La Saga de los Asesinos: Cap.1 “El Patriota”

“El pájaro esta en el nido. Espero instrucciones. Cambio”  fue lo último que dije antes de que una bala 11-25 me esparciera los sesos contra la pared.

Todo empezó hace cinco días. Yo, un asesino de cuarta; un tipo de la más baja calaña que acostumbraba a limpiarme a adinerados maridos infieles o a herederos no queridos; fui contratado para un trabajo. Tal vez el más importante que pude haber  tenido o tal vez no. Eso ya no lo sabré.

Me contactaron unos tipos de traje oscuro, de buen vestir, serios. Uno de ellos tenía gafas de sol, los otros tres no, andaban con la impunidad que algunos ostentan a  cara descubierta.

Dijeron que me conocían, que sabían de mi actividad desde hace años y que sabían adonde encontrar a todos mis familiares incluso mi hermano que había emigrado en el 2002 a España. Me advirtieron que era un trabajo delicado, no como esos que estaba acostumbrado a hacer, algo realmente relevante para mi corta vida delictiva.

Me mostraron un conjunto de papeles y fotos en un expediente con todas mis victimas y adujeron que les llamó la atención mi modus operandi, pero que ahora debería cambiarlo. Mi objetivo era extremadamente difícil. No me podría acercar al blanco a más de 70 metros.

Ellos me facilitarían toda la indumentaria y  las herramientas necesarias tanto como las identificaciones falsas que necesitase. Para concluir me ofertaron 850 mil pesos con 150 mil de adelanto. 

Agregaron las alternativas que tenía, la primera: aceptar el trabajo o la segunda: borrarme junto con todos aquellos que podrían llegar a preguntar por mí. Evidentemente no tenía otra salida que la de aceptar. De todas formas igual la hubiera aceptado. Era muy buena plata. Esto de parte de ellos me pareció una mera formalidad y un estúpido método de amedrentamiento que conmigo no había funcionado. Sin embargo les seguí el juego.

Se despidieron, me dejaron un teléfono celular, una llave y una dirección donde estaba todo el equipamiento. Allí encontraría un sobre de papel madera con el objetivo a eliminar.

Después de que partieron  los “trajeados”, subí a mi moto y me dirigí a la dirección de entrega.  Mi trastorno de ansiedad era mi peor enemigo, pero mi sangre fría siempre lo compensaba. En 16 minutos estaba en el frente de ese aparente galpón  abandonado.

Bajé de la moto, abrí el candado y entré en ese oscuro lugar. Había sido en su momento un gran taller mecánico, la fosa  aun estaba intacta, el resto totalmente vacío. Divise una mesa y arriba de ella 2 bolsos. Uno contenía las armas junto con las instrucciones de uso, pues eran armas de avanzada. Y en el otro ropa y la documentación necesaria para terminar el trabajo. Suelto estaba el sobre de papel madera que ellos me habían mencionado. Lo que vi dentro del sobre fue en realidad lo que me dejó sin aliento…

En el verso del sobre se podía leer claramente la palabra “objetivo” escrito con fibra de tinta azul, y adentro de él, había cinco fotos de la Presidente en distintos actos públicos, y un cronograma de la agenda oficial. ¡Estos hijos de puta querían que asesinara a la Presidente!

Solo la llamada entrante a mi nuevo celular me sacó de la estupefacción, eran ellos.  Solo atiné a decirles: – Hijos de puta, quieren que mate a Cristina.

– Son órdenes de mucho más arriba. – respondieron.

Me aseguraron que todo el gabinete inclusive la mitad de la cámara de senadores estaba de acuerdo con el plan. Y que este plan había salido desde una agrupación oficialista juvenil de izquierda, molesta con el trato que recibían desde el alto mando y disgustados por la falta de promesas cumplidas. No me dijeron si el que estaba a cargo de esa agrupación sabia del plan o no. Otra cosa que nunca sabré de seguro.

Me aseguraron que en mi cuenta bancaria estaba realizado el depósito del adelanto, y que la plata estaba limpia, no tenía rastro. Colgué, y le eché un vistazo al cronograma. Dentro de 5 días la Presidente vendría al desfile nocturno de la vendimia, la llamada “Via Blanca”. Ella estaría ubicada en el palco de honor junto al gobernador y otros políticos obsecuentes de la comitiva. La idea de hacer una limpieza de políticos corruptos se me cruzó por la cabeza varias veces. Era matar literalmente varios pájaros de un tiro; pero era una idea demasiado arriesgada. Estarían los grupos policiales de elite vigilando y  la guardia secreta infiltrada entre la gente. En verdad era un trabajo sumamente delicado. Si me hubieran dicho el objetivo antes, mis honorarios de seguro habrían cambiado. Fue una mala jugada la de ellos. Ahora no hay vuelta atrás.

Pasaron los cinco días y llego el momento. Yo iba ataviado con un mameluco y casco de Telefónica. Nadie iba a sospechar porque todos estaban atentos al multitudinario desfile. El conserje del edificio era uno de los míos. Solo me costó una cerveza convencerlo para que me dejara subir. Mi excusa fue que quería terminar ahora para que al día siguiente no trabajase. El accedió .Subí hacia último piso del edificio y entré ganzúa mediante a una de las oficinas de un bufete de abogados que estaba desierto. Yo había visto entre semana el movimiento del bufete y después de las 21 hs. se iban absolutamente todos. Si alguien hubiera tenido la mala idea de quedarse después de hora, la familia de él de seguro lo hubiera lamentado.

Ensamblé el arma y miré por la ventana. Probé el trípode y me entretuve con la mira telescópica. Estuve cerca de media hora mirando rostros a ver si encontraba conocidos en el público. Solo reconocí a tres. Un ex amigo de la escuela primaria, un vecino del barrio y uno de los “trajeados” que me contactó justo tres personas más atrás de la Presidente.

Encendí la radio y me coloqué el intercomunicador en el oído. Solo descarga. Observé  al “trajeado” que toca su oreja y escuché a través del auricular: –  Todos en posición. – No supe  cuantos escuchaban esa comunicación y tampoco me importaba.

La gota de sudor que me recorrió la sien me hizo que comprendiera (tarde) que después del trabajo no me iban a dejar vivo, y que si no lo hacía igual no contaría la historia.  Pues me demostraron que eran gente que cumplía sus amenazas. Comprendí también la magnitud del hecho. Las aves carroñeras que de seguro estaban esperando el festejo. Esperando quien sabe qué oportunidad. Sé que  obviaron mencionar  a muchos implicados en el plan y también a muchos otros beneficiados que aun ellos desconocían.

Le di la última mirada a Cristina por la mira y la moví hacia el “trajeado”. Active la radio y dije:

 – El pájaro esta en el nido. Espero instrucciones. Cambio.

 El “trajeado” levantó la vista y miró en dirección hacia mí y sus restos de cabeza bañaron a la gente de más atrás. El caos fue instantáneo.

Luego saqué el arma  de mi cintura y apoye el caño debajo de la barbilla. Apreté el gatillo con mi dedo índice  y el resto ya lo saben. Me hubiesen pedido cualquier cosa, pero jamás que deje de ser un patriota.

 

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