El caso Nisman y nuestra falta de humanidad

Siempre, y por lo general, me abstuve de hablar y escribir cosas sobre política y alrededores, con el fin de evitar discusiones. Pero creo que debido a eventos recientes, me puedo tomar una excepción para escribir algo con un tono más serio.

Sé que cuando entran a leer al Mendolotudo buscan reírse y deleitarse con nuestros disparates. Aunque de vez en cuando, cuando la razón lo pide, nos damos el lugar de escribir cosas un poco más formales. Y les digo, que esta, realmente merece ser leída.

Antes aclaro, que sabiendo algo de política, nunca me cayó bien ningún partido político actual.

Principalmente, porque creo que entre la heterogeneidad de una agrupación te podes encontrar a gente muy buena y laboriosa, como a terribles hijos de puta. Y ante esa disparidad en calidad de personas, prefiero no meterme.

Creo que ese rasgo de entender algo del tema, pero no pertenecer a ningún partido ni ideología me dejo ver todo el revuelo del caso Nisman desde un lugar privilegiado.

Básicamente, y usando un ejemplo vago pero certero, fue como ver un superclásico sin ser ni de Boca ni de River. Como no le hago hinchada a ninguno puedo ver los aspectos futbolísticos del partido sin querer exagerar estúpidamente cuando un equipo hace una falta, cuando hay un offside o cuando hay encontronazos.

¿Entienden? Se puede sacar una conclusión más humana y realista, sino se elige obligadamente un punto de vista para verla.

Y justamente hoy, desde mi lugar de “privilegiado”, les quiero hablar de lo que siento por el caso Nisman. No por el caso en sí, sino por cómo se manejo socialmente. Y algo que desde mi lugar de simpatizante sin camiseta pude notar, y fue devastador.

Yo no voy a hablar de quien fue el culpable. Como argentino, tengo bien sabido, que en este tipo de cosas nunca van a salir las respuestas a la luz.

Tampoco voy a hablarles de teorías conspirativas, ni de cómo estaba involucrado esta persona o la otra.

Y para que vean mi imparcialidad, no voy a dar ningún nombre. Porque no los necesito. No necesito dar el nombre de alguien, porque el problema que les quiero relatar no fue de los personajes principales, fue de los personajes secundarios.

Fue un problema mío, tuyo y de cualquier persona que en su momento se hubiera enterado y dado opinión.

Vamos desde el principio.

El tipo se muere, presunto suicidio.

Esa semana fue un baile mediático impresionante. Marchas, gritos, acusaciones, defensas, temas inconclusos y por sobre todo mucha, mucha bronca e incertidumbre.

Me sorprendió de mala manera, ver a muy poca gente conocida (y con muy poca me refiero a contable con los dedos de una sola mano) que haya demostrado un mensaje genuino de respeto hacia la persona que falleció. Creo que en las redes sociales no vi una sola imagen que dijera “Nisman QEPD” sin estar acompañada de un logo político o antipolitico, o frase por el estilo.

Pasado en limpio, todo el mundo opinaba los porque, los cómo, los quienes, pero nadie veía lo que ya era fatídico. Teníamos un fiscal reconocido, muerto. Podríamos haber mostrado una empatía alrededor de la indignación. Podríamos haber demostrado que a pesar de el enojo que nos causaba vivir estas cosas, teníamos la consideración para con el difunto.

Bueno, lo vi muy poco eso. Lo pude haber visto varias veces enganchado a una opinión en la que se apuntaba la culpa a alguien. Pero eso no es rendir homenaje, es simplemente mostrarte como empático para devolver con una incriminación fuerte. Y desde mi opinión, más allá de los anonadados que nos tenía la situación, no era lo que se tenía que hacer.

El tema de las acusaciones siguió un par de semanas y me di cuenta que Nisman, desde el momento en que falleció, no pudo caer muerto porque tenía que ser el estandarte de un grupo u otro para defender una ideología. O caso contrario, el blanco a atacar para defender otra. Tenía que ser el nexo entre una conspiración y otra. Tenía que ser un tipazo o un terrible ser humano. Tenía que ser un erudito o un inútil. Tenía que ser héroe o traidor. Y se lo pasaban como una bolsa de culpa, que nunca iba a caer.

¡Yo soy Nisman! gritaron algunos. ¡Yo no soy Nisman! gritaron otros.

No se… creo que a todos nos gustaría ser un fiscal reconocido, tener subsistencia, una vida cómoda y demás, pero también creo que a nadie le gustaría terminar con un balazo en la sien en una bañadera.

Pero, todos sabemos, que nunca se trato de ser o no ser Nisman ¿verdad?, siempre fue la excusa para exigir, para atacar, para refutar, para demostrar nuestra furia, desagrado o agrado ante la situación, la sociedad y el gobierno. Y quedemos que nadie, en ese momento sabía bien que estaba pasando, ni los que buscaban culpables, ni los que defendían a los supuestos hacedores.

Y así entre un montón de gente que hablaban por hablar, empezó el morbo.

Yo les dije en un par de notas pasadas, que me he dado cuenta que el morbo vende muchísimo en nuestro país. Simplemente piensen en algunos de los programas más vistos en nuestra televisión nacional de los últimos años, tales como Bailando por un sueño, Gran Hermano, programas chimenteros y demás.

Piensen que son vistos casi en su totalidad para ver el susodicho morbo. Es decir, para ver gente peleándose, bardeándose entre ellos, enterarse de que cosa fuera de lugar hizo este o la otra, ver minas denigrándose o vagos actuando como tarados, saber los últimos rumores de gente famosa y demás.

Como dije, morbo. Marca argentina.

Y el Caso Nisman siendo un tema tan hablado en nuestro país tardó poco en contagiarse de esta perturbación.

Empezaron por decir que era homosexual, y escuche mucha discriminación por eso. Debatieron un montón y se hablo bastante de su vida sexual. Pero no por un fin investigativo ni nada, simplemente porque querían hacer del tema algo más jugoso. Algo más interesante.

A partir de eso, escuche personajes cercanos y no tanto, decir juicios terriblemente condenantes por cosas que ni siquiera eran verdad. Como si ser gay fuera algo degradante o ser promiscuo te sacara validez como persona. Una vergüenza.

Entiendo, que alguna de esas “teorías” que se supusieron en su momento, podían tener sentido si se colocaban en contexto, pero fueron hechas con tanta falta de consistencia, que lo único que yo vi al final era un comentario fuerte tirado solo por ser tirado, para desdibujar.

Como ya se veía venir, los medios parecían enfocados en entrar y arrebatarle cada ápice de vida privada al difunto con tal de hacerlo ver como “investigación”. Y como no juzgarlo un poco de paso… si de total, ¡todos somos perfectos!

Entonces escuché y leí sobre la relación complicada con su ex esposa, la que tenía con sus hijas, de cómo iba a al gimnasio, del nombre de su personal trainer, de adonde le gustaba salir de noche, de cómo hace no mucho se había implantado botox en la cara.

Información vital, muchachos.

Hasta hace poco, también vi como subieron fotos de él con un grupo de mujeres “amigas”. En una fiesta, en una playa y otros lugares. El tema fue muy comentado y mediático.

¿Sirvió para algo eso? ¿Avanzamos mucho en el caso por las difusiones de esas fotos muchachos? ¿Empapelar una ciudad entera con afiches mostrando esas fotos sirvió para algo?

Digo, podrían haber sido amigas de la vida, podrían haber sido unas butaqueras, podrían haber sido prostitutas VIP, podrían ser compañeras de la fiscalía, podrían haber sido un montón de cosas. Ahora…

¿Sabemos, el porqué, el cómo y tenemos la autoridad moral para ANDAR ESCRACHANDO A UN DIFUNTO? ¿Nos lleva eso a algún lado eso?

Hubo una certeza, y fue que una de las amigas del fiscal imputada por el caso, fue invitada a participar del Bailando por un Sueño de este año.

En serio, hasta ese punto de aberración llegamos.

Y cuando ya pensamos que no podía empeorar la situación apareció el insulto definitivo hace unos días.

Infiltraron las imágenes del fiscal muerto, en su baño el día que lo encontraron. Como si fuera poco también mandaron fotos del peritaje entero, porque con eso solo no alcanzaba.

Y ya está…

¿Qué puedo decir a esta altura? ¿Que persona normal disfruta viendo semejante cosa? ¿Realmente hacía falta que nos mostraran que estaba muerto con la cabeza volada, como si alguien a esta altura lo hubiera puesto en duda? ¿Realmente el tipo se merecía que todo el mundo lo viera así?

Fue el colmo, para mal.

Hace un par de días, un compañero coloco en el Facebook de nuestro pasquín que por este tipo de situaciones horribles sentía asco de ser argentino.

Yo siento algo de asco por todo esto, no digo que no. Pero lo que más siento es pena.

Pena, porque creo que en el afán de elegir un bando, una posición, una opinión, nos olvidamos que la parte más importante, y las que nos permitió en un principio hacer todo eso, fue la de ser personas. Una calidad que ha todos nosotros nos merece un mínimo respeto.

Da pena, porque cuando aprendemos a respetar a nuestros iguales, el morbo desaparece. Pero la gente no puede entender eso. Consumen el bardo, y generan el morbo con tal de conseguir un poco de favor en lo que dicen.

Da pena, porque en vez de tener una mínima consideración por un hombre fallecido, la gente prefirió salir hablar del tema tirando críticas para todos lados, para defender su impronta, olvidándose de dar la poca consideración que la situación exigía para con esa persona.

Quiero cerrar, diciendo que damos para más que esto, somos una sociedad inteligente. Somos capaces. Pero tenemos una cultura peleadora, opinamos mucho, y en nuestro incesante papel de tener que tener siempre la razón, nos olvidamos que a veces hay que saber tener miramientos con ciertos temas.

No sé quien era Nisman, y lo aclaro. No sé si era un buen tipo, no sé si era un corrupto, no sé si llevaba una causa justa o era puro palabrerío.

Pero quiero creer, que como fiscal, en algún ápice de su persona, había una búsqueda por la justicia, y eso es algo que valoro. Y creo que le merece que una persona como yo le diga que descanse en paz.

No es mucho. Lo poca cortesía que tendría cualquier ser humano correcto con otro.

Pero necesario, porque “no todos somos Nisman” en el sentido en que no estamos en igualdad de condiciones, pero “si somos Nisman” en el sentido de que todos somos personas y merecemos un modesto respeto por eso.

Les repito. Yo no tengo bando, viví todo esto desde afuera, viendo como K’s y Anti K’s se daban con todo por el tema. Pensando cómo puede ser que nos cueste tanto coincidir un poco en por lo menos no insultar la vida ni la privacidad de un tipo muerto sin consistencia ni objetivo.

Otra vez digo, damos para más gente. Solo hace falta saber respetarnos.

Espero con gusto cualquier crítica.

Abrazo grande y hasta la próxima. Si les gusto la nota pueden apretar el botón “Seguir” de más abajo. 

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