Tengo duda la Podonga

El día comenzaba semi nublado, tal como me gusta, el despertador como de costumbre sonaba diez minutos antes de apoyar mi pie derecho sobre la alfombra que asoma bajo mi cama. Todo parecía perfecto, un día más de vida en este maravilloso mundo…

¡¡Esperen!! No se vayan, que no es un poema, novela o relato de mi vida… ¡está bien! Le doy un vuelco a mi historia.

Me levantaba como un día normal, en la tele aparecía Ricardo Mur con su célebre frase de los madrugadores, yo, como de costumbre la refregaba el ganso en una de mis veinte estiradas.

El celular que me avisaba de un evento importantísimo, hoy la Rosa y la Julia me habían propuesto un trío. ¡¡Sí!! Ese par de yeguas infernales, en un ring compuesto de sabanas de algodón egipcio, contra mi desprotegida persona, ¡pobre de mí!

Primera vez que experimentaría tal evento, fue por ello que pase por la primera farmacia y de una me metí a comprar una ayuda memoria, o sea la clásica Parapitol…

Anto – Hola viejo, habilítame un viagra…

Farmacéutico – Si loco, tomá, en caja te cobran.

Anto – Pero preguntame si traje la receta.

Farmacéutico – No, son de venta libre estas.

Anto – Puta madre, colaborame con la notita tarro de bosta.

Farmacéutico – Ok, ¿trajo la receta?

Anto – ¡¡No, pero traje al enfermo!! Jajajajaja (solté la carcajada)

Salí de allí y tal vez de la emoción, que se yo, me paré en el bebedero de la plaza y me mande una pastilla.

Lo que sucedió lo voy a resumir en una palabra ¡¡Apa Che!!

Una viejita que pasaba por la calle, al verme se bajó levemente los anteojos mientras me decía

Vieja – Apa mijo ¿no quiere ir a echarse una meadita en mi casa?

Seguí caminando, y típico, pasa Ornella Ferrara y me regala un clavel a cambio de un beso…

De repente una nenita que grita.

Nena – ¡¡Mi gatoooo!!

El animalito estaba atascado arriba de un árbol.

Anto – Nena, tapate los ojos.

Tome un poco de dulce de leche, me lo unté en la cabeza del puntero láser  y se lo arrimé al felino, el cual en forma mimosa accedió a bajar del árbol.

Sigo caminando quien sabe por dónde, me encuentro a mi amigo albañil Juanchy Villalobo.

Juanchy – Anto ¿Cómo andás come trabas?

Anto – Pará loco, que esta es mi nota y la leen más de diez mil personas, no seas buche…

Juanchy– Diculpame Anto, es que estoy en otra hoy, es que estaba clavando unas chapas y se me rompió el martillo.

Anto – Y, las chapas son como las chivas, si no las clavás se vuelan…

Seguidamente saco el pedazo de garompa que había logrado con la pastilla mágica y le completé el trabajo a mi amigo, el que me agradecía fervoroso y con la boca llena de baba.

No sé porque bosta ando caminando en esta nota y no ando en mi nuevo Fiat Uno Way que acabo de adquirir…cosas que pasan.

Diviso a lo lejos un vago descalzo…¡¡pero si es mi amigo Homero Calderón!!

Anto – Loco ¿Qué haces en pleno invierno a pata?

Homero – Es que tengo las chancletas debajo de la cama y me da miedo meter la mano, payaso me come…

Anto – ¡¡Tipo huevos peludos che!!

Demás está decir que desenfundé la nutria, se la metí hasta el fondo, y se la saque hasta con los cordones. Y desaparecí cual ninja que se echa un polvo.

Anto – Como van a gozar estas minas (decía mientras escuchaba el tema de Machito Ponce “Te voy a poner a gozar”)

¡¡De pronto!! Me encuentro al Gurkha…

Anto – He, Guako ¿qué haces?

Gurkha – No me digas así che mascón…

Anto – decime ¿se te empantanó el Taunus y querés que te lo saque con mi linga?

Gurkha – No estúpido, levantate que tenemos que ir a la redacción del Mendo…

Anto – ¿Cómo levantate?

Miro a mí alrededor y estoy nuevamente en mi cama, el desayuno preparado por el Gurkha en mi mesa de luz, no entendía nada. Rápido miro debajo de la sabana como buscando el terrible pedazo de choto que aquel viagra había levantado…

…Todo era un sueño, la seguía teniendo chiquita como siempre…

 

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