Si me dejaras quererte, la espera eterna

Recuerdo que fue un viernes de esos que van marcando el inicio del invierno, los primeros fríos fuertes, las primeras lluvias tristes. Yo me encontraba en el café “Isaac Estrella” lugar que era como la guarida a mis malos momentos y el de mis colegas también, frente a mi yacía una taza de café vacía al igual que la silla donde hasta hace un rato había estado ella con su pelo largo, negro, siempre al viento… esos perfumes que son hechizos para los débiles como yo, que me entraba por la nariz y me hacía temblar el corazón y su mirada que siempre hablaba por ella, era la mujer que amaba, a la que había amado y ahora estaba perdiendo.

La puerta del café se abrió con su clásico rechinar de madera vieja, la campanita sobre la misma anunciaba que alguien había entrado al recinto, no me di cuenta quien era, puesto que solo podía mirar un punto fijo en la mesa, tenía, digamos, lo que algunos llaman “la mirada perdida”. Sentí unos pasos y una figura masculina se detuvo a mi lado, era mi amigo Milo, colega y compañero de aventuras en épocas pasadas. Siempre paciente y educado se acercó y me dijo:

–  Hola Gurkha, ¿cómo estás?

– Hola amigo, acá me ves…tomando un café, tragando amarguras (le dije casi sin levantar la vista)

– Veo que estabas acompañado, aún se siente un exquisito perfume en el aire y vos no fumas cigarrillos convertibles, pero también note el labial en la taza frente a vos.

– Siempre tan observador, viejo amigo, pero tienes razón no estaba solo y supongo que también sabes quién estaba en este lugar, doy por asumido que sabes el motivo y me juego un pleno que sabes porque estoy solo. (Milo había sido quien nos presentara tiempo atrás a ella y a mí)

– Supongo que sí, pero vamos contame… ¿acaso ya no podes arreglarlo? (dijo preocupado)

– No lo sé, a veces pareciera que hablamos idiomas diferentes, siento que no me entiende lo que pido o lo que trato de explicarle, lo que podemos ser… (Recién en ese momento lo mire a los ojos)

– Contame, vamos, sacate todo eso que tienes adentro…acá hay un oído amigo para escucharte, pero antes dejame que pido dos ginebras para soltar los músculos (Milo miró a la barra y llamo al Tulio)

– Mirá Milo, trate de explicarle que no hay nada que yo pueda prometerle que no haya escuchado, que se han hecho tantas promesas de amor, como corazones murieron esperando que una sola se cumpliera, pero que si me deja quererla, quizás podamos marcar una diferencia, crear algún tipo de magia que nadie pueda explicar, podemos escribir nuestra propia historia y en nuestro propio momento y hasta quizás, ser una fuente de esperanza para todo el que nos vea, hablo de ser felices, de ser valientes en busca de una felicidad. Trate de explicarle que yo prefiero morirme en el intento de seguir amándola lleno de sentimientos a que terminemos condenados en los brazos equivocados por cobardes, por precavidos o lo que es peor aún, terminar solos en la vida y sé que hay muchos que dicen que se puede vivir tranquilamente sin un amor, pues yo prefiero no creerles y buscar la forma en que esto funcione… que este todo inventado no significa que todo haya sido descubierto. (Dije en forma de afirmación)

– Eso es cierto estimado, continua por favor (y tomó un trago de ginebra)

– Yo soy de esos locos que ven el amor como una medicina, para mí amarse es sinónimo de salvarse, sin llegar al extremo de lo literal. Le dije que si me deja quererla seremos eternos y aprenderemos a hacer eternos los buenos momentos y efímeros los malos…

–  Supongo que no te creyó (dijo Milo en un tono un tanto burlón)

– Estás en lo correcto, ella está marcada por un pasado de relaciones truncas donde yo no existía pero termino siendo la única víctima de su resguardo y de su escudo de frialdad y cobardía que ha creado como mecanismo de defensa, la entiendo, lo comprendo, más no lo acepto y no se vencer esa barrera (mi voz empezaba a denotar desconsuelo nuevamente)

–  Es comprensible de ambos lados, ahora, dándote un apoyo a tu argumento, yo creo que no hay nada mejor que hacer con el corazón que jugarlo en un amor…sino termina siendo solo un músculo del cuerpo que bombea sangre pero no significa que de vida (sabias palabras de Milo)

– Ya no sé qué hacer viejo amigo, me mata esta incertidumbre, su indiferencia, su extrema precaución al besarme…por eso decidí reunirme con ella hoy y me vi obligado a ponerla en la situación de elegir si lo intentamos de verdad o lo suicidamos de arrebato…pero así no puedo más. (Me rendí en un fondo blanco con mi trago)

– Y asumo que ella se fue a pensar la respuesta que va a darte…y este tiempo de espera te está matando al igual que la incertidumbre…

– Así es… ahora, basado en esto que te he contado y asumiendo que nos conoces a los dos y nuestros pasados… ¿puedo preguntarte algo? (dije buscando un consuelo)

– Sé que me vas a preguntar Gurkha querido y sabes que no tengo la respuesta, pero adelante…no hay forma de esquivar esta pregunta.

–  ¿Volverá?…