Cortita y al pie de Mía: estoy hecha una cerda

Creo que hay dos frases que hacen que la desesperación se apodere de cualquier mujer. La primera acontece cuando alguien muy cercano, llega un día y te larga un “Me caso”. El nivel de ansiedad es directamente proporcional a la cercanía de la fecha que el/la hija/o de puta puso para la fecha del casorio. Sabes que estas hecha una cerda asquerosa para cualquier vestido. Y aunque no lo estés, vos te sentís así porque sos mina y nunca es demasiado sentirse gorda y fea. Así de infelices somos.

La otra frase nos agarra desprevenidos como Homero, ya que estuvimos todo el invierno diciéndole al gimnasio: “Voy al rato” y cuando te sorprende el 21 de septiembre con un “Feliz Primavera”, se te cae encima la realidad: lo único que tenés delgado es el intestino y el ejercicio que hiciste en level experto fue mover la cuchara para lastrarte la vida echándole la culpa al puto del invierno.

Entonces queremos hacer en un mes lo que no hicimos en todo el año: preparar 5 exámenes finales, tener el culo tonificado y una cinturita como la  Cirio que lleva como tres vidas de las siete que tiene, haciendo estocadas y sentadillas.

Señor empresario, este es el momento ideal para invertir en una dietética o centro de estética. Si no hay mucho capital, puede dedicarse a vender esos productos pija de Herbalife. Las gordas en la ceguera por la figura perfecta inmediata, se lo compraremos.

Las carnes caídas empezaran a emigrar a cualquier polideportivo, parque al aire libre o plaza de barrio a caminar, correr o hacer elíptico como poseídas, como si la vida dependiera de ello y el apocalipsis no tarda en llegar.

El cambio de mentalidad será sólo una falacia ya que el sujeto en cuestión sólo estará pensando en el Mantecol que se lastrará en Navidad, mientras le entra a la caminata por el Parque Central con los puños apretados y para adelante, seguro de la victoria que se alcanzará.

Y así, en un círculo vicioso que se repite, año tras año, concluyendo tipo 23 de diciembre, después del décimo sanguche de miga, cuando ya nos ponemos a pensar en la enteriza que disimulará mejor la panza y prometiendo que el año nuevo nos encontrará con una nueva oportunidad para obtener un cuerpo esbelto. Obvio que después de comer la rosca de Pascuas.