Solo para tus ojos, un reencuentro ardiente y sensual

Se hacía de noche y las luces del atardecer comenzaban a flaquear, la ruta parecía adormecida en el calor del verano, un cuadro de desolación, que a la vez contenía cierta fascinación, al menos eso me producía contemplar esos paisajes desérticos al costado del camino. Mi viaje me había llevado por lugares o más bien situaciones extenuantes, no podía pensar en otra cosa más que en lo que sabía me esperaba. Trataba de imaginarla a ella pensando en mi llegada, quizás ella ya había tomado una ducha rápida, y había preparado su departamento, su lugar para pasar dos días juntos, solo ella y yo. Nadie que pudiera distraernos de lo que más anhelábamos, compartir ese tiempo que merecíamos, alejados del mundo, solo nosotros compenetrados en nuestro deseo del uno hacia el otro.

Nuestro romance, como todo romance pasajero fue muy intenso, la escalada de emociones sucedió en tan poco tiempo que no era posible comprenderlo, a la vez que teníamos la sensación de haber estado juntos por años… tal fue la intensidad con la que vivimos aquéllos días.

Llegué de noche a su departamento, ella me esperó para cenar juntos, yo aún traía la excitación del viaje, pero a la vez mi cuerpo estaba cansado de tantas horas frente al volante. Verla recibirme en la puerta de su lugar renovó mis energías, en definitiva deseaba ese momento desde hacía días. Con solo saber que íbamos a compartir casi dos días enteros, mis energías se vieron renovadas por la alegría y la emoción de la aventura, era un fin de semanas sin programa, la única constante éramos nosotros.

Cenamos tranquilos contándonos cosas de la semana, ella había trabajado duro en algunas traducciones y yo había desplegado toda mi capacidad comercial para intentar convencer de trabajar con mi empresa a nuevos contactos del Sur. La cena transcurrió tranquila, y la verdad es que yo no podía dejar de mirar su boca, mientras me hablaba y sonreía, su risa particular me causaba mucha alegría. Su boca era sensual, sus labios se sentían muy ricos en mi boca, y al observarla mientras me hablaba no podía evitar una cierta excitación que por momentos me inundaba haciéndome perder el hilo de la conversación. Simplemente imaginaba esos labios sobre mí, su suave contacto con los míos, de repente tenía flashes de memoria de momento vividos días atrás, sus labios en mi pecho, mordisqueándome suavemente gimiendo de placer, en un momento no pude evitar callarla con un beso apasionado. Un beso que ella devolvió con una dulzura y sensualidad que despertó cada célula de mi cuerpo.

Aún no habíamos acabado la cena por lo que con mucho esfuerzo dejamos pasar ese momento para volver a lo que estábamos haciendo y continuamos con una velada que prometía mucho. Como ya era tarde y ambos estábamos cansados, limpiamos los restos de la cena y nos preparamos para ir a dormir.

Al salir de la ducha ella me esperaba en su cama, era una sensación totalmente nueva y divertida, ella compartía su cama, su lugar conmigo y yo compartiría el sueño con ella, objeto de mi deseo desde el momento en que la conocí algunos años antes. Ambos estábamos un poco ansiosos por la situación pero muy felices de poder compartir esas sensaciones. Nos habíamos propuesto dormir pues al día siguiente ella tenía un evento importante y yo tenía trabajo, debíamos madrugar y necesitamos ahorrar un poco de energías para terminar la semana laboral y luego si dedicarnos a nosotros, durante ese breve momento que el destino nos había regalado.

Ella se acostó sobre mi pecho y en ese gesto de dulzura y sensualidad mi cuerpo reaccionó como si sintiera el amor por primera vez, una mezcla de sensaciones muy dispares pero todas positivas. Realmente disfrutaba sentir su cabeza apoyada en mi pecho y acariciar su cabello sintiendo su cálido perfume. Me pidió que le contara alguna historia de mi niñez o juventud pasada, algo que solía pedir con frecuencia, en definitiva nuestro amor había crecido en intensidad en muy poco tiempo pero no conocíamos en detalle cosas de nuestros pasados.

Me tomó un par de minutos pensar en algo divertido o interesante que contar y empecé mi relato, ella me hacía algunas preguntas entre dormida y despierta y yo me esforzaba por responder lo más fiel posible a mis recuerdos. Así pasamos varios minutos compartiendo un momento de una intimidad muy profunda.

Luego de terminar mi relato me dio un beso de buenas noches, fue un beso cómplice, un beso apasionado que prometía más que una despedida, ella no pudo ocultar un ligero gemido de placer al sentir la profundidad de mi beso y la excitación contenida hasta ese momento no tuvo más remedio que manifestarse. Mis manos que la rodeaban se deslizaron por su espalda, desde su cuello hasta la parte baja de su espalda, rozando su ropa interior. A medida que mis caricias y mis besos se intensificaban sus gemidos crecían en intensidad y me invitaban a continuar con mis caricias. Sus labios no podían despegarse de mi boca, ¡y en ese momento todo era una fiesta para mis sentidos!

Una de mis manos bajo por su ropa interior deslizándose entre sus curvas, ella arqueó su espalda haciendo que sus glúteos se elevaran, invitando a mis manos a sentirlos, bien firmes. Mis manos, al acariciar buscaban un punto de mayor placer y ella con suaves movimientos cada vez más rítmicos, me ayudaba a llegar a ese punto que tanto anhelaba, mis dedos rápidamente se mojaron con su humedad y mi excitación casi tenía limites, mordía sus labios y ella gemía mojándose cada vez más, era una invitación abierta a liberar toda la lujuria contenida desde hacía días.

