¿Por qué las mujeres dudamos?

Es una cosa o la otra, “es blanco o es negro, es playa o montaña, es gato o perro”.

Solo bastan este conjunto de preguntas pedorras para determinar el sexo de una persona. Estoy segura que la mayoría de los hombres elegirían una sola opción sin dudar. Pero nosotras, hijas de la contradicción que venimos mamando desde chicas siempre dudamos. Nos gusta el color blanco pero en la ropa preferimos el negro porque adelgaza, preferimos la montaña en invierno y la playa en verano, preferimos los gatos pero no los que se le acercan a nuestros novios. Somos así de complicadas.

 ¿Por qué digo que venimos mamando esto desde chicas? Simple: En los típicos juegos de la infancia ellos jugaban a las carreras, uno gana y el otro pierde; Jugaban a la guerra, uno mata y el otro muere; Jugaban al futbol, el equipo goleador gana. En cambio, ¿Nosotras a qué jugábamos? Al cumpleaños, a la mama y al papa, entre otras situaciones ambiguas del orto que sin darnos cuenta conspiraron con nuestro poder de decisión haciendo todo más complicado para después responder a casi todas las preguntas con un “No sé, me da lo mismo, elegí vos”, cuando en realidad sabemos perfectamente que no nos da lo mismo y nos encontramos de nuevo en esas crisis existenciales de reclamos invisibles hacia el otro porque pretendemos que lean nuestra mente.

Creo que hace poco encontré mi lado femenino, ese contradictorio y es que amo corregir pero odio que me corrijan. Nada en el mundo me pone más histérica que me hagan notar un error. Ah si, que me digan histérica o “basta tranquilízate” cuando estoy histérica y estar calmada en los momentos donde no debería estarlo o quizás darme cuenta en un párrafo que soy más mujer de lo que pensaba, que uso mis notas como diario íntimo y que tengo un síndrome pre-menstrual bastante importante.

Fuente de la imagen:
blogmujeramujer.blogspot.com.ar 

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