Molestos de todos los días‏

Todos los días nos encontramos con esa persona que decimos “Ay la puta madre ahí está…” y empezamos con la típica de pararnos a mirar una vidriera de lo que sea fingiendo interés, el celular suena imaginariamente, miramos el piso buscando plata, la mano en la cartera, el semáforo, lo que sea, todo con tal de no tener que saludar o tener que hablar con esa persona. Ni les cuento cuando tenés un inevitable encuentro con uno de estos personajes y no te alcanzan las neuronas para inventarte una excusa lo suficientemente creativa como para zafar y si no podés los minutos se te hacen tamaño hora más o menos.

Son molestos, irritables, densos y todos esos divinos adjetivos que se te puedan venir a la mente. Algunos de estos especímenes, pueden ser estos:

Los opinólogos: Molestos como ellos solos. Pueden tener títulos desde ingeniería hasta limpieza de veredas con escoba, todo para siempre demostrar que ellos saben mejor que nadie sobre el tema de charla. Si para vos el precio de la carne es una estafa, ellos pueden saltar tranquilamente con la historia evolutiva de la vaca, todo para decir que ellos la tienen clara en el tema, y que vos probablemente hables porque leíste el diario de pasada en la parada del bondi. En contra o a favor, este personaje puede llegar a despertar el instinto asesino hasta en una carmelita descalza.

Los metidos: Primos hermanos de los opinólogos, sólo que estos suelen ser encontrados opinando de temas que en efecto, son de índole personal del hablante, y provocan respuestas del tipo: “¿Y a vos qué te calienta?”. Su disfraz más común es el de la amiga de tu grupo, la tía que no tiene nada mejor que hacer, la vecina que se encuentra en la misma situación, los padres sobreprotectores que no aceptan que los hijos ya tienen pelos en zonas que no ven el sol, y hasta uno que otro vago que te hace dudar en las diferencias de género. También tienen las tendencias de aprobación o reprobación, cosa que los puede hacer un poco menos desagradables dada la situación, pero siguen siendo candidatos ideales para que se les retire la palabra, saludo y más de una vez posibles blancos para una granada.

Los moralistas: También parientes de los metidos, son los desaprobadores de todo acto que no consideren correcto para la moral humana. El sexo es para los degenerados, los tatuajes y perforaciones para drogadictos, las rastas para sucios, los metaleros aman a Satán. Estos personajes más bien ridículos, suelen ser las viejas que no se animan a decir pene en publico pero tienen 8 hijos que aparentemente nacieron de repollos, o simplemente no se animan a hacer las cosas antes mencionadas y se descargan criticando a la gente libre. Considero que la mejor manera de combatirlos o al menos devolverles el favor del mal rato es caerles a la puerta de la casa desnudos, llenos de tatuajes, aros, rastas y con un grabador que reproduzca Dimmu Borgir al palo.

Los que odian: Negativos, mala onda, deprimentes, inconformistas, un pelotazo en medio de la frente cuando venís cantando Miranda por la calle con una sonrisa de oreja a oreja. El mundo se acaba, la sociedad se pudre, el aire se contamina, el pan se puso duro, el perro ladra, se le pasaron los fideos; absolutamente todo y todos son una mierda. Y lo peor, es que tienen la inevitable necesidad de comunicárselo a todo el mundo, independientemente de si les importa o no. Desesperados por atención, buscan seguidores de su odio para clasificarlos como lo único lindo de su vida. Siempre que me encuentro con estos personajes me dan ganas de recomendarles algún lugar donde vendan armas y municiones a mitad de precio para finalizar con ese sufrimiento que los cansa tanto.

Los soberbios: Nadie es mejor que ellos, nada es suficiente, el mundo les quedó chico. Estos aparatos leyeron todos los libros correctos, escuchan la música de los dioses, se creen el milagro de la evolución. Nauseabundos y aburridos después de 5 minutos de conversación altamente egocéntrica. Una vez tuve la oportunidad o estaba lo suficientemente aburrida como para salir un par de veces con uno de estos engendros. El día que me dijo que lo nuestro no funcionaba porque estábamos a “niveles culturales distintos” lo que no había leído libros que eran el equivalente a Clonazepam en papel, tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no dejarle la tasa de café de sombrero en pleno ACA.

Los vendedores de ideas: Estos densos aman con fuerza sus ideales, creen en ellos y los viven a full. Pero como esto no es suficiente, intentan vendérselos a todo pobre infeliz que se ponga a hablar con ellos. Religión, política, estilos de vida o lo que sea, todos tienen que seguirlo, haciéndote que te comas charlas de larga duración en las cuales te quieren convencer de que limpiar los vidrios de derecha a izquierda es mejor que de izquierda a derecha. Merecedores de la conocida mordaza, son los principales candidatos para ser esquivados en plena calle excusando que te cierra el súper.

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