Radiografía completa de lo hipster

Hace tiempo que por las calles, por no decir en todos lados, se ve a un grupito de boludos vestidos con ropa holgada o ropa formal usada en forma irónica, con peinados de jugadores de fútbol europeos o unas mechas largas y despeinadas con más mugre de lo que higiénicamente se recomienda, con unos lentes enormes y probablemente no recetados propios de director técnico de fútbol europeo o actor polifacético (hablo of course de Jürgen Klopp y Johnny Deep) pero cuyo precursor obligado fue Woody Allen, con gorros de lana o boinas o gorras o sombreros en la cabeza, unos auriculares enormes que no les dejaría escuchar la bocina de un bondi a dos metros de atropellarlos, un bigote que aparenta ser estilo mexicano pero que no suele ser más que una pelusa ordinaria e impresentable, y generalmente con una tabla de long-board o skate abajo del brazo porque aparentemente les da paja hasta caminar.

Es difícil reconocer lo “hipster”, como les dice irónicamente un amigo. Ellos mismos dicen que son un grupo de cosas bastante heterogéneas rescatadas de diversas subculturas urbanas. Básicamente, lo hipster es un producto de la fusión algo complicada de lo skater, lo grunge, lo beat, lo indie, lo hippie, lo punk, lo post-punk, y otros. Generalmente se habla que se trata de una sección de la cultura pop que se recrea en escapar de las culturas urbanas dominantes, o lo “mainstream”, e intenta rescatar un montón de cosas, algunas de forma irónica, otras simplemente como un desprecio por lo actual pero siempre faltando al buen gusto de manera idiota.

Los gustos musicales de un hipster son variados: van desde los monstruos del rock de los ’60 y los ’70 hasta las bandas modernas de música indie que tocan esa basura con guitarras y voces disonantes que no pueden gustarle a nadie con medio sentido musical, pasando por lo psicodélico, lo punk, lo hard, lo hip-hop, la electrónica pesada de esa que necesitas estar drogado para aguantarla y un montón de otras cosas que no pueden convivir sino es en una subcultura tan pobremente conceptualizada por sus propios integrantes.

También se las dan de pseudo-intelectuales así que no les sorprenda verlos con libros complicados que probablemente no entiendan del todo por autores como Cortázar, Ginsberg, Kerouac, Southern, Gysin, Saer, Sacheri, Burguess, Joyce, Burroughs y otros cuya narrativa se salga de lo normal porque entienden que todo lo trasgresor es atractivo de una manera extraña. En las películas pasa lo mismo suelen preferir el cine independiente de directores impronunciables y nacionalidades ridículas. Mientras más deprimente y relacionada con temas como la bulimia, el suicidio, el abuso sexual y otras cosas igualmente espantosas mejor. Aunque aquí se produce la excepción porque también suelen ser fanáticos de ciertas películas estadounidenses conocidas como “rom-coms” o, en cristiano, comedias románticas de esas que quiere alquilar tu novia en vez de “Los Indestructibles” con su sana cuota de balas y testosterona.

La ropa, como ya dije, se compone de un conjunto de prendas rescatadas del arcón del abuelo y remeras de rock, camisas a cuadros dignas de un leñador canadiense y otras cosas de los noventa. Los accesorios de la cabeza son un infaltable. Lo que más se ve son las gorras con la visera derecha como buenos salames chilenos, pero también hay boinas horribles que tu abuelo no hubiera usado ni mamado, sombreros que usan en la parte de atrás de la cabeza con una similaridad evidente con la gorra a noventa grados de los cumbieros, y también gorros de lana de esos que siempre tienen un sobrante que cae por detrás de la cabeza. En las mujeres suele verse ropa holgada robada a sus hermanos pero siempre el boludeo de caretitas, de hacerse las “open-mind” a toda costa.

El pelo es digno de mención. Cuando no aparecen los cortes raros en los que se pela la parte baja de la cabeza a cero y se dejan unos mechones parados encima de la frente aparece la bien conocina “grela” en el pelo largo que aparece a ambos lados de la cara encuadrado por la odiosa gorra DC. Por supuesto que en este último caso siempre tienen que haber unas patillas horribles mezcla del turco Menem, Wolverine y cualquier caudillo federal del siglo XIX. El vello facial también merece un capítulo aparte. Cuando no hay barbas de unos días es necesaria la presencia del bigote antes mencionado. Muchachis, como me decía un entrenador, el bigote no queda si tenes menos de treinta y cinco, sépanlo.

En el caso de las mujeres las variaciones son más notables. Suele predominar la costumbre de raparse a un costado de la cabeza, y sino también puede verse el clásico flequillo cuadrado y el pelo larguísimo hasta la cintura. Obviamente también suele haber sombreros, gorros y lentes.

La droga es esencial para los hipster. Como generalmente tienen alto poder adquisitivo suelen haberse dado con de todo pero generalmente prefieren optar por la comodidad de un buen porro (he escuchado de pelotudos hipster que les han robado el auto yendo a comprar a Villa Hipódromo) o un saque de merca como dios manda. A veces también tienen que darse con Éxtasis para bancarse las fiestas de electrónica porque de otra manera no podrían sobrevivir a tantas horas de martilleo progresigo del cerebro. También suelen abusar del alcohol, aunque se trate de uno de buena calidad. Nunca los vas a ver con un Vittone, nunca.

En fin, los vemos en la calle, en la plaza haciendo piruetas con el skate, en el boliche, si bien generalmente se juntan entre ellos en boliches donde pasan la música que les gusta. Los vemos raros, sí, hay que admitirlo: son raros. Vos, que pensaste que estaban enfermos y no tenían la menor idea de eso que se llama buen gusto, no dudes más, deciles que son unos raros en la cara.

Verdad abrumadora: lo “hipster” no garpa gente. Eviten verse como pelotudo.

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Escrito por Juan Bautista Gargantini para la sección: