Los encantadores payasos de mi pueblo y su circo

Hace algún tiempo (cuando sacarse fotos con el espejo mugriento no estaba de moda y no habían mucho que hacer más que culiarse cabras y suripantas en mi pueblo) toda la juventud esperaba ansiosa dos cosas: los circos y los parques de diversiones. Si algún porteño lee esto y se está imaginando el Cirque du Soleil o El Parque de la Costa, le corto rápidamente el chorro. Estamos hablando de instalaciones nefastas, barcos vikingos que rechinaban cual rodilla de enganche leproso y papel picado que rejuntaban cuando terminaba el espectáculo… ¿se van ubicando, no? Bueno en mi pueblo a eso le llamaban “La Felicida´”.

Un buen año, llego  el circo de… no bueno, no los voy a quemar, pero pongámosle “Los Hermanos Macana”. Partamos de la base que era un circo de mierda: dos caballitos que más que ponis estaban desnutridos los pobres,  un tigre devorador de perros callejeros y, como ya adivinaron, los Hermanos Macana.

El asunto del tigre fue jodido, era como para que se les desarme el porro a varios rainbow warriors de Greenpeace que se enteren. Resulta que alimentar un tigre es una cosa jodida, esos bichos comen como lima nueva, ningún circo podía mantener estos gatos con 50kg de cat chow por día, asique básicamente te pagaban 5 pesos por cada perro que le llevaban. No vamos a abundar en detalles con esto, porque van a venir los Rosarinos a decirnos que ellos son “comegatos” pero nosotros somos “comecocos”, asique mejor la dejamos ahí.

El espectáculo fue una cagada, a los hermanos Macana no les salía una… los ponis apenas levantaban algún aplauso, pero cuando les tocaba a los hermanos no podían hacer malabares con tres mandarinas entre los dos, andaban por la cuerda floja y se caían a los dos pasos, encima a los gritos, lo cual levantaba las risotadas de los pueblerinos, que ya los habían cagado con la entrada y no iban a resignarla así nomas.

En fin, el plato fuerte era el tigre. Todos los boludos fuimos a ver el tigre, queríamos ver qué onda, si se comía algún perro en vivo, no sé, algo. El tigre no salió en toda la puta noche. Cundo vimos que se venía la segunda salida del poni, todos nos fuimos a la mierda.

Bueno esa fue la primer noche, si vivís en Mendoza, sabes que el lleva y trae es impresionante. A la segunda función fueron treinta de pedo. A la semana, el circo no tenía público. Lo verdaderamente áspero venia ahí.

La economía de un circo (me imagino) es más o menos así: llegan con la guita justa a tal lado, juntan algo, se van todos de putas y con lo que queda rajan para otro lado. Bueno, estos muchachos no tenían ni para el tigre ya, estaban en la lona. Desarmaron el circo entre ellos para no garpar ni un peso más, pero aun así no tenían guita para irse… Posta que lo que vi después me hizo hombre (¿?).

Todos los veranos íbamos a la finca de un amigo, cosechábamos, ganábamos unos mangos y después teníamos para joder el finde. Resulta que llegue el lunes a la finca a cosechar y ahí los vi… los Hermanos Macana, tacho al hombro, todos mosteados, sin pinturitas en la cara, pero con la jardinerita naranja y los zapatos de goma, tratando de aprender como mierda cosechaban los menducos estos y juntando un mango para rajar de aquel pueblo en el que debieron parar.

La situación más o menos se les acomodo: cosecharon, juntaron unos mangos y hasta comieron un asado que hizo el dueño de la finca, cataron varios vinos y hasta se animaron a perder unos mangos al truco.

A todo esto, ya era abril. Se despidieron de todos y fueron ese mismo domingo a alquilar el camión que llevaba uva para que los deje lo más lejos posible de ahí. Nunca los volví a ver, pero como nadie se iba acordar de ellos, por eso vengo y me acuerdo yo.

PD: nunca le pagaron al pobre camionero. Llegaron y le dijeron que ellos no tenían un mango. Se tuvo que conformar con un poni que sirvió de cortadora de pastos eco-friendly.