Ingresar por la puerta de atrás (Primera parte)

No seamos ingenuos. Más allá de que soy lasherino, fumo porro y tomo vino, no voy a comentarles sobre cómo entrar a robar una casa forzando la puerta del patio. Tampoco voy a hacer referencia a cómo podemos hacer que nuestr@s amantes nos visiten por entradas alternativas.

Lo mío es distinto, pero no menos peligroso.

Sabrá, mi querida lectora, que el hombre tiene y siempre tendrá fijado en su cabeza la idea de ingresar por detrás. Dejémonos de joder, tanto misterio me está haciendo doler el perineo.

Hablo sobre “hacer el orto”, “entregar la cajeta”, “romper el ojo mocho”. Es una difícil misión que todo hombre activo se propone y, sin embargo, dicha actividad encierra muchas mentiras que intentaré debelar.

“Culear es amor”

Terminemos con la falacia de que entregar la cola es un acto de amor. Amor es que tu chica te destape una cerveza y te la chupe mientras jugás a los videos juegos, que luego te prenda un pucho, lo coloque en tu boca y corra a hacerte una buena pizza con morrones. Eso es amor. Amor es que no rompa las pelotas, que no sea histérica, que no haga planteos chotos como “¿Preferís jugar al fútbol el sábado o ir al shopping conmigo?”. Amor es que alguna vez pague el telo.

“Por atrás, no duele”.

Osea, el ano es pequeño. Más allá de que se dilate, de que se abra como las piernas de Moria Casán a los catorce años, de que hayan entrado llaveros, botellas y los siete enanitos de yeso que tenía mi abuela en el jardín no quiere decir que no vaya a doler. Es algo físico, es algo obvio. Metéle escupida, metéle vaselina, rezá un rosario. No hay caso, va a doler igual.

“Queremos ser padres de un nene, por eso me entran por atrás”.

Conocí el caso de unos imberbes norteños ignorantes que querían tener un hijo (un varoncito) y es por eso que tenían sexo anal. Pensaban que si tenían sexo vaginal en nueve meses iban a  tener una nena (is true history). Además, estos pensamientos van de la mano a ideas como “quiero tener un hijo gay, cogéme mientras escuchamos Madonna”, “quiero que sea doctor, acabáme en la espalda y escribí Paracetamol”, “quiero que sea una verborrágica, conchuda, insoportable… garcháme viendo la Cadena Nacional”.

“Puede ser limpio”.

Amigos, por el tuje cagamos, no puede ser muy limpio que digamos. Mi abuelo en la cena navideña de 1997 declaró: “Si estás dispuesto a entrarle a la manzana, sé consiente de que puede estar podrida”. Traduciendo la metáfora, mi Tata quiso decir algo así como: “Si culiás, puede salir embarrada”. Atenti. Esto puede dejar traumas irreparables.

“Tocar/chupar anos es para trolos”.

Lo que pasa en la cama se queda en la cama. Tu chica te puede dar unos toquecitos suaves, una lamidita sin la necesidad de que después te vuelvas una loca desaforada y andes buscando vergas para chupar. El sexo involucra cuerpos, sudor, gemidos, piel…hay que aprender a explotar la sexualidad recurriendo a  todo.

“Si te hacen el orto te va a crecer”.

Es uno de los chamuyos más corrientes a los que recurrimos los hombres para poder llegar a hacerle la cola a alguna loquilla. El culo que tenés va a crecer y se va a formar con sentadillas, con gimnasio, con cucharadas de creatinina. Es imposible que crezca porque te metan un trozo de carne que te bombee el ojete.

Para terminar esta primera parte de “Ingresar por la puerta de atrás”, les dejo algunas frases que las mujeres no dudan en utilizar a modo de excusa a la hora de cerrar sus colas con doble cerradura y candado:

  • Se hacen las víctimas: “Es que me va a doler”.
  • Nos hacen creer que somos unos grosos: “Es que la tenés muy grande”.
  • Son asquerosas: “Amor, es que estoy que me cago”.
  • Son religiosas: “Ni que se aparezca la san concha de la Virgen de Guadalupe que te entrego la cola”.
  • Se hacen las románticas: “Es para una ocasión especial”.
  • Nos mienten: “Es la primera vez que voy a hacer esto…y…mejor no”.
  • Nos desafían: “Dale, pero primero te meto mi Dove a bolilla”.
  • Nos mienten asquerosamente: “Es que tengo hemorroides…te voy a ensangrentar la garompa”.

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