El Mendolotudo o “la epidemia de la estupidez”

Pocas pandemias han sido tan vastas y abarcado tanta superficie del globo como lo es la estupidez. Durante siglos, se buscó combatir dicha enfermedad, o como mucho, disimularla para que, habiendo tantos estúpidos, no quedara nadie para recordarles a los estúpidos su mal. Hoy en día, gracias a los avances tecnológicos, esta enfermedad puede propagarse mucho más fácilmente, por lo que es importante conocer su sintomatología y estadística de propagación, también llamada epidemiología.

Todos hemos conocido a una persona estúpida en algún momento de nuestra vida. Algún compañero de primaria (o varios) seguramente padecía de este mal, probablemente nuestro jefe también lo padezca, y es categóricamente seguro que el gobernante de turno también presente síntomas evidentes. El paciente con estupidez raras veces se percata de su mal, y lo que es peor, suele creer que los individuos no infectados de su alrededor son los que lo padecen. Usualmente, la tasa de infección es tan alta que aquellos que lo rodean, infectados de inmediato por él, comienzan a manifiestan síntomas tempranos de la misma dolencia.

La estupidez suele comenzar a manifestarse en la pubertad. En esta primera etapa, el paciente con estupidez empieza a mostrar síntomas, pero es incierto si la estupidez se extenderá para hacerse crónica o si completará el ciclo de la enfermedad y eventualmente desaparecerá. En la mayoría de los pacientes, este último caso es extremadamente raro y el individuo suele padecer el síndrome durante el resto de su vida, puesto que es incurable. Algunos especialistas afirmaron haberla curado del todo, pero resultó ser todo una pantomima de gente que aparentaba haberse sanado, cuando en realidad experimentaba los síntomas en su más arduo rigor.

Por último, sería conveniente describir el cuadro clínico, es decir, la sintomatología de este mal. La estupidez se caracteriza por ser insidiosa, y sus síntomas se manifiestan de manera variada de acuerdo al estatus social y capacidad intelectual de cada uno. En los casos más severos, el individuo incurre en actos netamente estúpidos y contraproducentes como mirar Intrusos o insultar a Revo Lucho Mario. Otros leen cosas de escaso o nulo contenido por el solo hecho de que es divertido. En otros casos, la infección es más controlada y el paciente se convierte en portador, infectando pero no padeciendo el síndrome (se sospecha que varios columnistas de esta respetada revista virtual estarían en dicha fase, mientras que otros padecerían la enfermedad en toda su extensión).

Si usted conoce a alguna persona que no padezca de este síndrome, proceda de inmediato y contágiela lo más rápido que pueda. No sea que empiece a darse cuenta de que padece usted de la enfermedad, se arme un perfil con un nombre ficticio y empiece a comentar criticando la falta de contenido de los artículos de los demás.

Resumen: acá hay gente con cabeza. ¿Es necesario desperdiciar su ya dudoso talento escribiendo cosas obvias sobre la vida diaria? Era novedoso y pegó fuerte para los comediantes de monólogo de los años noventa, pero… ¿ahora? Estaría bueno meter algún argumento interesante en medio de tanta pelot… cosa bizarra. Séh, la crítica constructiva es para que me publicaran el soliloquio… yo no la quería poner.

Escrito por Revo Lucho Mario para la sección: