Recuerdos Repentinos: Corten, se imprime

Justo en la radio tenían que tocar esa canción.

¡Sabes de lo que te estoy hablando! Esa canción que hace que en tu mente, todo parezca un video musical. Es que la TV nos cagó la vida, viste…

Y es la primera toma, cuando la guitarra distorsionada arranca. Se ve en primer plano a un hombre –que sos vos- caminando. Entonces la batería revienta en cuatro cuartos, mas rápido de lo normal. Y vos empezas a correr por las calles de la ciudad,  mientras la gente te mira desconcertada. Ahí está el loco ese, dicen, corriendo por las calles con banda de sonido propia ¿Adónde va? ¿Por qué tanto apuro? Pero no hay respuestas, son solo cinco minutos de un videoclip.

Seguís corriendo calle abajo, la voz del vocalista ya está inundando todo espacio citadino. Primerísimo primer plano a tus pies al doblar en una esquina. Corten, se queda.

Un bajo que desgarra notas puras es lo que sobresalta de la siguiente escena. Un timbre que suena en una puerta de una cuadra poco transitada. Todo sigue moviéndose acelerado. La música es todo el sonido de fondo que se necesita. La música y nada más. La puerta se abre, y aparece una mujer justo cuando la batería marca un rulo.

Apurado como estas, entras con la fémina a la que se supone, es su casa. Sin decir palabra, comienzan a desvestirse mutuamente. La cámara enfoca cualquier cosa: la ropa que cae, una tetera que hierve, una cortina que se mueve. Pantallazo en negro de un segundo, corte en la canción…y arranca el solo de guitarra: se difumina la imagen de dos personas teniendo sexo exagerado sobre una cama. Corten… ¡Hey!… ¡Hey! Corten.

Cuando el vocalista retoma con la letra, la escena te muestra a vos corriendo con el pantalón a medio prender y una remera en la mano. Te muestra cansado y agitado, pero feliz. Seguís corriendo sin saber adónde, mientras la gente te mira con más incertidumbre que antes.

Llegas a una plaza, justo cuando la canción está marcando las últimas notas, y te dejas caer en un banco. Una batería que retumba sobre un redoblante de forma repetida. Una guitarra y un bajo que la siguen. Un grito casi gutural del vocalista. La canción termina y la cámara te enfoca a vos sentado en ese banco de plaza, mientras tu cara sonriente se esconde debajo de tus pelos enmarañados. Pantallazo en negro final. Corten, se imprime.

La radio deja de tocar la canción, y vos te sacas los auriculares. La ciudad sigue teniendo esa música horrible de rutina. Te paras del banco de plaza en el que estabas sentado, te pones la remera, reís por lo bajo y seguís camino.

Acabas de vivir una de las más lindas formas de recordar, lo que te acaba de pasar hace 15 minutos atrás.

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