Los cuentos que Diem cuenta: Es como un arcoíris

Salgo a caminar porque no me queda otra cosa que hacer. Estoy buscando una razón para sonreír. Experimento la mediocridad en su máxima expresión: el sentirse mal sin sentido valido alguno. Tal vez me dejé llevar por los problemas de otros, tal vez el trabajo se volvió inestable, tal vez las discusiones de minutos se tornaron de horas, o tal vez sólo estoy triste por algo…pero no sé por qué.

Un frio extraño empezó a apoderarse de esta primavera que promete un verano inaudito. Es curioso que justo un día extraño de primavera se vuelva frio. No estoy criticando, para nada; prefiero mil veces el frio al calor, incluso siempre me declare némesis del verano…pero hoy preferiría que fuera un día de sol. Un día donde algo me diga que todo va a estar bien. Lo busco, pero solo encuentro el gris de la ciudad.

La caminata ya se hizo algo extensa. Mis bolsillos comienzan a cansarse de llevar a mis manos empuñadas de bronca. Me siento en el bar de siempre y con un gesto de mi dedo en el aire, le indico al mozo que me traiga lo de siempre. La espera es corta; rápidamente tengo frente a mí un trago corto de whisky con una servilleta de papel doblada debajo.

Miro a ambos lados de la mesa para enumerar a los clientes. A mi derecha nadie, a mi izquierda sólo una persona con un café teñido de leche. Este último se encuentra leyendo el diario, en sus manos refleja el suplemento económico. Noto que el anciano comensal está dibujando caras de inflación e hiperinflación. Aprieto los labios hacia adentro esbozando una pequeña sonrisa mientras muevo la cabeza en señal de negación. Sé que hoy estoy triste por algo, pero a veces veo  gente que está totalmente perdida. Mis adentros piensan: “Mira que sentarse a leer malas noticias…como si no hubiesen malas noticias con que lidiar. Que ganas tienen algunos.”

De repente de la nada, como si la primavera me hubiese enganchado con un derechazo, me acuerdo de ella. Busco en el bolsillo de mi bolso la lapicera de siempre. Entonces saco la servilleta que está atrapada debajo del vaso, la abro completamente y escribo “Ella aparece con colores por todos lados. Es como un arcoíris” Se que estoy citando una hermosa y vieja canción…pero es una frase que siempre me hace sonreír. A veces me siento tan apretado en la incomodidad de mí ser, que busco esos pequeños salvavidas del subconsciente para sentirme bien. Y, déjenme decirles, muchas veces esos salvavidas se transformaron en la ayuda completa.

Pensar en ella tal vez sea todo lo que necesito. Pero ¿Por qué quedarme ahí?

De tres sorbos certeros, y en menos de quince minutos, termino el whisky que tenía frente a mí. Pago la cuenta y saludo por educación. Tomo la servilleta y me creo una misión secreta del día;  consiste en acomodar la frase escrita en la servilleta, entre el diario del cliente de mi izquierda sin que él lo note. Tengo la esperanza de cambiar su seño fruncido por uno de sorpresa en cuanto encuentre esa frase. Meticulosamente lo consigo y salgo a la calle nuevamente. Lamento no estar ahí cuando el anciano comensal encuentre la sorpresa, pero mi destino suena más encantador.

Los pasos son seguros y presurosos. Ya el día no es tan gris, sino que el curioso frio primaveral se siente agradable.

“Ella aparece con colores por todos lados…”

A solo un par de cuadras de la puerta de su casa. Golpeo, y al instante abren la puerta.

“Es como un arcoíris…”

Y ahí está. La razón para sonreír hoy, y también toda la eternidad.

También podes leer:
Llamada de madrugada

El año pasado escribíamos:
Dedicado a mi amigo Bomur