Medicina en la sombra: la marihuana medicinal

Vivimos en un estado de continuas rivalidades. Hoy en día si no sos “de los blancos” es porque sos “de los negros”, sin escala de grises. Tenes que elegir un extremo, jugártela a muerte por ese extremo, luchar por ese extremo hasta la ceguera absoluta y olvidar que entre los extremos también hay alternativas.

Si no sos de derecha es porque sos de izquierda, si no sos socialista es porque sos capitalista, si no sos liberal es porque sos conservador. Todo en extremo, todo al límite. Y en esta constante lucha “entre partes”, aparecen un tema tan intenso y polémico como el consumo de marihuana. Entonces ¿qué pasa?, aparecen los “dos bandos”. Uno absolutamente a favor de la despenalización de las drogas, incluyendo en “drogas” a todos los estupefacientes y a todos los consumidores. Otro bando absolutamente en contra, opuesto al consumo, desde drogas naturales hasta drogas sintéticas, bando que tampoco diferencia a los consumidores. Y en esta tediosa y desgastante lucha entre extremos, como siempre, olvidamos los grises. Porque mientras los dos bandos pelean, en el medio miles de personas padecen este litigio sufriendo dolencias que, por ejemplo, el consumo de marihuana suavizaría.

Los bandos olvidan, al discutir por la legalización de las drogas en general, que se está perdiendo tiempo en tomar una decisión sobre una droga en particular que puede aliviarle el dolor a cientos de enfermos: la marihuana.

Ahora que tenemos tanta información, está fuera de toda duda el valor de la marihuana medicinal en el tratamiento del dolor de determinadas enfermedades. Aunque no queramos buscar razones demasiado enrevesadas a la continua criminalización de esta sustancia, es fácil atar cabos y sospechar de las farmacéuticas, del excesivo control que los estados ejercen sobre sus ciudadanos, y de la ausencia de estudios con amplia repercusión y la publicidad que sería de esperar.

Estados Unidos tiene un sistema que ya permite en determinados estados que los enfermos sean recetados y recojan su dosis en centros autorizados, y se ha demostrado su efectividad y la mejora que sufren los enfermos en los síntomas de su dolencia. Pese a ello, esta droga sigue existiendo en la sombra y en España o Argentina, por ejemplo, muchos enfermos se enfrentan a multas y otro tipo de sanciones si pretenden comprar marihuana, viéndose obligados a conseguirla al margen de la ley, con el agravante de la fragilidad de su situación y de las pésimas condiciones de la planta.

Regular el consumo del cannabis medicinal con la administración de semillas feminizadas para cultivo propio o con la entrega de cannabis ya listo para consumir, protegería al enfermo y ampliaría el abanico de opciones terapéuticas.

Solemos asociar la marihuana con el consumo lúdico, pero esta postura es reduccionista, el extremo, el “negro o blanco”. El cáñamo tiene múltiples aplicaciones (desde uso textil hasta alimenticio) y en su vertiente narcótica, no sólo viene de la mano del reggae y la diversión: gracias a su buen uso, y con información, puede constituir  una alterativa a la medicina tradicional en todos los aspectos, también en el económico.

Fuera de las esferas de poder, una comunidad cada vez más grande de ciudadanos informados elige la marihuana como paliativo o como consuelo. ¿Debe el Estado ser el guardián de los intereses comerciales de ciertos lobbys, o garantizar al ciudadano información y capacidad de elección? Que cada uno valore… 

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