Hay cosas en el mundo que nunca serán intercambiables

La satisfacción que me da leer en el jardín y sumergirme en las palabras como si fuese una pileta helada en pleno verano.  Una de las cosas que más me gustan es el primer cigarrillo con el que empiezo a acompañar la lectura, que lo prendo a escondidas como si mi vieja no supiese que fumo, pero cuando nadie me ve tiene como un gustito especial, el mismo que cuando era más chica y me tenía que poner 84 litros de perfume encima para que nadie se diera cuenta de lo que mi travesura. Hoy es el segundo peor vicio que tengo y no lo puedo dejar. El primero es mirar el inodoro después de cagar.

Es lindo sentir como, a veces, ciertos momentos o acciones, más bien rutinas, nos transportan directamente a  distintas épocas. (Las regresiones son mi tercer vicio, el en el orden de adicciones pelotudas) sobre todo en esta época del año donde el tema del día y de todos los días es el mismo: “¿Qué calor hace no?” secundado por la frase más estúpida que repite la humanidad cada año, desde que se preocupó por tener noción del tiempo: “¡Qué rápido se pasó el año che!” Siempre necesitamos tener un reloj, calendario o celular a mano para sentirnos orientados. Nos encontramos en la nada misma si no sabemos, por ejemplo, qué hora es. Nos gusta que las agujas nos cronometren la vida como si se tratase de una carrera. Nos gusta, por ejemplo, jugar a contra-reloj con el microondas a ver cuantas cosas podemos hacer antes de que suene el “bip” y la comida esté lista, para luego comer apurados e ir a hacer otras cosas o hacer ejercicio para que no se note que comimos, mientras más tiempo nos ejercitemos, mejor.

Entonces, aprovechando que la boludez se ha convertido en algo normal nos tomamos el tupé de comentar lo rápido que se ha pasado el año, como si con el comienzo del siguiente año se generase una especie de reinicio donde volviéramos a nacer. Nos gusta pensar eso porque todavía no somos capaces de enfrentar todos nuestros problemas, entonces segmentamos nuestra vida en ciclos. “Ya fue mañana será otro día”, “El año que viene prometo ponerme las pilas con la facu”, “La semana que viene empiezo el gimnasio”. Le tenemos miedo al “ahora”.

Pero lo que más me preocupa no es que la masividad de esta pelotudez nos haga decir ciertas cosas sino un nuevo año en donde vamos a prender la televisión y sea el canal que sea nos vamos a encontrar con una programación llena de series pedorras sobre zombies adolescentes que se embarazan y van al colegio. Estoy segura que esta nueva moda de los zombies se debe a que, al vivir en un mundo tan cronometrado, nos encontramos con personajes ficticios con símil lepra que pueden morder y matar cuando se les cante el otro. Los envidiamos.

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