Llegó el día esperado. Te levantaste tarde haciéndote el difícil, sabiendo que estaban todos como giles esperando que abrieras los ojos para llenarte de abrazos, pellizcos y besos húmedos en las mejillas ¡que sorpresa!, mientras tu mente maldice a los cuatro vientos.

Vos respondes a todas las palabras y saludos y te sentís por momentos el intendente de la comuna. Si hubieras tenido diez años te hubieran llenado de juguetes, pero ya estas bastante crecidito y lo único que recibís son medias y calzoncillos y algún otro kit de perfume + desodorante + espuma después de afeitar. Del auto ni hablemos.

En tu casa están todos con los preparativos de la gran fiesta. Tu vieja preparando turrón alemán y cuarenta docenas de empanadas para los buitres de tus amigos, mientras vos te vas directo a la calle a recibir más saludos y a aumentar tu ego. No sin antes pasar por el baño para acicalarte, te medís la pelusa que tenes como bigote, pensando que tendría que medir5 centímetrosmás desde ayer que tenias17 ahoy a la mañana con 18. Satisfecho con el resultado (cada uno ve lo que quiere ver), salís a la calle como un campeón. Del auto ni hablemos…

Luego de unas horas te das cuenta que te equivocaste en salir. Tus amigos se hacen los giles y te rodean para aplicarte el archiconocido “capacho”, siendo victima de mil patadas en el culo y cachetadas con la mano abierta en la espalda, a las que aguantas estoicamente como un hombre con los dientes apretados y contando en silencio los segundos para que pase la odisea. Con suerte le podrás usar el auto a tu mamá.

Después viene el rapado de cabeza. A la mierda el peinado estilo Nick Carter que habías tardado tanto tiempo en adquirir. Te quejas y pataleas, pero es al pedo, no hay piedad por parte de los “verdugos”. Pelado y a gamba quedaste.

De ese modo volvés a tu casa rapado, con la camisa rota y todo sucio, al mejor estilo Rambo versión budista.

Pero lo peor aún esta por venir… cien personas metidas en un comedor de 8 x 12 mascando pizza y tomando jugo barato.

Los hombres hablando de fútbol, las mujeres histéricas de acá para allá, pasando con bandejas plagadas de comida, las abuelas sentadas comiendo como jugadores de rugby, los niños corriendo por toda la casa, el perro pasando por entremedio de las piernas de los invitados, etc. Te prenderías un petardo en la boca y harías estallar tu calva cabezota.

Todos te miran, y vos ahí….con la frente en alto rodeado de amigos en la punta de la mesa, al mejor estilo Mirtha Legrand con pito. Observando el caos generalizado por tus 18 años cumplidos. ¿Dónde poronga está el auto y los coitos infinitos que los primos grandes contaban?

Las luces se apagan y viene la famosa torta: 3 kilos de crema y merengue y una bengala incrustada que al prenderla deja la casa llena de humo como si hubiera entrado gendarmería a reprimir y con un olor a mierda terrible.

Todos te cantan el feliz cumpleaños y a vos te entra la desesperación, estas parado como una estatua sonriente sin saber que hacer. ¿Aplaudo?, ¿me río? ¿Canto con ellos? Por las dudas haces las tres cosas juntas como método de autodefensa.

Finalmente descorchan una sidra y el famoso brindis, con dos dedos de bebida porque calcularon mal. Del auto ni noticias… se acabó la ilusión.

La jornada termina y te vas a la cama fundido, rapado, magullado, avergonzado, empachadoy a gamba. Por lo menos hay unos centímetros de bigote nuevo.

Llegas a la conclusión que salvo por estar habilitado para conducir, los 18 son una garcha.

Fuente de las imágenes:
juegalaroja.com
taringa.net 

Escrito por Gusty Olivares para la sección:

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