El día que descubrí que era sencillamente feliz

La docilidad y mi eterno gusto por el amor, fueron mis principales características desde mi niñez, desde entonces, he tratado que las féminas que han sido mis compañeras se hayan sentido unas reinas junto a mí.

No recuerdo mi primer beso, pero si mi primera novia. A los 9 años ya me había enamorado de mi señorita de cuarto grado, era el típico alumno que le regalaba todos los días una manzana, y ya para ese entonces sufría por amores no correspondidos, quizás ya era una premonición o un augurio de lo que me esperaría 23 años después.

Ya de adolescente, contaba con más de 15 novias en mi lista, pero ninguna era la ideal, siempre por algún motivo o circunstancia me quedaba solo, y de nuevo a la búsqueda de aquella mujer con la cual soñaba envejecer.

En cuarto año de la secundaria, conocí a Marina, la chica del otro cuarto (como dice mi querido amigo y compañero Fernando Hidalgo) las más ricas siempre van al otro curso, y desde ese día mi corazón empezó a palpitar más fuerte, a cada sonido del timbre para recreo, me preparaba para ir a cortejarla, aunque quedara ridículo, mis ganas de conocerla eran más impulsivas.

Para que se den una idea, yo era un alumno como quien diría “modelo”, nunca me llevé una unidad o materia a diciembre, tocaba la guitarra con mi amigo Gonzalo (hoy penitenciario) y con el Pipi Araujo (hoy jugador de Lanús). Éramos chicos normales, y a la vez populares.

Una tarde de noviembre, mientras todos jugaban a mojarse con botellas y bombitas (la típica chaya de fin de año) yo componía versos para ella, y fue ahí cuando me tiré literalmente a la pileta, y le declaré mi amor y mis intenciones. Marina no lo dudó, y fue allí cuando entrelazamos nuestras vidas, sellando esa unión con un magnífico e inolvidable beso.

Ya para el año 1999, y llevando más de un año de novios, terminamos el secundario en la escuela 4/074 Florencio Molina Campos, cita en el Barrio Ujemvi de Las Heras. Finalizaba una etapa y comenzaba otra, con la diferencia que esta vez acompañado por la mujer más maravillosa del planeta, cupido sin dudas, había flechado nuestros corazones. Un ciclo nuevo y un salto al mundo de las responsabilidades se avecinaban.

Decidimos casarnos e irnos a vivir juntos, yo trabajaba y estudiaba en el IUSP, mi carrera policial comenzaba a encaminarse, ella resultó ser una magnífica compañera. Fue así como llegó mi primera hija. Brisa. Disfrutamos el embarazo, el nacimiento y sus primeros pasos, la vida, sin duda alguna me había bendecido con una familia propia. Pasado el tiempo conocimos muchos lugares, desde las Ballenas en el sur, hasta el tren a las nubes en el norte, pasamos épocas buenas, malas, tristes pero siempre juntos.

Con el pasar de los años llegaron mis otros hijos, Florencia, Celeste, Jeremías y Santiago. Nos mudamos a una casa más grande y la vida seguía con más bendiciones: Trabajo, salud y amor.

Llegó la época de las redes sociales y juntos nos fuimos acostumbrando a los cambios repentinos, más gente se unió a nuestras vidas y conocimos muchos amigos nuevos, volví a contactarme con gente que hacía años no veía.

Ahí comenzaron los problemas, mucha maldad encubierta en trajes de amistad, muchas malas personas sin códigos, y de a poco y sin darnos cuenta esa familia que era modelo, se fue desmoronando, amigos no tan amigos, comenzaron las desconfianzas y de una manera u otra los celos fueron primeros actores en nuestras vidas. Éramos maduros, pero a la vez inexpertos en estos temas.

Peleas, peleas y más peleas, llevaron a la relación con mi mujer a tomarnos un tiempo, una separación momentánea y a corto plazo, y fue ahí donde perdí terreno, ya no era la chica amable y dedicada, fogosa en la cama y carismática, yo no era el marido dedicado, seguro y confidente. De vuelta decidimos darnos una oportunidad de rehacer el matrimonio, otra oportunidad de ser felices, sin saber que otro hombre había entrado en nuestras vidas.

Son oportunistas, carroñeros, mujeriegos, engañadores, inteligentes y por sobre todo, gente sin códigos, lamentablemente aprovechando una mala situación matrimonial, ella cayó en sus promesas, y ahí murió mi matrimonio. Es una sensación indescriptible, te sentís la peor persona del mundo, lo primero que pensás es ¿en qué te equivocaste? ¿Tiene remedio? ¿Podré recuperar mi vida? ¿Es mejor que yo? preguntas sin sentido, ya que la única forma de despertar de esa pesadilla, es que la otra persona se dé cuenta de lo que pierde.

Me fui a mi mamá, volví a estar solo sentimentalmente, ya no tenía esas ganas de regalar manzanas y perdí fe en el amor, solo mis hijos eran la columna vertebral de mi vida, mi amor de secundaria, con la cual aprendí a ser papá, adulto y responsable de otras personas, me había dejado.

Traté por todos los medios de recuperarla, hasta conseguí el número de ese hijo de puta y me rebajé a insultarlo, lo busqué no una, sino mil veces en su trabajo, su casa y hasta me mezclé entre sus amistades, imaginar que sus manos tocaban a mi mujer era la muerte, noches enteras llorando e implorando que ella volviera a mí, no fui yo quien descuidó el matrimonio, tenía que hacer algo, pero las cosas no me salieron, me resigné a tanta lucha al pedo, su corazón había sido engañado por un manipulador, que solo jugaría con ella.

Me di cuenta de muchas cosas, vivimos en un mundo sin escrúpulos, la gente hace que así lo sea, a veces miro al cielo y le pregunto a nuestro padre celestial que le de paz a mis días y tranquilidad a mi corazón herido de muerte, pero que aún sigue latiendo, no está muerto, pero con menos intensidad. Sentado en mi pc escribiendo esta historia, imagino se abra la puerta de mi habitación, verla entrar y que me de ese abrazo que tanto necesito, que me diga que es feliz, porque la amo tanto que me resignaría a eso, estaré loco, no lo sé, solo el tiempo sabrá afirmarlo.

Hoy en día desperté, conocí a una mujer, capaz de calmar ese vacío en mi alma, ella escucha el llanto de mi corazón, ella es de las mujeres que se preocupa por su apariencia, no es necesario que se maquille y todas esas cosas, aunque igual influye, si le gusta lo hace sino no. Pero es súper femenina, es más que nada su actitud, gestos, palabras y hasta su forma de mirar las que me cautivaron.

Creo que después de todo merezco otra oportunidad de ser feliz, quizás Dios escuchó mis plegarias, fueron muchas coincidencias el conocernos, ambos pasamos por situaciones similares, nos conocimos en el momento justo, dejaré que el destino actúe, quien sabe, a lo mejor esta mujer, sea con la cual soñé compartir el resto de mi vida, Dios es sabio, mi existencia se debe a su amor, su cariño y su sabiduría, y de a poco mi felicidad va despertando, instalándose en cada rincón de mi corazón.