Historias tristes que marcan tu vida para siempre

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Con humilde gratitud a nuestro amante Dios y a los amables colaboradores, también a quienes me ayudaron hasta el final de esta pesadilla, a mi familia, médicos, enfermeras, amigos, amigos del facebook (que nunca conocí personalmente y espero hacerlo) a mi amiga y confidente Julieta Carreño, va dedicada esta nota, para que sepan y de modo que perciban el noble carácter de Jesús, y mediante su generosa gracias puedan prepararse y mantenerse preparados, para actuar ante las adversidades de la vida misma, para todos ustedes agradezco desde lo más profundo de mi alma, su aliento, su tiempo y por sobre todo su incalculable amistad. Gracias.

Vivir con una persona enferma es difícil, vivir con una persona con cáncer es triste, vivir con tu esposa enferma de cáncer…es devastador.

La noticia recibida aquel 15 de marzo de 2004 fue desgarradora, el doctor diagnosticó Cáncer de mamas. Claudia ya no era la misma, nuestra vida cambió en un giro de 360º, ante esta adversidad, nuestro amor se hizo más fuerte. La esperanza es lo último que se pierde, dicen.

Después de 9 años me animé a relatar esta historia, la cual les he resumido en breves relatos, por lo cual espero les sirva en el futuro, para aquellas personas que puedan llegar a pasar por mi misma situación, la de aferrase a Dios y en dejar el orgullo de lado.

La docilidad y la humanidad fueron mis características durante mi niñez. Mi ternura de corazón era tan extremada, que atrajo sobre mí las burlas de algunos camaradas de la penitenciaría. Sentía extraordinaria afición por el amor y sus componentes. Pasaba en compañía de mi mujer y mis tres hijos casi todo el tiempo y jamás me sentía más feliz que cuando le dedicaba mis poemas.

Las sesiones de quimioterapia eran  dolorosas para ambos, aunque su pelo castaño comenzaba a caerse, yo la notaba más bella, aunque sus ojos estaban tristes, yo los veía llenos de vida. Como mi hijo más pequeño todavía tomaba teta, tuve que ayudarlo a cambiar el hábito por la mamadera, desvelarme por las noches para cuidar a Claudia, y esperar en la mañana a mi hermana para hacerme el relevo y yo salir con mis dos nenas mas grandes al colegio, de ahí  a mi trabajo, su estado comenzaba a empeorar, no por la enfermedad, sino por su depresión.

Pasado el tiempo, y ya para su décima quinta sesión de quimioterapia las cosas habían mejorado, su estado de salud se iba recuperando de a poco, hasta se animó a gastarme por un resultado adverso de mi equipo de fútbol, aquel viejo club de Las Heras. Dios había puesto mano en nuestro problema. Los médicos no se explicaban la notable mejoría, y agradecían a Jesús por estar dándole una mano. 

Tres días después (les digo que después de cada sesión de quimioterapia la persona queda sin fuerzas) después de haber salido del psicólogo, nos fuimos al Shopping, ella con su peluca divina, y con un pecho menos (producto de sus 7 cirugías  nos matábamos de risa, no por lo que les nombré anteriormente, si no porque la vida nos regalaba una segunda chance de vivir, amarnos sin límites y de regalarnos la esperanza de vernos recuperados totalmente.

Recuerdo esas divertidas charlas subiendo por las escaleras mecánicas, ella me tomaba de la mano, sabía nunca me gustaron esas cosas, me sentía protegido como un niño que era custodiado por su madre.

Pasados dos meses las cosas mejoraron notablemente, su pelo comenzó a crecer más rápido que las enredaderas del jardín, Dios nos había puesto una prueba de vida, la cual habíamos superado con creces, cumplimos con la promesa de ayudar a otras mujeres con el mismo problema, hacer folletos y prevenir sobre este flagelo que es el cáncer de mamas.

El 23 de Noviembre de ese mismo año, recibo una llamada a mi trabajo, Claudia había sido internada de urgencia, debido a un cuadro febril según me dijeron desde el Hospital, les digo que fué una sensación indescriptible, un frío subía por mi espalda, los fantasmas del pasado retornaban al presente, rodeándome de a poco, mi auto era un plato volador camino a la clínica Pellegrina, perdí la noción del tiempo, del espacio, de la lógica. No recuerdo bien donde lo estacioné, bajé corriendo y me encontré a mi mamá y a mi suegro en la guardia, no hizo falta que nadie me dijese nada, sus caras lo decían todo. Claudia se había  suicidado. Relatar mi estupor sería Insensato. Sentí agotarse mis fuerzas, y caí tambaleándome contra la pared opuesta, a lo lejos, escuché llantos, corridas, sirenas de una ambulancia que llegaba, mientras me veía caer hacia un pozo profundo, oscuro, silencioso. El recuerdo de nuestro casamiento, luna de miel,los alumbramientos de nuestros 3 niños, el cáncer….todo pasó por mi cabeza en milésimas de segundos….mientras no dejaba de precipitarme en el abismo, sumergiéndome en aquel pozo ciego.

Cuando al fin desperté de esa pesadilla, encontré a mi alrededor a todas aquellas personas que estuvieron con nosotros durante ese segmento triste de nuestras vidas, miles de brazos me acompañaron hacia el ataúd de Claudia, la observé fijamente, destacando su belleza, su pelo largo castaño claro, su vestido negro puesto que tanto le encantaba, y que había usado en una juntada en el parque con sus mejores amigas Viviana y Daniela, me incliné , rocé mis labios en los suyos entumecidos … y estallé en llanto.

No voy a contarles de su entierro, ya que desconozco lo sucedido, volví a perder la noción del tiempo, solo tengo un vago recuerdo de ella en ese cajón, y de mis peques junto a mi y de su belleza incalculable.

Desde entonces no volví a disfrutar de la vida, ni de día ni de noche. Durante los años que cumplíamos aniversarios de casados, no dejaba de llorar ni un momento, y por la noches, a cada instante, cuando despertaba de mis cortos sueños, sentado en mi cama gigante, observando los cuadros vacíos  estaba sumiso y lleno de una angustia inexplicable, sentía su tibio aliento sobre mi rostro, y su enorme corazón posando eternamente sobre el mio.

Transcurrido el tiempo, comprendí que nunca había salido de su depresión, que a pesar de su mejoría, ya no se sentía mujer, con su cuerpo incompleto, desidió ponerle fin a su vida y poniendo una cruz a la mía. Tenía que ser fuerte, mis niños me necesitaban mas que nunca.

Hoy en día  gracias  a mi fé, y a la gente maravillosa que me rodea, pude salir adelante de a poco, aprendí que Dios promete reunirnos con nuestros seres queridos en un futuro no muy lejano, y mantengo mis esperanzas de poder verla nuevamente.

 Fuiste siempre el amor de mi vida,  porque tu alma es la sangre y tu boca el fuego, tengo que seguir amándote amor, tengo que amarte aunque esta herida duela como mil, aunque te busque y no te encuentre y aunque las noches pasen y  la otra mitad de la cama se encuentre vacía, aunque ya no estemos juntos mirando por la ventana las ramas de nuestro árbol hamacarse por el viento, serás la única mujer que amé, amo y amaré. 

                                                                                              ::: FIN :::

 

No espero ni remotamente que se conceda el menor crédito a la triste, y muy íntima historia que relaté. Sería verdaderamente insensato esperarlo, cuando mis mismos sentidos rechazan mi propio testimonio. No obstante, no estoy loco, soy un simple empleado de la cárcel, y ciertamente ya no sueño, espero superarlo con la ayuda del Señor Todopoderoso.  Pero, por si muero mañana, quiero aliviar con mi ejemplo, el pesar a todos los esposos de Mendoza..del mundo, que han perdido una parte de si, una parte de sus vidas. 

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