Ingresamos a la morgue durante la clase de anatomía.

Se trataba de un hombre de 50 años, obeso y con poco pelo.

Pocas veces me sorprende algo dentro de este gélido recinto, pero la expresión de su rostro era espeluznante, su boca abierta de par en par y sus ojos, me provocaron un escalofrío.

Nos extraño observar aún la rigidez de su cuerpo, pero lo que más nos sorprendió fue no hallar signos de lividez.

El color de sus labios era indicativo de asfixia, de eso no quedaba duda.

– ¿Bueno chicas, que han podido observar?

– el cuerpo presenta signos de violencia, salta a la vista que se ha tratado de un caso de asfixia.

– se equivoca señorita, este hombre falleció ayer de un infarto, solicitó que su cuerpo sea objeto de estudio, pues estudió en esta misma Facultad.

– debe haber algún error, observé usted profesor.

El profesor se detuvo un momento para examinar el cuerpo. Comprobó horrorizado, por el daño en las uñas, que había ofrecido resistencia antes de morir, pero ¿Con quién había luchado?

Se tomo la barbilla como reflexionando, cerró los ojos durante unos segundos y se dirigió hasta la cámara refrigerada donde había estado el cuerpo. Horrorizado se apoyó sobre la mesa de autopsias, dos marcas diminutas en el acero de la cámara, dos pequeños rasguños, como alaridos en la oscuridad, todavía se podía oír los desesperados gritos de un hombre dado por muerto.

Imaginen irse a dormir esta noche y despertar en un lugar helado, no podes hacer más que gritar, pero cada vez que lo haces el escaso oxigeno se agota mas y mas. Intentas calmarte, no es la primera vez que tenes este sueño, tal vez baste con cerrar los ojos y esperar a que acabe la pesadilla, pero no acaba.

 Cada vez te cuesta más respirar y te desesperas, gritas tan fuerte como puedes, pero sabes que nadie te escucha, tus compañeros yacen inertes. Te das cuenta de que nada de esto es un sueño, tratas de escapar de tu ataúd pero no puedes moverte, intentas zafarte pero apenas puedes mover tus brazos.

El aire es cada vez más escaso e intentas forzar la puerta, pero es imposible, rasguñas, golpeas con todas tus fuerzas. La  muerte no tarda en llegar, comienzas a sentir cada vez mas sueño y terminas por renunciar a tu lucha, después de todo, tal vez solo sea una pesadilla y lo mejor sea volver a dormir.

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