Volcanes en actividad, una vida echada a la basura

Durante muchos años, mi familia se dedicó al negocio automotriz, mi viejo dueño de una importante concesionaria de ciudad, me había dado un puesto muy importante: vendedor de salón en una de sus 8 agencias. Muchos dirían que si es mi viejo, porque no me puso en un puesto gerencial o algo así, la cosa que es que la relación padre e hijo no era de la mejor, por ende el puesto era mío, solo por compromiso familiar.

Casado y padre de 5 hermosos hijos, nunca dejé de soñar con tener mi propio negocio, algo distinto a mi árbol genealógico, algo en lo cual yo fuese dueño, encargado, administrador y empleado.

Dios dijo, le voy a dar una mano a este perejil, y fue así como en domingo a la tarde, disfrutando del único franco semanal, el televisor me avisaba que era ganador del TELEKINO.

Le dije a mi mujer Cecilia que me pellizcara, a lo mejor era un sueño, y la muy hija de su madre me dio en trompadón en la cantora que me hizo ver las estrellas. Era positivo, era el mendocino acreedor de 1 millón y medio de pesos. El sueño de tener mi propio negocio se hacía real. Cambiaría mi vieja y único amor de mi vida, Renault 12 break, por el Bora que tanto soñé. Le comuniqué mi renuncia a su secretaria Melisa Echegaray, la cual se puso muy contenta, era un eslabón menos para llegar a mi viejo.

Después de haber vivido durante muchos años en la ciudad, y habiendo pasado por miles de problemas en la gran urbe, con mi familia decidimos cambiar rotundamente de vida, y nos fuimos a vivir al sur, localidad de Bardas Blancas.

La principal fuente de trabajo, era la cría de animales, tales como los chivos, gallinas, pollos, chanchos y la siembra de papas y camotes. Nos habíamos transformados en un abrir y cerrar de ojos en personas de campo, toda la platita fue invertida en ello.

Con mucho sacrificio pudimos salir adelante, la venta de animales, huevos y hortalizas venían viento en popa, así como también las cenizas del volcán Peteroa.

Los problemas empezaron a suscitarse, cuando las autoridades decretaron alerta roja, debido a la gran actividad de ese maldito volcán, y peor aún, la evacuación de todos los habitantes de esa zona de Bardas Blancas. Lo que yo observaba eran cenizas leves en la ciudad de Malargüe y en las localidades rurales, que en determinados momentos del día y no de manera constante, era como una especie de bruma, pero no tanto como para evacuarnos.

Debido a la gran actividad que se produjo días posteriores, el gobierno restringió por completo el acceso a nuestras casas ( me dejaban ir a ver a los animales una hora por día) y debido a ello mi casa, mi negocio y mi vida quedaban a la deriva.

Ni bien se levantó la alerta roja, volví desesperado a mi hogar, y la sorpresa fue tan grande como dolorosa:

Catorce días de actividad, significaron el fin del trabajo de 3 años, en esas dos semanas, más de la mitad de mis animales perecieron debido a las cenizas, a la falta de agua y oxígeno, y la otra parte fue robada, pese a tener custodia por parte de defensa Civil y Gendarmería. Si bien el gobierno se comprometió a asistir a las 42 familias más afectadas, el daño fue irreparable, nunca en estos casos la ayuda es suficiente, más aún cuando la madre naturaleza se manifiesta en toda su ferocidad.

Ahora entiendo a las familias de indonesia, a las familias inundadas de Buenos Aires, a las familias chilenas afectadas por los maremotos, si bien mi caso no fue con esas características, la pérdida fue en magnitudes similares.

Tres años duró mi sueño, pero aún no bajo los brazos, de vuelta a la gran ciudad, me puse otro negocio, una empresa de Turismo, en donde nuestra especialidad es hacer guías personalizadas en cada salida para conocer estos volcanes. No hay ningún viajero que no conozca mi historia, de como un atractivo turístico puede perjudicar tu vida para siempre.

La naturaleza está dando que hablar en los últimos tiempos, basta con mirar al volcán Copahue, las películas son todas apocalípticas y tienen parte de la vida real, las profecías según dice mi amigo Guerrero Católico, es para prestar atención, ¿¿será que la humanidad, no nos hemos comportado muy bien, cuidando nuestro recursos naturales y contaminando todo?? Reflexionar aún es posible.