Picardía y religión: la mezcla perfecta para zafar

Muchos argentinos decidimos emigrar del país allá por el 2001, sentimientos encontrados de tristezas, sueños y cagazo de morir en el intento. Con mi primo Gonzalo Benenatti, decidimos incursionar en ese terreno y tomarnos el palo al país de los sueños: EEUU.

Después de vender varios artículos electrónicos, sacar prestamos en Montemar y pedir prestado para el pasaje y el pago a los coyotes, nos fuimos. Llegamos a Monterrey un sábado en la mañana, ya habíamos hecho los contactos con los famosos «pasagente» mexicanos, y a la espera de ser llamados a un hotel de media estrella en el último pueblo con seres vivos de esa localidad monterrezca.

No voy a contar lo que fue el paso y las torturas, aguantar que un mexicano te diga “pinche argentino, si queremos te matamos manito, pues nadie te va a reclamar wey” no fue lo peor, lo peor tampoco es pasar, sino que lo más difícil es permanecer sin ser detectado por los agentes de migraciones. Desde los atentados del 11 de setiembre del 2001, la seguridad en los Estados Unidos se hizo cada vez más dura.

Una vez instalados en Texas, nuestro sueño estaba por cumplirse: llegar a Irving, donde estaba mi viejo y empezar a trabajar. La cosa se complicó en un abrir y cerrar de ojos. Operativo en la Ruta 158 vieja, que en su momento unía Dallas con Irving. Con Gonzalo nos cagamos enteros. Presos. Nos delató una colilla de cigarrillo.

“Son errores que uno comete”, dijo Gonzalo, con un dejo de tristeza en los ojos. Yo creo que si uno está determinado a hacer algo, lo puede hacer. Y no nos damos cuenta de que ellos tienen el control de todo, todo el tiempo.

Detenidos en la Cárcel de El paso, en quince días nos mandaron deportados a Bs As, y el sueño de tener la casa, el auto y un perro, quedó engarronado como el pasaporte.

Ahora viene lo mejor: Como buen mendocino, pícaro y atrevido, las ideas no dejaban de llegar a mi cabeza, de alguna u otra forma tenía que volver, ya sin plata, con el garrón de Montemar y las deudas a mis acreedores en la punta del culo… usé mi inteligencia: Fingí hacerme TESTIGO DE JEHOVÁ, un amigo me invito a esas congregaciones y asistí, después de cuatro meses (si, cuatro), quemándome el cerebro, expuse querer dar la palabra en otras tierras, y es así que desde la Wacht Tower (¡Sede mundial de LOS TESTIGOS en EEUU!) mandaron la invitación a varios miembros y… ¡¡¡Hete aquí!!! ¡¡Estaba mi nombre!! Gente del salón del reino me tramitó el nuevo pasaporte y ¡voila!: El 18 de Agosto de 2002 ¡Pablito entró por la puerta grande  al país del tío SAM!

Obviamente me comí una semana con mis “hermanos y hermanas” y en menos de lo que canta un gallo, como un preso que se fuga por la noche, me tomé el palo a Texas. No tan solo conseguí trabajo en la Empresa Patagonia Group, sino que pude pagar mis deudas, tener mi casa, mi auto, un perro y volver con algo de plata para tirar un tiempo. Si bien no soy un tipo religioso (me gusta la birra, fumo marlboros y voy de putas como todo hombre casado común y corriente) agradezco a los Testigos de Jehová, aunque todavía me andan buscando para predicar. Dios me perdone, pero cuando uno se propone una meta… no hay mejor manera que sacrificarse para cumplirla, y ¿saben qué? ¡¡Dios es hombre guachín!!

Escrito por Penintenciario Encapuchado para la sección:

El año pasado escribíamos:
Mi vieja se hizo un Facebook