Arísti lotudos: una calle en llamas

calle taquillera

Tan pero tan pero tan chota es esta Provincia, que lo más divertido que tiene es una calle de escasas cuadras con bolichitos y bares heterogéneamente distribuidos, con precios ridículos y la mayor densidad de cuida coches por m2 de la Ciudad.

Pero bueno, es lo que tenemos y hay que disfrutarlo como se pueda. No por eso nos vamos a privar de hacer alguna que otra crítica (constructiva sin dudas) sobre los distintos lugarcitos que podemos encontrar en la popular calle Arístides Villanueva.

Primera Cuadra
La Solitaria. En esta cuadra de Arístides, entre T. Benegas y Rodríguez, solo existe un bar que es Antares. Quizás haya un par más pero nadie los conoce y seguro que va gente horripilante, por lo que en lo que a la gente como nosotros nos concierne, bien nos podrían hacer el favor de desalojar el local y convertirlo en otra playa de estacionamiento. Como destacábamos el único barcito de esa cuadra es Antares, ricas cervezas, feas minas. Todos gringos, parece la cagada del Irish Pub, precios en Euros, pero lindo y rico. El problema  es que se llena de Twitteros, que como todos saben son feos, visten ridículo, usan lentes de pelotudos y se la pasan con el celular toda la velada. Antes en esa cuadra había un bar hippie de unos pequeños narcos que parecía divertido, pero lamentablemente no pudieron sostenerlo en el tiempo.

Segunda cuadra
La Heterogénea. En esta cuadra entre Rodríguez y Olascoaga podemos encontrar de todo, empezando por el mejor quiosco de Mendoza, sin dudas el 202, con sus precios internacionales y la menor dotación de cambio de la historia del comercio local. Pagas unos chicles con veinte pe’ y te ofrecen un Marlboro Box para completar los 20… pero te salva siempre. El problema es que siempre está lleno de púberes pseudo alzados aprendiendo a fumar y haciéndose ver con sus compañeritas del cole, por lo que es un lugar imposible de ir. En frente una panadería/café que no llega a ser cheta, por lo que siempre se funde y todos los días se llama distinto. Tenemos también el fallido intento de un par de reconocidos DJ´s menducos de ponerse un bar llamado AYAYAY que tiene un formato piola, pero sus dueños son mucho mejores musicalizadores que empresarios nocturnos.

Nos vamos acercando peligrosamente a la meca, luego de pasar gimnasios y otros comercios, una maquetita de lo que debiera ser un Restaurant árabe (Cocina Poblana) podemos vislumbrar el comienzo de la furia. Empezando lógicamente por el popular/chic Parapithecus o como dieron en conocerlo, PPTH ¿A qué clase de simio retrasado se le ocurre ponerle prácticamente el mismo nombre del bar de la competencia pegado a ellos (PH)? Precios acomodados y vasos de plástico para la inversión más cara de la Arístides. Baños combinados y RR.PP. desconocidos. A veces explota…

Luego seguimos un paso más y nos encontramos con la Capital de la Arístides, el Public House o PH, mezcla no definida entre hostel y restó bar, Chic glam, aires extranjeros, precios altos, excelentes tragos, buena carta, y bastante disponibilidad, es de los que más visito. Baños chicos y alejados, gente linda. Dos pasos más y estamos en La Lucía. Un clásico de los lomos mendocinos con la gran suerte de estar ubicados en el mejor lugar de la Arístides, pagas un lomito choto, lo mismo que un plato en Francesco. Mal negocio, poca onda.

Llegando a la esquina tenemos el restó del mago de los magos, La Carmela. Pensar que en un momento tuvieron que abrir un segundo local de lo que se aburrían de vender. Impresionante. Precios bajos, buena calidad, lindo para el medio día, lugar de descarte para la noche. Y así como venimos nos cruzamos la calle. Vemos un barcito con onda chico y bien puestito. Gente rara, bah en realidad haciéndose la rara, clásicos pendeviejos semi-secos que se la tiran de retro-cool. Lindo lugar Bar Latina para el levante de 30 y picos. Carta base, sin aire ni dirección.

Luego un par de bares completamente desconocidos a los que concurre gente inexistente, con precios sin duda accesibles y promociones en jarra. Un vago que hace piadinas en la calle, una playa que por los precios bien se podría llamar Playa del Carmen y por fin llegamos a otra meca. El Palenque. Sí señor, por años ese pequeño antro con desagradable olor e incómodas sillas supo darlo cobija a lo más granado de la sociedad mendolotuda. Colas interminables, reservas con días de anticipación, precios razonables, un cocinero de lujo y una decoración deplorable. Era tan popular que al lado se puso el bar con menos onda del universo y se llenaba con el descarte de la gente que se quería sentar aunque fuese cerca del Palenque. Al Toque, bien se podría haber llamado “Al Toque del Palenque”.

Tercera cuadra
La cuadra de la derecha. Hasta ahí se conoce como el epicentro de la Arístides, de ahí en adelante es todo más tranquilo. Tenemos William Brown Bar, cruce de las potencias de PH y La Carmela, para hacer un bar elegante, para gente linda y discriminador con los precios. Carta completa, excelente como vidriera para caretear, siempre lleno, atención poco esmerada. Al lado se sitúa el bar El Punto, otro clásico de la Arístides pero con gente de menos recursos. Raro encontrar a algún socialité en ese tipo de bares. Ideal para ir con amigos después de jugar al fobal todos chivados y gritarles groserías a las transeúntes que pasan a William Brown vestidas como si fueran a un casamiento.

Aquí hay que hacer un parate. TAO. Un lugar en el que nada de lo que pusieron funcionó nunca. Lo agarraron un par de raros ignotos, le encontraron la vuelta de rosca y pusieron la Guanaca de la Arístides. Un lugar de fiesta fiestera, música alegre, gente a rolete y con muchas ganas de divertirse. Precios accesibles y música hasta altas horas. O son parientes del Vity o tienen coimeados a todos los inspectores. Terrible fenómeno en el que la gente de todas las edades y estratos sociales se apila para entrar y romper la noche.

Pasamos la copia de Antares llamada Jerome, luego la farmacia en la que solo se venden, forros, pastillas del día después y test de embarazos y nos encontramos con la novedad, Johnnie B. Good. Una franquicia traída desde Córdoba y Rosario, donde funcionan impecablemente. Nuestra sucursal de comida americana y tragos varios tiene ese “no sé qué”, que hace que al mendocino bien le guste ir. Todavía no logro entender si es que los precios son bajos, o es más fácil estacionar, pero ese lugar se llena de lunes a lunes. Inclusive teniendo a los peores mozos de la historia de la humanidad, al peor encargado de bares y al barman con menos swing del mundo. Pero los mendocinos somos así y seguimos yendo. Destacable la onda, la música, la infraestructura y los baños impecables siempre. Pulcro.

Un par de pasos y encontramos a una rara avis. Un bar llamado Bendito. Raro nombre para un bar, igualmente de raro como ponerse un bar entre 10 pibes. Flaquitos “bien” que tenían un par de manguitos de sobra y un par de ellos que sabían lo que hacían y convirtieron al difunto Voodoo Arístides en una opción Careteen (Careta y Teen) que no tenía la Arístides. Un día explota, al otro día es un velorio. Lo bueno es que tienen la carta de Gran Barny en la barra y se zarpa con los tragos. Dj’s amigos, buena onda y todos entramos gratis.

Decíamos que esta cuadra se llama “La cuadra de la derecha”, porque del otro lado no hay un solo bar al que se pueda ir. Está el Abasto, que es una cosa horripilante, luego una heladería con ínfulas de bar, Extremme con la cerveza más barata de la Arístides y con el consiguiente elemento, Basílika, que si bien es un clásico por su duración, no tiene nada para destacar salvo su enorme extensión y luego un bar que todos los días cambia de nombre. Inexistentes.

Cuarta Cuadra
Apagándose. En esta cuadra entre M. de Rozas y Granaderos son más los restaurantes que se pueden encontrar y no tantos barcitos. En la esquina están poniendo “El Club de la Milanesa” los mismos pendejos de Johnnie B. Good. Luego tenemos el moderno y electrónico MiniMoog, el único lugar de música electro de la Arístides, recuerda un poco al público de Felina. Buena barra, gente rara. Después hay un par de restós tranquis, sin mucho ruido.

Quinta Cuadra
La última. Si bien la calle no termina en Paso de los Andes, la joda si. Y es en esa mini cuadra en la que podemos encontrar nuestra última esperanza de diversión si todo lo demás nos defraudó o estaba lleno o simplemente es muy tarde. Tenemos el Mercadito, que es una especie de Bendito pero que vende ensaladas y no tiene música. Linda gente, mucho caretaje, escasa variedad, atención poco esmerada, precios módicos, lugar paquete relajado. Luego tenemos la meca de los teqüinos (jugadores de rugby del socialmente cuestionado Club Teqüe) que es la Platea. Lleno de esa gente. Factura lindo y sobre todo tiene la suerte de estar al lado de Por Acá.

Último bar con onda, que después se pone boliche es Por Acá. El Poraco es una fiesta todos los días. Es la opción clave cuando rendiste un lunes o un martes y te querés volar la peluca. Ideal para ir de trampa, nadie conoce a nadie. Lleno de gringos y gringas. Tragos baratos, promociones cada 5 minutos. Una marea de gente. Puede llegar a ser medio pardo. Baños que son un asco. Siempre lleno, invierno y verano. Sin dudas un clásico de la Arístides.

De ahí para arriba solo quedan un par de quiscos con un poco de ondita para la tarde y un par de bares nuevos cerca de Boulogne Sur Mer que no han hecho méritos suficientes siquiera para que recuerde sus nombres y los bardee. Queda Sofía que es un rejunte salesiano de libros y cosas religiosas, el lugar se parte en onda, tiene buenos afters y buena cocina. Atención esmerada y ambiente cool. Lounge. Precios acomodados al bolsillo de los que van.

Ahhh y no quiero despedirme sin hacer una especial mención al primer bar de la Arístides, al origen de toda esta movida, hogar de grandes gateros y personalidades encumbradas, garito de garitos, bar de culto, se come fierazo, se puede fumar, hay obras de teatro y sobre todo está repleto de viejos. Que otro sino el nunca bien ponderado Juan Sebastián Bar. El abuelo de toda la Arístides.

Ahhhhh y si me olvidé de algún bar, es porque es muy choto.

NDR: les dejamos una pequeña queja (y la forma de enfrentarse al tanque mendolotudo) por parte de un filósofo, serio y solemne modelo y rrpp mendocino y sus secuaces… Dicen las malas lenguas que antes de hablar de “moralidad y buenas costumbres” deje de negrear a sus empleados en el gimnasio. Nos han contado eh… no podemos asegurar tamaña difamación.

JAVI

La más brillante de sus respuestas:

JAVI2