natalidad, por lo menos para los lectores del Mendo:

ANTES: Eras el guacho pistola que ponía cara de Santo Biasatti estreñido y dirigías miradas asesinas a los padres de los pendejos que molestaban en espacios públicos.

AHORA: Mientras tu niño llora, patea a los otros, grita sin motivo aparente alterando la paz del resto del mundo en cualquier lugar, mirás a los demás con una sonrisita tímida de pelotudo, pensando que la gente tiene que bancarse esto porque “es un niño”.

ANTES: Te echabas a dormir a cualquier hora, tu indicador onírico eran tus ganas y tu voluntad. Hoy te quedabas a pajerear en la cama todo el día, los fines de semana te clavabas una siestita de diez a una de la mañana y salías a romper la noche, repitiéndose así un ciclo de puro placer over and over again.

AHORA: No volvés a dormir en tu vida. Tu hijo te maneja los horarios de sueño, si es que se le canta concedértelos. Te vas a cruzar con padres que te van a decir que su bebé duerme toda la noche y que es un santo.  Puras mentiras para hacerte sentir un zombie infeliz, cuando ellos están en la misma. Gente hija de puta.

ANTES: Baño rico y relajante, en el que hurgás cada resquicio de tu cuerpo, te quedás abajo del agua meditando sobre porqué venimos al mundo y quién habrá matado a Kennedy. Hacer del segundo era la oportunidad para nutrirte con grandes obras de la literatura universal.

AHORA: No podés ni cagar en paz. El pendejo aporrea la puerta llamándote a los gritos la mayoría de las veces. Las partes corporales que requieren de mayor dedicación quedan en stand by. Mugre rabiosa en codos, talones y algunas otras partes porque te vas a lo principal y salís echando puta ante el llanto del pendejo y la posibilidad de que prenda fuego la casa en el lapso que te higienizaste.

ANTES: Te gastabas la mitad del sueldo no sabés en qué y la otra mitad en joda, chupe, diversión, comer afuera, cine, casino, porquerías para comer, puchos, etc, etc.

AHORA: Te gastas la mitad del sueldo en pagar la tarjeta con la que compraste en 350 cuotas un cochecito, una cuna, un andador, un autito a batería y/o muñeca que habla, una cocina, lavarropas y heladera. La otra mitad la usas para los impuestos, alquiler, remedios, ropa de bebé que usa dos veces nada más, etc.

ANTES: Mañana: (-_-) Tarde: Películas. Primera noche: Two and a half men, Dr. House. Noche profunda: Cougars Vs. Kitties, Milfs reloaded.

AHORA: Mañana: Barney. Tarde: Barney. Primera noche: Barney. Noche profunda: Backayardigans…y Barney.

ANTES: Tu número de afiliado a la obra social lo sabía tu mamá, tu ropa y zapatillas las lavaba tu mamá, tu pieza la ordenaba tu mamá, cualquier problema lo soluciona mamá.

AHORA: De no saber nada más que cómo hacerte la paja, de repente sos responsable de una mini persona, que te genera pánico. Tenés miedo que se caiga, se ahogue, se pegue, te lo roben, no saber qué le duele, porqué llora, porqué grita, no sabés qué puta es lo que quiere.

ANTES: Voy a tener 4 hijos: dos varones y dos nenas.

AHORA: ¿Cómo puta hicieron mis viejos para bancarse cuatro pendejos de estos, mother of fucking god?

Eso sí, lo bueno de todo esto es la parte en la que sos capaz de bancarte todo lo anterior y olvidarlo en el instante en que el pendejo de mierda te hace una sonrisa…

«Dedicada a mi amiga Andy Farachi, que no tiene ningún hijo, pero su aversión hacia los mismos, inspiró esta nota…»

 

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