Una cita a ciegas virtual: ¡gracias Facebook!

A partir de este momento, finaliza el horario de protección a los boludos. Buenas queridos cirujas, borrachos, prostitutas y choferes de troles. Así comienza esta nota, con esas personas que nunca olvidaré, ya que fueron los primeros lectores cuando era columnista del diario de Bolsillo.

Espero esta historia los cautive, les enseñe y aprendan, no contiene malas palabras, así es que mi amigo Antonymou Mendolotudo, Don rata y su clan anti palabras sanas, no lo van a poder entender.

Mi matrimonio no era un matrimonio modelo, nos vivíamos peleando, insultando y nuestra relación estaba a punto del guampeo para ambos lados, si bien ambos teníamos Facebook y Badoo, la cosa no pasaba mas allá de unos simples mensajes con otros pares con ganas de encontrar una aventura. La cosa siempre moría ahí. Un amigo (no lo nombro ya que se enojaría conmigo, su esposa, la señora Bomur) me recomendó hacerme un Facebook alternativo. Con esas instrucciones empecé a incursionar en el mundo de la trampa.

Con el Perfil de macho equino y mi nick “Tripa, morocho mendocino” me levanté varias minitas, pero ninguna igual a “Princesa de Venus”, simpática, linda, y lo mejor es que sus fotos eran mas truchas que las de “Bairoletto”, obvio que las mías también,  pero eso no importaba. Tanto fué el enamoramiento que hasta sexo virtual teníamos (obvio cuando no estaba en casa) gracias a los consejos de “Ángel Martín Cáceres”. Ella me hablaba de sus fantasías, las cosas que la calentaban, las cosas que detestaba y mejor aún… que su pareja no la llenaba como mujer. De mi parte los secretos mas íntimos eran revelados, y saltaban a la vista como los Bora que tienes los pastores truchos de calle Lavalle.

Después de varios meses, y ya casi separado de mi mujer, decidimos juntarnos, ya que la cosa no daba para mas, el amor que se había gestado era mas grande, así como ver el gol de Maradona a los fucking Ingleses en el 86. Llegaba hasta soñar con esa mujer virtual, de su parte los sentimientos eran idénticos a los míos.

Día D: Recuerdo haberme depilado la entrepierna (para que mi pájaro se viera como un águila y no como una bolita de fuego), comprado Boxers nuevos y mi Chester Ice a full penetrado en la ropa. Lugar: un café del paseo Sarmiento. Pasado los quince minutos, esperaba a aquella chica con vestido violeta y sandalias blancas… yo para que ella me identificara iría de Jean celeste y camisita de bambula negra.

Por pelotudear con mi teléfono bajé mi vista un instante y no la vi entrar, solo observé a una mujer de espaldas hablando en la barra, vestida tal como habíamos quedado, con su pelo negro y largo con bucles, una espalda divina, y una cola dibujada, entró la excitación en mi cuerpo. Me paré para recibirla con un chocolate Hamlet y al darse vuelta… era mi mujer.

¿¿Ustedes creen que fue lindo?? ¡¡¡FUE HERMOSO!!! ambos sentimos lo mismo, después de cagarnos de risa y recordar viejas charlas de chat, disidimos irnos a un telo de calle San Luis, la pasamos bomba, ambos haciendo las cosas que nos confesamos, y lo mejor es que, desde ese día de otoño en la siesta mendocina, me enamoré de nuevo, me levanté a mi esposa por Facebook.

A veces las redes sociales no son tan malas,  sirven para encontrar a gente que nunca pensábamos en la puta vida de ver, encontrar la media naranja o en mi caso, reactivar mi matrimonio, y enamorarme de la mujer con la que decidí compartir el resto de mi vida.

También podes leer:
Picardía y religión

El año pasado escribíamos:
Navidad en familia