El día que River salió campeón

-Pibe, ¿Sabes cómo salió River hoy? Jugaba contra Ñuls…

-Non…

-…Pedernera, Lousteau y me faltan tres. Pedernera, Lousteau y Labruna… ¿te sabes los otros pibe? Naa, que vas a saber vos si los pibes nuevos ni se preocupan en saber que mierda fue la Maquina de River. Vení pibe, sentate en esa silla que te enseño un poco de historia mientras te bajas la cerveza.

Yo nací por allá, ¿ves eso que no se ve del otro lado del agua? Bueno, yo nací ahí, en esos terrenos inhóspitos de los barrios guapos del Gran Buenos Aires. Allá se respira el futbol pibe, y eso a mi me canso. Me pasaba todo el domingo con mi viejo que me obligaba a sentarme pegados al televisor para ver los partidos de River, discutiendo todo el dia que tan moralmente correcto era engancharse del cable del vecino:

-El negro Gutierrez es un pelotudo, pero un tremendo PE LO TU DO -enfatizaba mi viejo- no te preocupes. Este ni ve futbol, seguro que es puto. Vos sentate que ahí empieza el segundo tiempo.

Yo detestaba los partidos de futbol pibe, los odiaba con mi corazón. Pero si había algo peor era cuando River salía campeón. Salía a la calle a la rastra de mi viejo que me llevaba y tenia que fingir simpatía ante los cientos de mogólicos que agitaban trapos rojos y blancos, incitando y hasta amenazando a los conductores a que levantaran su bocina. Empinando largos botellones de cervezas calientes que compartían como un botín de presa entre los jefes de este cardumen de negros catimba. Buscando un escape, siempre me cruzaba al bar de La Perla pero tampoco tenia descanso ahí, de vuelta los enajenados gritando y escupiendo mientras cantaban a voz de cuello las marchas del River Campeón. Me aburrí del Chicho y sus amigos solo se juntaban los lunes a dialogar lo mal que el arbitro había cobrado ese off side, de que River no había sido consistente, como si se tratara de algún problema en el que el Estado tenia que tomar cartas en el asunto. ¡Hasta la carmencita pibe! La carmencita hablaba todo el día del partido… con esos ojazos verdes que tenia ella, la mas linda de todas, ella también había sido poseída por esta mierda del futbol… Estar tan desubicado me hacia sentir un traidor a lo que yo sentía, sentía que me estaba traicionando a mi mismo pibe, asique me empecé a hacer la idea de irme a la mierda.

Me cruce con el vecino, el negro Gutierrez y en pocos minutos me dijo que este país no tenia arreglo, que ya estaba todo perdido para gente como nosotros, pero que el se iba a ir a un paisito de Europa, a cualquier lado donde a nadie le importe un carajo sobre el futbol.

Junte plata, mucha plata trabajando de mozo, en los puertos, de electricista, cada pesito que me metía al yobolsi sentía mayor felicidad porque sabia que estaba cerca de irme al lugar de donde pertenecía, lejos de esta caterba de desilustrados de mierda. La última semana apenas comía y deje de fumar, para ahorrar plata más rápido. Carmencita me invito a tomar algo, y le dije que no podía, que estaba ahorrando. Se me cago de risa en la cara y me dijo que pagaba ella. Esa noche se me declaro, pero le tuve que decir que me iba. Lo entendió y se rio de nuevo, con esos dientes hermosos y esos ojos que brillaban mas que nada en este mundo. Un lunes muy muy frio me fui de acá. Mi viejo me acompaño a la terminal y me dio uno de esos consejos para toda la vida que ya me olvide.

Apenas llegue, empecé  escribirle a mi Carmencita, para ilusionarla con emociones de un mundo mejor y en parte para hacerme el hombre de mundo. Me siguió el jueguito un mes, dos, después de un tiempo dejo de contestar directamente y yo de a poco me volví un viejo solo y triste. Tuve muchos laburos, pero nada del otro mundo, apenas me alcanzo para comprarme una Leika instantánea y salir a conocer un poco, pero todo era básicamente un embole pibe. Un día, harto ya de tanta soledad, resolví hacer lo que hace cualquier hombre digno para afrontar la soledad: me compre un televisor. Me subí al techo, me las ingenie para pelar un poquito el cable del vecino y me enganche para ver el partido de esa noche, era River-America de Cali, yo estaba como loco.

Bueh, ganamos 2 a 0 y toda la bola. ¡No sabes los saltitos que pegaba solo en el departamento frente al televisor! me empecé a sentir un poco ridículo, asique me decidí a enfrentar la calle donde los gorilones estarían a los gritos festejando y rompiendo vidrieras ajenas. Nada che, ¿podes creer? Ni una sola alma viejo, ¡que desilusión! Pero yo soy un hombre bravo pibe, no me voy a dar por vencido tan fácilmente. Me fui hasta el bar de La Perle a ver si alguno festejaba pero tampoco che, estaba viendo un partido de ajedrez un par de viejas y nada más. Finalmente, resolví volver a mi casa. Con lágrimas en los ojos, le escribí a Chicho y a sus amigos uno por uno toda la noche, preguntándole como había visto a River y si cree que este pibe Cresto o Crespo debía seguir siendo titular. Nunca me respondieron. Bah, Chicho si, pero supongo que fue su hija, diciéndome que no vivía mas ahí y que no haga bromas de mal gusto.

Estar tan solo me hacia sentir un traidor a lo que yo sentía, sentía que me estaba traicionando a mi mismo pibe, asique me empecé a hacer la idea de irme a la mierda. Pero no podía pibe, ya no puedo. Estoy viejo, y cuando nos ponemos viejos nos ponemos también cagones.

Gracias por escucharme pibe, de vez en cuando hace falta hablar con alguien que te entienda porque sino uno puede explot-

-¿Lousteau?

-Si, si Lousteau pibe ¿Qué estas en la luna?

Excuse moi, je ne parle espagnol.

-No se te entiende nada pibe, deja quedate que ahí busco otra birra.