Un jardín celestial, los peques siguen sonriendo

Querida mamita, el otro día, apenas llegué al campamento me sentí muy contento, habían solo niños de muchos lugares hasta del otro lado del mar. Conocí a unos chicos muy buenos que eran de Palestina, Israel, Alemania, África y ¡hasta de Japón! La abuela me vigila a cada instante, hacemos juegos, como jugar a la pelota, a la mancha y a la escondida, a mí me gusta porque me escondo detrás de una cosa que no sé qué es, pero está hecha de un humo blanco como si fuera un colchón de esponjas, ¿viste como ese que me compraste para mi cumple? bueno así.

Quería decirte que te extraño mucho, te agradezco a cada rato por haberme pagado este campamento, me dijo un señor que tiene una barba laaaarga y blanca que vos me ibas a venir a buscar dentro de un tiempo, ¡es re copado el señor este ma! Me dijo también que me re conocía desde el momento en que estuve en tu pancita, y que también conoce a mi pa, a la abu, a la tía ¡y hasta mis compañeritos del colegio! ¡Es re capo!

Esta carta la escribo a mano porque extrañamente no hay compus acá, no hay autos, aviones y tampoco tele ni play, pero cuando llegue a casa voy a salir campeón con el Real Madrid en el pro evolutions soccer 2014. Le voy a ganar al Andrecito y al Enzo, que siempre me ganan porque son más grandes, son re vivos.

Bueno te cuento que en este campamento no hay camas. Dormimos en un lugar que el señor encargado de nosotros le llama “El castillo mágico” y si…está re manso ma porque las camas son como un algodón gigante. En ese momento la abuela me saluda y desaparece al lugar de los grandes. Nunca tengo hambre, pero la comida de acá es muy rica, te dan nueces, uvas, melones, naranjas ¡y hasta cocos! nunca comí cocos, y una cosa que todavía no pruebo que el señor le llama “MANA”.

Mami ¿te acordás cuando me operaron de la hernia? ¡ya ni me duele eso, ni tampoco me duele nada, es raro porque ni la cicatriz me quedó! ¡Me veo re manso!

Ayer en la tarde me llamaron desde una escalera re alta y un chico más grande que yo me acompañó hasta arriba (me re dio risa porque lo habían disfrazado de angelito) ¿y a que no sabés qué? me mostraron una cámara oculta de la casa y te vi llorando, mirando las fotos mías, no me gusta que estés triste ma, si ya vamos a estar juntos. Vi a mucha gente que te abrazaba y te consolaba, ¡amigos que ni conozco maaa! Bueno al Maxi si… pero igual me pongo celoso ¿eh?

Me voy despidiendo, acá los chicos palestinos hablan como yo, y me están invitando a jugar a la mancha, y yo soy re rápido, tenía razón la tía cuando decía que yo era como Messi, no me pueden pillar. Solo quiero que sepas que te amo mucho, gracias porque sos la mejor mamá del mundo y la más bonita, te encargo la bici que quedó tirada en la calle, no vaya a ser cosa que me la roben, sabiendo que trabajaste muchas horas para comprarla ( no me digas que fueron los reyes porque ya sé que son los padres )

Espero que el señor diga la verdad y que dentro de poco me vengas a buscar, estoy re feliz ma acá, y de paso te muestro muchos trucos que aprendí, aunque no lo creas ¡puedo volar! nos pusieron unas alitas así como palomas blancas y nunca se le gastan las pilas, ¡están re mansas!

¡Ahhh! me olvidaba (te lo cuento en voz baja ma) ¿Te acordás el nene de la vuelta de la casa (Nico) que se había ido con Diosito? ¡está acáaa! ¡Tu vecina les mintió a todos y está vivo!

Te mando un millón de besos, cinco mil quinientos abrazos y no estés triste, yo estoy re joya mamita de mi vida. Te amo mucho mucho hasta el cielo.

Benjamín.

Nota: Este simple homenaje, va dedicado a la memoria de un angelito que vive en el jardín celestial junto a otros niños que componen la miríada de ángeles de nuestro ser Supremo y creador Dios, Benjamín Monje y su abuela Sandra Fernández. A mi súper amiga del alma, Gabriela Monje, por ser un ejemplo de muchas mujeres que han perdido algo de si, algo de sus vidas y que le ponen todas las fuerzas para seguir adelante.

“Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, por los siglos de los siglos… amén”