Los cuentos que Diem cuenta: Llamada de madrugada

No voy a mentirles, esta nota está escrita con total veracidad. Rompe, tal vez, con todos los parámetros a los que los tengo acostumbrados. Son las 2:57 de la mañana, recién después de un largo fin de semana puedo sentarme a escribir. Veo el cursor titilar en lo blanco, y sé que la hoja no tardará mucho en mancharse de pensamientos. A diferencia de otras veces, esta vuelta tengo la total seguridad sobre lo que le voy a hablar.

Pero…

Es curioso como todo en el universo complota para que las cosas salgan o no. Hablo de todas las cosas en general, tanto de las buenas como de las malas. Todo puede salir perfecto o puede salir incorrecto…es uno el que elige, pero es el universo el que decide.

Muchas veces no lo creo así. Pero esta noche el universo apunto el dedo y me dijo “No, así no. Así tenes que hacer”; y me dejo perplejo, porque cambio totalmente mi cabeza.

Juro que estaba dispuesto a algo específico cuando me senté a escribir esta nota. Juro que iba desatar la rienda de mis letras para desvirtuarles su lunes y transformarlo en viernes. Juro que estaba dispuesto a acompañarlos en la rutina, a hacer su compañero en este comienzo de semana.

Pero…

2:46 de la madrugada: acomodo el teclado para comenzar a escribir. Ajusto los dos dedos índices sobre las teclas. Estoy por presionar. Pero algo me detiene: el teléfono de casa suena. ¿Qué? ¿Tres de la mañana y suena el teléfono? Rápidamente mi mente piensa lo peor, un teléfono que suena a esa hora, solo trae malas noticias. Me paralizo y no atiendo. Mi mente vuela otra vez y me convence de que es un error de la compañía, que solo va a sonar una vez y nada más. Pero no, el timbrar se siente otra vez.

Mis pupilas se dilatan, me levanto de la silla e intento llegar al tubo. Pero ahora solo hay silencio nocturno en la casa. El teléfono enmudeció. Entonces me asusto más. Como en alguna mala película de terror, espero que pase lo peor y mas insólito…pero nada. La noche y su voraz mutismo se comen la escena y la llevan al olvido.

 Vuelvo a concentrarme en la hoja en blanco y entiendo rápidamente. Tal vez no debería decirles nada de lo que les iba a decir, y por eso el universo me llamó…para cambiar mi escrito. Para patear todas las ideas de mi mente y dejarme con esta reflexión (que de reflexión tiene poco).

Estoy terminando de escribir, y me convenzo por la lógica. Tal vez sea algún número equivocado. Un botón mal apretado en algún celular, solo eso

Pero…

¿Y si no es así?

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