Ella comenzó a besarme el cuello, el contacto de sus labios en mi cuello, y su lengua en mi piel despertaban en mí una sensación de seguridad y virilidad que nunca antes había experimentado, sus rulos oscuros dibujaban en mi pecho una danza amorosa que enceguecía mis sentidos, su boca fue bajando por mi pecho, cuando llegó a mi abdomen siguiendo un camino certero hacia mi perdición, levantó su mirada. Una mirada poseída por la excitación y toda la sensualidad de la que era capaz y entre un gemido y una súplica me preguntó: puedo?

Súbitamente adiviné sus intenciones y más que una respuesta emití un gruñido de placer indicando que podía continuar, es más casi exigía que siguiera su camino hacia lo que iba a ser una de las sensaciones más placenteras que he experimentado en mi vida. Bajando mis bóxers, primero acarició mi miembro para terminar de despertar toda mi virilidad y luego en un gesto de completa lujuria lo llevo a su boca, no pude evitar lanzar un gruñido de placer.

Su boca, sus labios, su lengua, todo se movía al ritmo de mi cuerpo, por un momento me fui de este mundo delirando de placer, sus cabellos revueltos completaban una imagen de pasión muy difícil de controlar en mi mente.

Esto continuó por uno o dos minutos hasta que no pude contener mis ganas de penetrarla,  por lo que la tome delicadamente por sus brazos pero con firmeza y la atraje hacia mí, besándola nuevamente con toda la pasión que podía expresar en ese momento, baje mi boca por su cuello, hasta encontrar una pequeña porción de su piel que me hizo enloquecer, su perfume me invadía los sentidos, fui bajando hasta sentir con mi lengua la dureza de sus pezones que anhelaban tanto como yo ese contacto. Decir que mi boca encontró placer al tener sus pechos en mis labios es poco, todo mi cuerpo respondía a la excitación del suyo y en ese momento teníamos una fusión que iba más allá de lo corporal, nuestras mentes vibraban en una misma frecuencia.

Cambié de posición siguiendo mis impulsos, poseído poniéndola boca abajo en la cama mientras yo tenía a mi merced su espalda, le bese el cuello desde atrás, sintiendo el perfume de su cabello y fui bajando hasta llegar a su ropa interior. Sin quitársela aún, corrí hacia un costado su prenda en  la parte más íntima para dejar paso a mi boca que deseaba de una manera desenfrenada sentir su sexo. Mis labios y mi lengua bajaron por sus glúteos hasta llegar a la dulce humedad que me enloquecía, ella arqueaba su espalda para ayudarme a llegar a una mayor profundidad con mis besos y mi lengua; primero suave y luego con mayor desenfreno fui saciando mis ganas de devorarla por completo, tenía un hambre voraz de ella, de todo su ser…. En el momento de mayor excitación cuándo ya no podíamos de tanto placer me tiré sobre  la cama y ella se acomodó sobre mí para que pudiera penetrarla. Ya no podíamos evitar el desenfreno por lo que la penetré con fuerza y ella no pudo evitar soltar un gemido de placer, con cada embestida ella intentaba acallar sus gemidos mordiéndose los labios y poniendo una mano sobre su boca, aunque casi era en vano dado que el gemido contenido se hacía escuchar.

Ella comenzó a embestir con ritmo mis caderas, mi miembro, mi cuerpo. Nos trabamos en una guerra de puro placer, nuestros cuerpos encontraron rápidamente el ritmo del otro y no podíamos más que sentirnos en la cúspide del éxtasis. Entre gemidos me susurraba cosas al oído, ¡mi vida!… yo le respondía, preso de un fuego abrasador ¡me volvés loco hermosa…! Que visión y que mezcla de sensaciones poderosas que puede generar el acto sexual.

Estuvimos varios minutos disfrutando de esa unión por momentos salvaje pero con una armonía total entre nuestros cuerpos, sus gemidos iban en aumento y no podía evitar sentir como se mojaba cada vez más dejando mi miembro totalmente lubricado, logrando en cada embestida que la sensación de placer al penetrarla fuera única.

En la cúspide….en el climax me largo un: ¡hijo de puta no podes hacerme sentir así….mi vida! …entre gemidos que me llevaban a mi propio clímax, su cuerpo comenzó a vibrar, pude sentir su frenesí próximo al orgasmo, su cuerpo comenzó a temblar preso de un orgasmo poderoso y largo.

Yo continué, aprovechando ese impulso sobrecogedor de sentirla a ella llegar al orgasmo, comencé a acelerar el ritmo, la sensación de sentirme dentro suyo me abrumó por completo y me llevó al orgasmo, un orgasmo liberador con un gemido continuado, con la respiración entrecortada, con un gruñido de placer que nacía desde mi garganta, con una liberación que nacía en mi mente y se extendía por todo mi cuerpo. Nuestros cuerpos vibraban al unísono, nuestra respiración entrecortada fue calmándose, ella sobre mi pecho, mis manos en su espalda en un abrazo compañero, tranquilizador, fuimos volviendo a la calma, aunque nuestras mentes, luego de tal torbellino difícilmente pueda volver a la calma.

Han pasado varios meses desde ese momento, en principio escribí este relato para inmortalizar uno de los recuerdos más importantes de mi vida. Lo escribí  pensando en ella y solo para ella aunque no supo valorarlo, aun así esta es su esencia…. este relato fue escrito solo para tus ojos, donde sea que estés.

Escrito por GG para la sección: