Tengo más de mil razones de por qué sos mi ex

Yo se que es feo llegar a este punto, pero no me dejaste alternativa. Vos y tus actitudes no me dejaron otra opción, yo te advertí que si seguías así íbamos llegar a este agujero. 

Si bien me acuerdo, llegaste a mi vida por diciembre ¿no? Te acordás como coincidimos en ese bar después de que me putearas por las solicitudes de Candy Crush. Yo me acuerdo como nos reíamos del mozo, que nos decía que era su primer dia y se le caia todo. Nunca me habia reido con alguien así. 

Desde el día que  te conocí sabia que me ibas a corresponder toda la vida, esos ojos color de atardecer, se me opacaron cuando me criticaste el repulgue de las empanadas que te hice para san Valentín. 

Tus manos suaves y ligeras como la seda y mi necesidad de sus caricias se hicieron de cenizas cuando comenzaste a exprimirme las espinillas de la espalda, y te comías el relleno. 

Las curvas que dibujaban tu cuerpo al caminar, vistosas como ninguna se fueron arruinando cada vez que me obligabas a cocinarte alfajores de maicena de pura gula. 

Para esos pies de princesa quise regalarte un par de zapatos, fueron esos mismos que vimos en la vidriera, marroncitos, con tiritas y toda las cagaditas que te gustan. Un ojo me costaron, quien te entiende, ¿un día te gustan y el otro día no? ¡Loca! Encima te digo de cambiarlos y me pedís que te lleve, ¿vas entendiendo mi punto? 

Esa calma que  deslumbraba mis sueños con tu belleza cuando dormías, la cagaste con la primera noche que dormiste en mi casa. Con Arjona se te ocurrió despertarme, eran las ocho de la mañana, y vos me ponés Arjona. Prenderte fuego la cara con kerosén era poco con lo que me imaginé en hacerte, pero fui un boludo, te quería. Tuve que haber aprovechado el empujoncito. Y te quejás de que te la devolví levantándote con Thalia. 

Sabía que tu obsesión por esas dietas raras que te hacían un cuerpo envidiable podía marcar la diferencia entre el amor y odio, no podés cambiar las tradiciones, el treinta es el día de los ñoquis recalentados. ¿Por qué tuviste que tirarlos? Sabias que mi vieja venia a almorzar, y para colmo me saliste con el alcaucil, que alcaucil ni que alcaucil, ¡Ñoquis, nena, Ñoquis se come! 

Tus vestiduras podían llegar a ser sensuales, provocativas y al mismo tiempo hacerte ver la señorita más inmaculada que despertaba mi mas grande libido e romper todas las barreras imaginarias de mi sexualidad. Me cago en el dia que me entregué a vos, me cago en mi imaginación de poder a llegar a pensar que serias una maquina sexual. Roberto le venís a poner nombre a una poronga, ¡Roberto! Encima menos activa no podés ser, no, la nena debe ir abajo y seguir pelotudeando con el whatsapp y el pelotudo tiene que trabajar. Y para colmo después me pedís helado. Gorda andá tomandotelás. 

Y por ultimo, los momentos hermosos que pasamos junto con nuestros seres queridos. La verdad que fueron una de las cosas mas hermosas que mejor recuerdo de nuestra relación. Tu mamá fue y será la mujer mas cariñosa que he conocido (aparte de mi mamá, obvio corazón) Tu papá estricto como nadie, que llenaba tal vez ese espacio que me faltaba. Las juntadas con tus amigos, ¡improvisadas! desorganizados como ellos nomás. Juntadas con mis amigos, bueno, cuando me dejabas ¿viste? Porque cuando te agarraban esos ataques de celos no había nada que te parara, siempre alguien tenia que perder la cabeza por tus mandatos, como no vi la serpiente que eras, esos ojos miel, ese pelo dorado con el cuerpo de una diosa, me alcanzaron para creer que eras la mujer indicada, la perfección, pero ¡no! El primer día que me dejaste la bombacha secándose en la ducha entendí que esto no iba a durar. Por eso… me cansé Beatriz. Que te vaya bien con el pelotudo que te persigue con los mensajitos todo el tiempo. 

Chau

PD: después te devuelvo la bombacha, no volvas por acá. Cuando te tomés el micro tomatelo en otra esquina. Puta.

 

También podes leer:
Ocho maneras de zafar de un chorro

El año pasado escribíamos:
Maipulotudos